La Abuela La Quedó

¡Calma abuelas! ¡Calma! “Que no panda el cúnico”, como decía el Chapulín Colorado. Que el nombre no espante al público predilecto de estas chicas que con sus canciones transmiten larga y feliz vida a las abuelas… y a todos los que se enganchan con la preciosa energía que tienen.

“La Abuela La Quedó” o “La Abuela”, como simplemente le dicen ellas es una banda de cuatro adolescentes que se armó por febrero de este año y que es básicamente el sueño frustrado de muchos que ya les triplicamos la edad.
¿Por qué el nombre? “El nombre surgió porque antes, tres de nosotras íbamos al teatro y nos dieron como una especie de consigna y cuando el profesor dijo ‘la abuela la quedó’ nos miramos con las gurisas y nos dijimos ‘¡qué buen nombre para la banda!’” y aclaran que “a nosotras nos gusta que nos digan ‘la abuela’”. “Además es también música vieja y ese es el significado oficial, como que es música de abuela”.



Una llega al ensayo para esperar a hacer la entrevista y se cuelga cantando o tarareando, moviendo las piernas al compás –o no— y pensando “¡qué lindo tener una banda!”. Claro, a los veteranos nos toca en lo más profundo de nuestra eterna juventud porque muchos de los covers que interpretan son bien “ochentosos”, en inglés en su mayoría y tirando más al rock. Entonces se nos mezcla la nostalgia de aquella música y la admiración de encontrarla en la voz de chiquilinas de 15, 16 y 17 años.

La tarde de un sábado soleado –tan escasos últimamente— encontró a un grupo de padres y a Quinto Día, en el salón de eventos Los Cardos que, entre césped, árboles frutales y exquisitos nísperos, LALQ ensayaba los temas para su próxima presentación.
El ensayo se demoró un poco entre risas y organización, pero cuando arrancaron a sonar “la gastaron”. Beds are burning de Midnight oil sonó en jóvenes voces, seguida de un Sweet Child o’ mine de Guns N’ Roses, Iris de Goo Goo Dolls, I will survive de Gloria Gaynor con “toda la polenta”. Por un ratito también nos deleitamos con Tan solo de Los Piojos que confesaron por ahí que es de las que más les gusta.

Las multiinstrumentistas

Detrás de esta flamante y prometedora banda se encuentran Ernestina Acuña, Julieta Castañero, Bianca Wigman y Joaquina Piaggio, quienes a medida que cambiaban las canciones, también cambiaban sus instrumentos. Por protagonismo sin dudas que no se van a pelear ¡porque todas lo tienen!
Ernestina es la más charlatana y contó cómo se formó esta banda: “Todo surgió porque yo estaba aburrida en casa y mamá me decía siempre ‘poné en las redes que querés una banda’ y por allá le hice caso y publiqué en Instagram si alguien quería formar una banda. Una de ellas me contestó (Joaquina) y bueno, ahí nos empezamos a juntar.
La verdad es que no nos conocíamos de ningún lado. Y a Juli la escuché cantar una vez en la Escuela de Música y le escribí si quería estar en la banda y me dijo ‘Sí’”. Y desde ahí estamos”, relató. Después Joaquina invitó a Bianca y lo siguiente fue el nombre: “La Abuela La Quedó”.

Ernestina tiene 16, estudia canto y piano desde hace unos años en la Escuela de Música de Casa de Cultura. “Este año egreso de canto” y además estudia bajo con Rodrigo Fagúndez, “el que toca en Antagónica”.
Julieta tiene 16; estudió también unos años en Casa de Cultura y “empecé guitarra este año con Martín Arbelo, también de Antagónica”. También recuerda que cuando “era muy chica” hizo dos años de piano. Bianca, de 15, por su parte, hizo dos años de guitarra “con el profesor Jorge Flores”.
“Yo soy Joaquina y nunca estudié”, salta ante las risas de todas ellas y mi encantado asombro y no tan sana envidia. Joaqui tiene 17 y fue a un coro dos años “y el piano lo agarré de chiquita y aprendí sola. Supongo que será por oído. La batería la fui aprendiendo cuando me junté con ellas”. Resulta que “una vez en la casa de mi bisabuelo, papá me trajo un piano chiquito y empecé a tocar el ‘Feliz cumpleaños’ y como me gustó, me regaló aquel pianito (señala al Yamaha que está en el escenario) que tiene casi 40 años.

Por qué eligieron esa música

Nada es porque sí, y verlas entusiasmadísimas cantando temas --en su mayoría-- viejos, denota que realmente les gusta lo que interpretan y que lo absorbieron de sus hogares. “A nosotras se nos ocurrió primero porque nos gusta a nosotras y aparte pensamos que era algo que no se hace mucho ahora y quizás por eso iba a llamar más la atención”, cuenta Bianca, la de hermosos rulos y apariencia más “timidona”. “La mayoría de nuestros gustos musicales los sacamos de nuestros padres”, interrumpe Joaquina, la de la bandana azul. Sí, todas usan bandanas en ocasiones, algo que probablemente también las caracterizará en sus presentaciones.
Nuevamente con respecto a la elección de sus canciones, Ernestina agrega que “eso es más bien lo que nos unió. Todas tenemos eso en común, que nos gusta ese tipo de música. Nos encanta la música vieja y creo que es cosa sí de nuestros padres”.
A la observación de que se cambian de instrumentos entre ellas y también las voces, Ernestina dice que “eso lo hacemos porque a todas nos gusta tocar todo y lo quisimos hacer también más divertido para nosotras”.

“Es refrescante escuchar este tipo de música”

Los primeros en ponerle toda la onda a esta barra fueron los padres de Ernestina –ambos también presentes en el ensayo— que la motivaron a formar una banda y fueron también, quienes “soportaron” el primer encuentro en su garaje. “También pusimos mi casa porque estaba la batería que era lo más difícil de trasladar y el piano que también es mío. Después las gurisas fueron llevando sus guitarras y casi siempre nos juntamos los domingos a las 3 de la tarde” (¡chau siestas, padres!)
“De igual manera, como no nos conocíamos las primeras veces nos encontrábamos en la playa a pasar el rato nomás sin hacer música ni nada”, explica Julieta ante la mirada atenta y orgullosa de sus padres. “Después sí, agarramos confianza y empezamos a ensayar”.

No hay dudas de que vivimos una época controversial para la música. Son diversas las opiniones y los gustos, pero es probable que muchos coincidamos en que también por ahí se escucha un vacío de contenido; unos pocos acordes, frases escasas y reiterativas y mucha repercusión más que nada por la facilidad que dan las redes sociales. Entonces nos encontramos con este tipo de música y les preguntamos a ellas cómo lo viven, cómo reaccionan los demás adolescentes al escucharlas. “Yo creo que como lo es para nosotras, para ellos también es refrescante escuchar este tipo de música que no es muy común en esta época”, opina Bianca.
Julieta mientras tanto piensa que “además, ver a gurises de tu misma edad haciendo esto mismo –que muchas veces no todos tenemos la oportunidad de ir a aprender música que es algo re lindo-- es algo que te llama la atención. Además, grupo de mujeres no hay muchos acá. Creo que también es algo que uno ve más como lejano. Ves los músicos en la tele”. “Y además las bandas que hay en Paysandú son más de rock nacional porque es nuestro género”, agrega Ernestina. En realidad, tocamos canciones que todo el mundo conoce”.

Una que sepamos todos… y una nuestra

Con el entusiasmo con el que una las ve, era de suponer que están a dos pasos de empezar a hacer sus propias canciones. “¡Sí!” Dijeron al unísono a la pregunta de Quinto Día de si pensaban componer algo ellas. “Nos gustaría mucho, sobre todo por si nos piden tocar en algún lugar formal, tener algo nuestro. Como para decir ‘hacemos cosas’”.
Para haberse formado en febrero de este año, ya vienen haciendo trayectoria estas cuatro de Paysandú. “Nuestros inicios fueron en el living de mi casa y subimos algunas historias a la cuenta, tocamos en un Té Bingo el Día del Abuelo”, cuenta Ernestina y le interrumpe tentada de risa Bianca: “y nos dio vergüenza decir el nombre de la banda”. En el marco del Mes de la Juventud, en agosto participaron de un concurso en el Espacio Cultural Gobbi; tocaron dos veces en el Estadio 8 de Junio, también en el Liceo 1, en la feria del Balneario Municipal y en la feria de Plaza Acuña.
Julieta recuerda que “el toque más grande fue en el evento “EmocionArte” hace unos días (Festival de Arte, Cultura y Salud Mental) que tocamos en el estadio y estaba lleno de gente. Nosotras nos dijimos: ’estamos viviendo el sueño’”. “Yo me re emocioné y casi me pongo a llorar cuando la gente se puso a gritar y a saltar. Fue muy impactante”, confiesa Ernestina.

Además, muy amigas

Quizás el intercambiar instrumentos y turnarse para cantar, sea uno de los secretos de la prosperidad de algunas bandas. O no, quién sabe. Lo cierto es que ellas ya se consideran mejores amigas. “Nos llevamos re bien”, adelantó Ernestina. “Pasar tanto tiempo juntas los domingos y vernos casi todas las semanas es otra cosa. Más allá de ser compañeras de bandas, yo por ejemplo aprendí un montón de ellas”, dice Joaquina. “He aprendido música, he aprendido valores, he aprendido costumbres y son mis amigas”.
Con respecto a lo que les pasa también cuando hacen música, Julieta siente que “es algo que nos atraviesa mucho a las cuatro. Y nos ha pasado que, así como hemos tenido toques buenísimos, hemos tenido otros…” dice y ríe mostrando la mano con el pulgar hacia abajo y continúa “pero siempre lo hemos podido sobrellevar. Siempre hemos estado para consolarnos, para contenernos las unas a las otras”.

“Igualmente tuvimos suerte”, interviene Ernestina, con respecto a cómo congenian todas. “Tuvimos una muy buena conexión”, y eso se nota de lejos al verlas. “La música nos fuerza a confiar la una en la otra y a apoyarnos entre nosotras”, afirma Bianca.
“Porque yo no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar…”
Y a diferencia de lo que dice la canción de los Auténticos Decadentes, estas chicas siguen sus estudios secundarios y les va de maravillas. Y, sobre todo, son agradecidas. “El mayor mensaje que tenemos que dar todas es de agradecimiento a nuestras familias. Están con nosotras, nos llevan para todos lados, nos bancan cuando practicamos; en los toques, las pruebas de sonido. Ahora mismo están algunos padres acá. La verdad es que está muy bueno porque no siempre se apoya este sueño de la música o de cualquier tipo de arte. Y más allá de eso, es un sacrificio también”. “¡Ah!, agradecidas también con la Imprenta El Faro que nos hizo las remeras!”.

A su vez, también quieren dar un mensaje de motivación para que los demás chicos se animen. “Que se animen. Que nosotras somos cuatro gurisas que se pararon con la guitarra que tenían a tocarle a la gente. Si sale, sale y si no, hay que volver a probar”.
También cuentan que algunas de ellas eran más tímidas y les costaba cantar, pero haberse hecho de ese grupo les afianzó el camino y “¡mi personalidad salió a la luz!”, grita Ernestina.
Quizás se viene otro tiempo de surgimiento de bandas. Como aquel Paysandú de los ’90 de una Aprenda Electrónica en 15 Días, Garage, Escalón 22, Penal de Libertad y tantas otras que muy probablemente también interrumpieron siestas y se juntaron algún domingo para hacer música.
Pero más allá de la excelente idea que tuvieron de formar un grupo de rock-pop y del resultado que obtengan, lo más lindo es verlas disfrutar; ver el brillo de sus ojos cuando hacen lo que les gusta y el mensaje de compañerismo y amor por el arte que dan. ¡Larga vida a La Abuela…!

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