La transformación de Piso Digno: 103 barrios, 19.070 metros cuadrados y 3.197 personas

Un piso firme puede marcar la diferencia entre la precariedad y la estabilidad. En Uruguay, 103 barrios fueron beneficiados con la instalación de 19.070 metros cuadrados de pisos de madera gracias a la Fundación Piso Digno –que acaba de realizar sus primeros trabajos en la ciudad–, impactando en la vida de 3.197 personas, entre ellas 1.670 niños. La fundación, creada en 2021 por el exministro del Ministerio de Desarrollo Social Pablo Bartol, nació con el objetivo de erradicar los suelos de tierra en las viviendas más vulnerables del país. Desde entonces, el proyecto creció hasta convertirse en una iniciativa de impacto nacional, con presencia en Montevideo y Canelones, y ahora en Paysandú, y la mira puesta en otras zonas del Interior.

Según datos de la Tarjeta Uruguay Social de 2019, aún existen más de 7.000 hogares con pisos de tierra en el país, lo que demuestra que la tarea está lejos de terminar. En Paysandú, desembarcaron días atrás para trabajar en los barrios Curupí, P3 y en la zona de Porvenir, lo que representó las primeras labores de la institución más allá de la zona metropolitana.

Un cambio inmediato y duradero

El proceso de instalación de los pisos es rápido y eficiente. En un solo día, un constructor coloca estructuras de madera elevadas sobre una base aislante, evitando así la humedad y el contacto directo con el suelo. Este sistema no sólo mejora la calidad de vida de las familias beneficiadas, sino que también reduce significativamente los riesgos de enfermedades respiratorias y gastrointestinales. Las casas pasan de ser un lodazal en días de lluvia a contar con un suelo firme y seco.

El impacto en la salud también es notable, según médicos y pediatras que reportaron una reducción del 40% en las consultas médicas por enfermedades vinculadas a la humedad en las viviendas donde se instalaron los pisos.
Además, la instalación de un piso nuevo suele ser el primer paso para que las familias continúen mejorando sus viviendas. “Después de recibir un piso, muchas personas empiezan a reparar techos, aislar paredes y organizar mejor su casa”, señala a EL TELEGRAFO Hugo Moreira, constructor de Piso Digno.

El trabajo de la fundación no se detiene. Con el apoyo de donaciones privadas y la colaboración de entidades estatales y sociales, el proyecto sigue creciendo. Empresas uruguayas donan los materiales, mientras que la mano de obra y la logística son financiadas por aportes voluntarios.
Cada metro cuadrado de piso cuesta alrededor de 70 dólares, y la fundación depende del compromiso de la comunidad para continuar su labor. “Queremos erradicar los pisos de tierra en Uruguay”, afirma a EL TELEGRAFO Matías Acosta, coordinador general de la fundación. “No se trata solo de mejorar casas, sino de dar dignidad a las familias”.