Chile, entre Israel y Palestina

(Por Horacio R. Brum)
La barbarie desatada en Israel y el territorio palestino de Gaza se ha metido en la política de Chile y Argentina. A orillas del Plata, el candidato que desafiará la larga hegemonía kirchnerista reiteró que el establecimiento de una férrea alianza con Israel, así como con Estados Unidos, será la prioridad de la política internacional argentina. Al contrario de Javier Milei, el presidente chileno Gabriel Boric es uno de los pocos mandatarios de la región que se muestra más inclinado hacia la causa palestina y no tiene reparos en condenar las acciones del gobierno de Israel que están afectando a la población civil de Gaza. Hace unos días, Boric conversó telefónicamente con el presidente del Estado Palestino Mahmoud Abbas y si bien manifestó un rechazo enérgico a los ataques terroristas del grupo Hamás, reiteró –según sus propias palabras a los medios–, “la posición histórica del Estado de Chile de condena a la ocupación de Israel en territorio palestino por medio de asentamientos ilegales que violan los derechos humanos y no aportan a la paz, además de contravenir resoluciones de Naciones Unidas y el derecho internacional”.
Lo expresado por el jefe del Ejecutivo chileno tiene asiento en una realidad de este país: aquí está la mayor comunidad palestina fuera del Medio Oriente, con cerca de medio millón de personas, entre inmigrantes y descendientes, que tiene una presencia significativa en la vida nacional. Industriales, escritores, políticos, grandes empresarios y propietarios de medios de comunicación se cuentan entre los chilenos orgullosos de sus raíces palestinas y muchos mantienen vínculos con los habitantes de los territorios en conflicto. Hay en Palestina escuelas y plazas con el nombre de Chile, y la colectividad suele enviar ayuda económica. La Fundación Belén, por ejemplo, asiste a 2.000 niños palestinos en situación vulnerable.
Los “turcos” comenzaron a llegar a Chile en los inicios del siglo XX, cuando se desintegraba el Imperio Otomano (turco) que durante varios siglos había controlado la mayor parte del Medio Oriente. Al igual que sucedió en muchos países con los armenios y otros súbditos del gobierno de Estambul, los inmigrantes palestinos fueron identificados colectivamente como turcos por la procedencia de sus pasaportes. Cristianos en su mayoría, se dedicaron al comercio ambulante en el rubro textil, pero poco a poco se asentaron en un barrio de la que entonces era una zona pobre de la capital chilena. Otro grupo, con más musulmanes, llegó a fines de la década de 1940, debido a la diáspora provocada por la creación del Estado de Israel, que los palestinos recuerdan como la Nakba, la Catástrofe.
Patronato es el Once de Santiago; como en ese sector de Buenos Aires, abundan allí los comercios que venden telas y ropa, junto a los talleres de confecciones. Hoy predominan en la actividad comercial los inmigrantes coreanos, pero la impronta oriental que le dieron los palestinos sigue visible. Todavía es posible ver casas con rasgos de la arquitectura árabe y el mejor y más antiguo de los restaurantes de comida del Mediterráneo oriental –el Omar Khayamm–, está en la avenida Perú, una vía donde otrora se levantaron las residencias de los inmigrantes que prosperaron. Además, Patronato forma parte de la comuna de Recoleta, gobernada desde 2012 por el arquitecto y sociólogo, nieto de palestinos, Daniel Jadue. Miembro del partido Comunista, Jadue integró en su adolescencia y juventud algunas organizaciones de apoyo a la causa palestina y con frecuencia formula declaraciones en contra de Israel que le atraen acusaciones de antisemitismo.
Al otro lado del espectro político, las familias Abumohor, Hirmas, Said, Yarur, Sumar y Saieh han sido fundamentales para el desarrollo de la industria textil nacional y tienen sus fortunas diversificadas en todos los ámbitos de la vida económica. El grupo Saieh posee La Tercera, un diario que por su alcance e influencia es comparable con el Clarín argentino. Las contribuciones culturales de esas familias, sea en forma de donaciones o de apoyo a diversos proyectos, son numerosas; Jorge Yarur Bascuñán, por ejemplo, fundó en la antigua mansión de sus padres el Museo de la Moda, que tiene una de las colecciones de vestidos más extensas e importantes de América Latina.
El Club Deportivo Palestino integra la Primera División del fútbol. Fue fundado en 1920, y cuenta entre sus auspiciadores al banco del Estado Palestino, cuyo nombre aparece en árabe e inglés en la camiseta, que tiene los colores de la bandera de esa nación. En 2016 el equipo realizó una gira por los territorios palestinos y en 2018 recibió al presidente Abbas, durante la visita de Estado que éste realizó a Chile.
Por su presencia y gravitación, la comunidad palestina chilena ocupa el mismo lugar social que la colectividad judía en Argentina, pero a este lado de los Andes son algunos sectores vinculados a Israel los que con frecuencia reclaman por el apoyo público a la causa palestina y no dudan en relacionarlo con el antisemitismo. Desde que el año pasado el presidente Boric suspendió la presentación de sus cartas credenciales por la violencia ejercida por el ejército israelí en Cisjordania, el embajador de Tel Aviv en Santiago es un crítico frecuente de las actitudes oficiales y no oficiales que supone contrarias a los intereses de su país. Unos días atrás, mientras aumentaba el rechazo al sufrimiento que las acciones militares están causando en la población de Gaza, aparecieron unas pintadas contra “el sionismo” en la fachada de la sinagoga de la ciudad sureña de Concepción. No ha habido ningún otro incidente similar, pero el diplomático denunció amenazas a la embajada y “una ola de antisemitismo”. También intentó reunirse directamente con el ministro del Interior, lo que generó otro roce con el gobierno, que le recordó que el canal regular para los representantes extranjeros es la Cancillería. Esta semana, mientras aumentaba la violencia de la ofensiva del ejército israelí en Gaza, el gobierno de Santiago retiró a su embajador en Israel, una medida a la que las autoridades israelíes respondieron con la exigencia de que Chile sea más enérgico en su condena a las acciones del movimiento palestino Hamas.
Diplomacia y política aparte, lo cierto es que en Chile, como en tantos otros países fuera del Medio Oriente, las comunidades de origen palestino y judío conviven en paz. Miguel Lawner, descendiente de judíos ucranianos, premio nacional de arquitectura 2019, escritor y columnista, escribió desde su experiencia personal: “Vivimos horas de angustia, al enterarnos de los bombardeos en Tel Aviv, ciudad donde reside una sobrina muy querida, hija de mi hermana… Los crímenes horrorosos cometidos por Hamas al invadir el sur de Israel, el 7 de octubre pasado, no pueden justificar el genocidio que el gobierno de Israel lleva a cabo contra los dos millones de palestinos que viven hacinados en la franja de Gaza”. En otra columna, en el diario La Tercera, el presidente de la Comunidad Palestina de Chile Maurice Khamis expresó: “Como sociedad nos demoramos mucho en condenar el genocidio armenio, el Holocausto judío y el Apartheid Sudafricano, ¿los palestinos cuánto más tendrán que esperar?”