Hace poco tiempo, el sanducero Aníbal Álvarez Fontán fue distinguido con el primer premio en el X Certamen Literario organizado por la Asociación Parkinson León, de España, por su cuento “El inquilino”. Se trata de una historia breve, que aborda la experiencia de vivir con la enfermedad de Parkinson, que al propio Aníbal le diagnosticaron en 2014. El concurso, de carácter internacional y centrado en relatos vinculados a esta enfermedad, premia la creatividad y la sensibilidad de quienes escriben desde la experiencia propia o cercana.

Aníbal reside actualmente en La Paloma, Rocha, desde donde se ha hecho conocido por su trabajo como comunicador e investigador de la historia y la obra de Los Iracundos. Ha llevado adelante ciclos radiales, y su pasión por el emblemático conjunto sanducero también se plasma en distintos proyectos, entre ellos un libro, en el que viene trabajando desde hace tiempo.
El certamen en el cual fue ganador es abierto a participantes de cualquier nacionalidad y otorga un primer premio de 400 euros, además de un diploma acreditativo. Era la tercera vez que Aníbal participaba, y recibió la noticia del premio mientras se hallaba en una mutualista, esperando ser atendido por el neurólogo, recuerda.
Si bien no es condición obligatoria que los ganadores del exterior concurran al acto de premiación, que tendrá lugar el 20 de junio, para él se convirtió en un objetivo personal estar presente en ese momento tan significativo. Como ganador, la organización le ofrecía alojamiento gratuito, pero no podía hacerse cargo de los pasajes, según explicaba en un video publicado el 23 de mayo. Debido a su condición, Aníbal necesita viajar acompañado, y eso era un obstáculo difícil de sortear.
Con la ayuda de todos
“En este momento soy el paciente con Parkinson más feliz del mundo”, decía pocos días después en un video, anunciando que había ganado el certamen y que iniciaba una campaña solidaria para reunir el dinero necesario para costear los pasajes a Madrid. “Ojalá que el próximo video sea desde León”, expresaba allí, y compartía los números de las cuentas donde se podía colaborar. En pocas horas, la historia movilizó a organizaciones, medios y personas de distintas partes del país, que comenzaron a colaborar en la medida de sus posibilidades.

La Asociación Uruguaya de Parkinson envió una carta de respaldo, solicitando apoyo y destacando el valor simbólico y humano que representa la participación del sanducero en la ceremonia de premiación. “Aníbal Álvarez Fontán participa en nuestra Asociación y es miembro fundador de la filial Rocha, creada en setiembre de 2023. Nuestro compañero encontró en la escritura una forma de expresarse y sobrellevar la enfermedad. Nos llena de orgullo que un integrante de nuestra Asociación sea reconocido”, dice la carta, firmada por la presidenta de la institución, Ana María Martínez.
Una entrevista en Canal 10 influyó “para que el abanico de colaboradores para esta causa aumentara sensiblemente”, dice Aníbal. Junto a las colaboraciones comenzaron a llegar innumerables mensajes y llamadas telefónicas desde distintos puntos del país, en muchos casos de personas que atravesaban momentos complejos –ellos mismos o algún familiar– por el mal de Parkinson.
También fue fundamental el apoyo de AUTE, el sindicato de trabajadores de la UTE, que ofreció pagar lo que faltara. “Ya tenemos el dinero para los pasajes. Más que felices, es una emoción muy grande la que sentimos. Estaremos eternamente agradecidos”, escribía Aníbal en sus redes, a un par de días de haber iniciado la campaña.
Poco después, publicó un nuevo video, con la música de Los Iracundos de fondo, donde anunciaba: “Nos vamos a España, a León. ¿Qué decir? Agradecer a todos, a todas, los que aportaron, los que difundieron… Y algo importante, muy importante: no depositen más. Nosotros ya conseguimos lo que necesitábamos, ya está. Guarden ese dinero, que otro Aníbal aparecerá, y lo necesitará”.
Más allá del reconocimiento puntual a una obra literaria, esta historia viene a hablarnos de la fuerza de la comunidad, de lo que puede lograrse cuando una causa moviliza afectos, humanidad y esperanzas. Aníbal, que encontró en la escritura una forma de sobrellevar la enfermedad, viajará a España en junio, con su relato bajo el brazo, acompañado por la solidaridad y el cariño de quienes ayudaron a hacerlo posible.
