Desafíos pendientes y renovados

En período ya inmediatamente previo al cambio de gobierno, con un verano de por medio y todavía con un proceso incipiente de transición, es pertinente traer a colación lo que indican los números macro de la economía, que son un referente ineludible a la hora de extraer conclusiones, más allá de que una cosa son los números macro de una economía y otra la forma en que éstos “aterrizan” en la situación del ciudadano común, sobre todo en el caso de los sectores menos favorecidos.
En este sentido el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) realizó un balance del desempeño económico de Uruguay durante 2024, año en que “la actividad consolidó la recuperación iniciada en el segundo semestre de 2023 y creció 4,5% a lo largo del año”, según indica.
“El crecimiento estuvo impulsado por la demanda externa, dada la recuperación de las exportaciones de bienes, servicios turísticos y de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación)”, indica el centro en un extenso hilo publicado en la red social X. Por otro lado, la inversión “se mantuvo relativamente estable”, mientras que el consumo privado “creció proporcionalmente menos que la masa salarial”, según indica el CED.
Por otro lado, el centro de estudios precisa que también se comenzó a “mitigar” el impacto negativo de la diferencia de precios con Argentina, y es así que el gasto de uruguayos del otro lado del río en enero-setiembre se redujo un 35% respecto al mismo período de 2023. “Esto continuaría normalizándose debido al cierre de la brecha cambiaria, la apreciación real del peso en Argentina y el aumento del tipo de cambio real en Uruguay”, asegura el informe.

A su vez, otro factor importante a tener en cuenta es que a nivel del agro, se dejó atrás el shock negativo de la sequía que azotó a Uruguay en 2023 y hubo “buenas cosechas de verano e invierno” y, para el año próximo, se prevé “una gran cosecha de arroz”.
En lo que tiene que ver con las tasas de actividad y empleo, éstas se ubicaron “en máximos históricos desde 2015”, y el desempleo “cerró por debajo del 8%”. El salario real, a su vez, mantiene un crecimiento “casi constante” desde mediados de 2022 y se encuentra por encima de los niveles prepandemia, sostiene el CED.
“Si bien la economía cerró un año de buen crecimiento, existen algunas señales incipientes que sugieren un paulatino cambio de ciclo hacia el próximo bienio”, avizora el think tank. En tal sentido, alerta de que se observó “una rápida reversión del saldo positivo en el flujo” de inversión extranjera directa y “un leve ajuste del sector privado”.
De esta manera, en un contexto global “más adverso” y con “señales mixtas” desde la región, para el CED la discusión del presupuesto quinquenal y la convocatoria a la undécima ronda de Consejos de Salarios “serán los principales hitos del primer año de gobierno” de la administración de Yamandú Orsi.
Por fuera del análisis del CED, debe tenerse presente que incluyendo los aportes patronales a la seguridad social y descontando la devolución de impuestos indirectos a las exportaciones, la carga de tributos pagados por el agro este año alcanzará a unos 327 millones de dólares. Tanto si se mide en pesos constantes como en dólares corrientes, como se incrementó más el valor agregado del sector, la presión fiscal de éste bajará de 6,9 por ciento a 6,5 del Producto Bruto Interno agropecuario.

El punto es que el Uruguay es un país de base agropecuaria, con buena competitividad relativa debido a sus ventajas naturales, pero el año próximo hay circunstancias posibles en el horizonte que deben tenerse en cuenta, como un eventual rebrote proteccionista de la mano del ingreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y eventuales medidas espejo de competidores en el comercio internacional, con una afectación global que no sirve a los países con economías pequeñas y altamente dependientes de las exportaciones, como es el caso de Uruguay.
Por lo pronto el futuro ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, ha planteado un diagnóstico todavía precario de la situación, sobre todo enumerando los desafíos centrales que a su juicio se plantean para el país, y dijo que un aspecto fundamental es que la economía del país supere las magras tasas de crecimiento promedio de la última década, situadas en apenas poco más del uno por ciento anual, porque precisamente una mayor actividad económica implica una proyección beneficiosa para todos los sectores del tramado socioeconómico, sobre todo como factor generador y de mejora del empleo, además de la disponibilidad de recursos del Estado para llevar adelante sus compromisos y políticas en áreas estratégicas.
El futuro titular de la cartera propone ejecutar una serie de medidas que entre otros aspectos propicien la eliminación de papeleos frente al Estado, que propicien una mayor competencia en el sector no transable y que permitan una mejor inserción en el comercio internacional, aunque sin entrar en detalles respecto a cómo se hará, porque debe tenerse presente a demás que similares intenciones también fueron anunciadas en su momento por antecesores en el cargo, pero a la hora de la verdad ha sido muy difícil obtener resultados tangibles en estos objetivos plausibles.
Asimismo es compartible la necesidad de abatir la pobreza infantil en el país, un objetivo que también han compartido todos los gobiernos, pero que por regla general han utilizado mecanismos que no han resultado valederos para mejorar los índices, porque simplemente lo que se ha hecho no ha sido sustentable para que las familias en situación desfavorable puedan lograr el sustento necesario sin depender de transferencias y beneficios del Estado.

Es cierto, es pertinente que se lleven a cabo políticas diferenciales, pero de carácter temporal, hasta tanto se pueda lograr que los sectores desposeídos puedan llegar a su autosustento. Y ello se logra no solo con políticas diferenciales que vayan en su apoyo, sino fundamentalmente haciendo que el país crezca, proporcionando así oportunidades laborales, estímulos y educación para incidir culturalmente en los sectores postergados, de forma que no sigan quedando alternativamente por arriba o por abajo de la línea de pobreza, con los vaivenes económicos, como ha venido ocurriendo hasta ahora.