“América Latina y el Caribe requiere dar un giro en la transformación de su modelo de desarrollo para avanzar hacia un futuro más productivo, inclusivo y sostenible”. La afirmación es del secretario ejecutivo de la Cepal, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, José Manuel Salazar-Xirinachs, y la formuló en la inauguración de un seminario sobre “Financiamiento para el Gran Impulso para la Sostenibilidad”, que se celebró en Rio de Janeiro y del que participó en el marco de una visita oficial a Brasil. “Necesitamos una reactivación con transformación”, enfatizó. “Se requiere actuar con sentido de urgencia y elevar el nivel de ambición en los esfuerzos de política. No es un momento para cambios graduales y tímidos, sino para políticas transformadoras y audaces que realmente muevan las agujas del desarrollo”, agregó durante su presentación. Además recordó que la región se encuentra en un punto de inflexión ante “una cascada de choques que exacerban brechas históricas” y añadió que la globalización “ya no es lo que fue en los últimos 30 años”, debido a que “ha cambiado hacia un regionalismo caracterizado por tendencias proteccionistas, por la reconfiguración de cadenas globales de valor incentivadas por razones geopolíticas y una rivalidad por la supremacía tecnológica”.
La evaluación de Salazar-Xirinachs también puntualiza en el área social, donde precisó que la pobreza extrema y la pobreza se mantienen por encima de los niveles prepandemia: A finales de 2022 la pobreza afectaba a 201 millones de personas (32,1% de la población total) y el número de personas en pobreza extrema era de 82 millones (13,1%), debido a los efectos combinados del crecimiento, el mercado de trabajo y la inflación. Alertó asimismo que en América Latina y el Caribe solo el 25% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible muestra un comportamiento que permite prever su cumplimiento en 2030, “el 48% revela una tendencia correcta pero insuficiente y el restante 27% exhibe una tendencia de retroceso”. Por lo que “el 75% de las metas se encuentra en riesgo de no cumplirse, a menos que se ejecuten acciones decididas para recuperar la senda correcta”, advirtió.
Para avanzar en esta reactivación con transformación que propone, la Cepal plantea diez áreas prioritarias: Promoción de la productividad, el desarrollo productivo, el empleo y el crecimiento inclusivo; reducción de la desigualdad; fortalecimiento de las políticas sociales y de la protección social; educación y formación profesional; igualdad de género y economía del cuidado; sostenibilidad y cambio climático; transformación digital; gestión adecuada de los flujos migratorios; integración económica regional, y macroeconomía para el desarrollo.
“Hay que hacer apuestas productivas a sectores dinamizadores. Esto, bien hecho, a través de un par de décadas de manera sostenida, mueve las agujas de la productividad, del crecimiento y es parte esencial de las estrategias de desarrollo”, subrayó, antes de hacer un llamado a generar un diálogo social permanente, que conecte a las instituciones con la ciudadanía y los actores políticos y sociales, y cree amplios consensos sobre las direcciones del desarrollo.
Más allá de elogiar las buenas intenciones del planteo de las prioridades en las que habría que trabajar, y del detallado análisis que se expuso, lo que cabe señalar es cierta ingenuidad, o al menos desconocimiento de los antecedentes históricos de la región, que como muestra reciente tiene la cumbre de presidentes de la región, realizada también en Brasil por una convocatoria del primer mandatario brasileño Luiz Inacio “Lula” Da Silva. Allí el presidente de nuestro país, Luis Lacalle Pou hizo un repaso de toda la institucionalidad supra nacional que existe, ante la idea de generar un nuevo ámbito de integración con que se planteó el encuentro. Además refirió a los avances que en materia de infraestructura en las fronteras se han logrado con Brasil, Paraguay y Argentina y volvió a insistir, como en instancias anteriores, en la disconformidad con la marcha del Mercosur.
Pretender que durante 20 años consecutivos se coordinen acciones entre los estados alcanza niveles de utopía. No hace todavía 20 años desde que se bloquearon los puentes que comunican Uruguay y Argentina y se dirimió en una corte internacional de justicia un diferendo binacional a raíz de la instalación de una fábrica. Pero por si fuese poca la dificultad de coordinar acciones a largo plazo entre países diferentes, a la interna de la mayoría de las naciones sudamericanas también hay diferencias que quedan expuestas en protestas masivas. Recientemente las hubo en el norte argentino, en Jujuy, a partir de la votación de una reforma en la constitución provincial, en la que los manifestantes llegaron a ingresar al parlamento jujeño. No podemos olvidar la invasión de los seguidores de Bolsonaro en Brasilia a pocos días de la asunción de Lula. O las masivas protestas en Chile previo a la pandemia, o las dificultades en Perú, con el rechazo a la presidenta interina Dina Boluarte que ha dado lugar a violentos enfrentamientos entre las fuerzas públicas y los manifestantes. Y ni hablar de otras situaciones como la de Venezuela, bien conocida.
Da la impresión que antes de dar algunos pasos es necesario que la región encuentre determinada estabilidad que le permita avanzar. Claro, la rueda del comercio mundial y del desarrollo tecnológico no se detiene ni se detendrá a esperar a que solucionemos nuestros temas y en medio de tantos temas urgentes a veces se resuelven a medias los importantes, entre ellos los que integran la lista que presentó la Cepal.

