En la ciudad de Paysandú no hay certeza sobre la cantidad de personas que deambulan por las calles, ya que “no hay una forma de medirlo”. Sin embargo, se contabilizan aquellas que acceden voluntariamente al refugio, con un promedio de entre 55 y 65 personas durante los meses más fríos del invierno. Actualmente, esta cifra ha descendido a aproximadamente 30, quienes se encuentran alojadas en el refugio ubicado en la capilla Santa Elena, gestionado por la organización social Claeh.
El director departamental del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), Ignacio Ifer, y el director adjunto, Alejandro Colacce, destacaron que “no es posible” una internación compulsiva solo por encontrarse en la calle, ya que esta medida solo se aplica cuando la persona representa un riesgo para sí misma o para terceros.
“No olvidemos que si la persona no corre peligro de muerte y es abordada por nuestro personal o la Policía, y nos responde que quiere permanecer donde está, no podemos retirarla por la fuerza. Deben darse determinadas circunstancias para suplir su voluntad y decidir por ella”, enfatizó Ifer.
En los refugios no se permite el consumo de drogas, salvo la medicación recetada por los médicos. “Hay un horario para fumar el último cigarrillo, se terminan las actividades y se apagan las luces para dormir. La vida en el refugio es distinta a la de quienes siguen en la calle. Pero si no se tratan, su reinserción en la sociedad será imposible”, agregó.
Programa Calle y asistencia social
El programa Calle del Mides inició su atención en Santa Elena en 2022, enmarcado en el Plan Invierno. “Cuando recibimos este programa, teníamos un refugio con cupo para 33 personas y más de 20 funcionarios, pero cada noche quedaban más de 25 personas en la calle”, explicó Colacce a EL TELEGRAFO.
Actualmente, el refugio contiguo a la capilla funciona bajo la modalidad nocturna. “No es de 24 horas, sino que recibe a los usuarios de 19:00 a 9:00, permitiéndoles asearse, cenar, dormir y desayunar. En caso de advertencia meteorológica, opera las 24 horas”.
Desde su apertura, el refugio ha acogido a más de 600 personas de forma transitoria. Diariamente se ocupan entre 50 y 55 camas, con un máximo de 65 en invierno. “Cuando hablamos de ‘personas en situación de calle’, nos referimos a quienes no tienen hogar ni una red familiar de apoyo, y cuya situación no ocurrió de un momento a otro”.
Algunas personas se declaran en situación de calle por conflictos familiares. “Cuando alguien nos dice que está en la calle, realizamos un estudio pormenorizado. No todas las personas que deambulan están en situación de calle”, explicó. La mayoría de los usuarios son uruguayos, pero el refugio también ha recibido personas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y, en mayor medida, Venezuela.
Reclamos de la población y protocolo de actuación
Colacce reconoció que reciben llamados de ciudadanos preocupados por la atención a estas personas. “Quiero dejar en claro que hay un protocolo. Se contacta al 911, que retira a la persona de la calle y, si necesita refugio, coordina con el Mides. Si requiere atención médica, se gestiona con ASSE y, una vez estabilizada, puede ingresar al refugio”.
El refugio recibe a todos los usuarios, salvo quienes hayan cometido faltas graves o generado disturbios. “No podemos obligarlos a ingresar solo porque la población reclame su retiro de la calle”.
Este trabajo se realiza en coordinación con ASSE, el Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa, INAU e INDA, además de instituciones privadas como el programa Ciudadela, Remar y el hogar Bethania, que trabaja con personas con consumo problemático de drogas. “No es tan simple como algunos vecinos creen. No se puede sacar a alguien de la calle de un día para otro porque los factores que los llevan allí son múltiples”, afirmó Colacce.
Factores sociales y asistencia laboral
Colacce señaló que la pandemia y la diferencia cambiaria con Argentina han generado situaciones sociales complejas en el departamento. “Si no hubiésemos trabajado con todas las instituciones, las cifras serían aún más altas”.
En el refugio se realizan entrevistas grupales e individuales, se brinda asesoramiento laboral, ayuda en la elaboración de currículos y en la gestión de beneficios como pensiones y pasajes, así como reconexión familiar y derivación a otros centros.
El Mides ofrece un “segundo escalón” para quienes consiguen trabajos temporales y pueden costearse una pensión. “Actualmente, siete personas están en esta situación y reciben evaluaciones trimestrales del programa Calle”, detalló Colacce.
Por otro lado, Ifer enfatizó que “hay personas en situación de calle a quienes queremos ayudar a trabajar, pero no están preparadas. A través del programa Accesos, intentamos integrarlas y –aunque es difícil– uno de cada cuatro participantes ha completado el programa”.
Atención a adicciones y obstáculos para la reinserción
El Mides ha establecido acuerdos con el hogar Bethania, que cumple dos años este domingo y cuenta con cupos para más de 30 personas, de las cuales la mitad son derivadas del Mides. Programas similares operan en Artigas, Canelones, Montevideo y Maldonado. “La internación se realiza en otro departamento para evitar recaídas en el consumo”, explicó.
Ifer destacó que “esta internación también es voluntaria. Nadie puede ser obligado a rehabilitarse. Y aunque se pudiera, los psicólogos nos indican que solo quienes tienen un 50% de voluntad pueden salir de las drogas con éxito”.
Dificultades legales y percepción social
Cuando la Policía responde a llamados ciudadanos, muchas personas en situación de calle se niegan a ir al refugio. “Dicen que tienen derecho a estar allí porque no molestan a nadie. Las herramientas existen, y el Mides ha incrementado sus recursos para abordar estas situaciones. Antes no alcanzaban los cupos; hoy sí los hay, pero no podemos obligarlos”.
Desde enero hasta noviembre de 2024, el Mides atendió a aproximadamente 13.000 personas por diversas razones, no solo dentro del programa Calle. “Hay secuelas de la pandemia que aún no hemos podido revertir, y para eso necesitamos un trabajo interinstitucional”, reconoció Ifer.
El perfil de quienes viven en la calle es mayoritariamente de jóvenes con baja autoestima y problemas de consumo. “Son personas que han quedado fuera del sistema y carecen de motivación para mejorar su situación”.
Según Ifer, ASSE debería disponer de “un espacio intermedio entre la internación y el refugio para quienes no están en condiciones de ser hospitalizados, pero tampoco de vivir en la calle”.
Aplicación de la Ley de Faltas y la Ley de Vagancia
La Ley de Faltas permite sancionar la ocupación del espacio público. “Si una persona pernocta en un zaguán, el dueño puede denunciar y pedir su retiro”, explicó Ifer.
Por otro lado, la Ley de Vagancia (Ley 10.071) puede aplicarse a nivel municipal, pero Ifer advierte que es una medida extrema. “Si se consulta a la ciudadanía, hasta podría ser popular. Pero no soluciona el problema de fondo: rescatar a la persona e insertarla en la sociedad”.
Informe de transición
El informe del Mides 2020-2025 detallará la gestión realizada, con énfasis en la coordinación con el gobierno nacional y departamental. “En esta gestión nacieron la ventanilla única, el móvil de asistencia en barrios y la interacción con organismos públicos y privados”, concluyó Colacce.

