La lluvia, persistente e impredecible, se volvió ayer una protagonista inesperada de los festejos por los 112 años de San Javier. Pero lejos de apagar el ánimo, la lluvia se convirtió en testigo de una comunidad decidida a rendir tributo a su historia, su identidad rusa y su espíritu colectivo. Durante dos días, el pueblo más singular de Uruguay, el único fundado por inmigrantes rusos en toda América Latina, se vistió de fiesta, con desfiles, danzas, actos protocolares, ferias de artesanía, almuerzos tradicionales, exposiciones y conciertos.
El sábado, la celebración comenzó en el club River Plate local con una demostración de Sambo, el sistema de defensa personal de origen ruso. En simultáneo, el Museo de los Inmigrantes inauguró una muestra de samovares, emblemas de la hospitalidad rusa, donde los visitantes pudieron observar piezas históricas y degustar un auténtico té servido en ese recipiente. La jornada continuó en la Sala Cultural Pobieda con presentaciones de la Banda Orquesta Departamental de Río Negro, el grupo de danzas eslavas Kalinka y otras agrupaciones del lugar. La música también copó la plaza Libertad con la presentación de Miriam Britos y su banda, antes del tradicional baile aniversario en el Centro Juventud Unida.
El domingo, el tiempo cambió abruptamente. La lluvia, no prevista en los pronósticos, obligó a modificar el cronograma. El acto protocolar previsto en el balneario Puerto Viejo se trasladó a la Sala Cultural Pobieda, al igual que los espectáculos de la tarde. Sin embargo, el desfile de aparcerías no se suspendió: familias enteras a caballo recorrieron, bajo el agua, la avenida Basilio Lubkov hasta la plaza Libertad. A su paso, vecinos y visitantes aplaudían desde los autos, bajo los aleros o simplemente bajo agua, celebrando la determinación de los jinetes.
En la Sala Pobieda, colmada de público, se entonaron los himnos nacionales de Uruguay y de la Federación Rusa. Estuvieron presentes los cuadros de honor de la escuela y el liceo local, autoridades departamentales y nacionales, representantes de la embajada rusa y miembros de la comunidad. En este acto se concretó el homenaje a la familia Ivanchenko Faral por la donación de una nueva matrioshka para Puerto Viejo, similar a las que decoran la principal plaza del pueblo.
Durante el acto, Igor Blatkov, secretario de Asuntos de Compatriotas de la embajada rusa, entregó una bandera de la Federación Rusa al alcalde de San Javier, Washington Laco, quien destacó el esfuerzo de los feriantes y vendedores en la plaza de comida que, a pesar de la lluvia, mantuvieron sus puestos. “Tenemos actividades que pueden disfrutar también en espacios cerrados”, dijo. “Como el almuerzo en el Centro Cultural Máximo Gorki, la actividad en el Museo de los Inmigrantes, con la muestra de samovares que, la verdad, se la recomiendo que vayan a disfrutar”, agregó.
El director de Cultura de la Intendencia de Río Negro, Leonardo Martínez Russo, ofreció un discurso cargado de historia y sensibilidad. Evocó la travesía de los primeros inmigrantes rusos, la angustia de abandonar su tierra natal, las primeras cosechas, las fiestas compartidas y los primeros hijos nacidos en suelo uruguayo. “San Javier se nos presenta como una proeza de resiliencia. Celebro la capacidad humana de sobreponerse a las adversidades trabajando juntos”, expresó. También destacó la hospitalidad como valor fundacional: “La hospitalidad ofrecida en aquel momento por el Estado uruguayo se perpetuó con creces en la que hoy ejercen los vecinos de San Javier”.
Palabras rusas
El embajador ruso AlexeyIsakov, aunque ausente, envió un mensaje que fue leído por la agregada cultural Valentina Bovacheva. Subrayó la importancia de San Javier como “verdadero tesoro del departamento de Río Negro y de todo Uruguay”, destacó la colaboración uruguaya durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo el aporte del frigorífico Anglo, y reconoció el trabajo del Centro Cultural Máximo Gorki y el conjunto Kalinka en la preservación de la cultura rusa. Por su parte, Alexey Gulyaev, vicedirector de la Casa de Rusia en Buenos Aires, resaltó el carácter singular de San Javier: “Es la única ciudad en toda América Latina que fue fundada por los rusos”. Habló con franqueza sobre el contexto geopolítico actual: “A pesar de tres años de propaganda antirrusa, hoy celebramos esta fiesta aquí”. “Ser ruso ahora significa amar nuestra cultura, nuestra historia, y tener un pedacito de Rusia en el corazón”, agregó.
Promesas desde la Intendencia
El intendente de Río Negro, Guillermo Levratto, fue el encargado de cerrar el acto con un discurso que combinó memoria, reconocimiento y una visión a futuro. Recordó a figuras como Vladimir Roslik, médico local asesinado durante la dictadura, y remarcó que “San Javier es su gente”. “Una comunidad llena de historia, cultura, tradiciones y un espíritu solidario que nos llena de orgullo”, aseveró.
Hizo un llamado a fortalecer la autoestima colectiva y a soñar en grande. Entre los compromisos anunciados se incluyen la renovación de la Liga de Turismo, el desarrollo del turismo fluvial y la valorización del borde costero. También se mencionó la renovación de la infraestructura de la Plaza de Deportes, con contenidos específicos para niños y niñas.
La movida más allá del agua
Mientras tanto, en la Plaza Libertad, los feriantes mantuvieron sus puestos bajo carpas, paraguas y toldos improvisados. Se ofrecieron productos artesanales, dulces caseros, tejidos y platos típicos, con especial énfasis en la gastronomía rusa. El shashlik, especie de brochette marinado a la parrilla, resultó uno de los más buscados.
El Museo de los Inmigrantes representó otro de los puntos altos de la jornada, con su muestra de samovares funcionando, té servido al estilo tradicional, y un espacio de encuentro que conectó pasado y presente. A mediodía, en el Centro Cultural Máximo Gorki, tuvo lugar el almuerzo oficial, al que asistieron autoridades y público general, con espectáculos culturales que celebraron la herencia rusa.
Por la tarde, la Sala Cultural Pobieda desplegó los espectáculos artísticos que debían realizarse en la plaza Libertad (cuyo estrado permaneció vacío y mojado bajo la lluvia): actuaron la Orquesta Mercedes de la Intendencia de Soriano, el grupo “Nepomuceno Gaucho Terra”, el coro Druzbhá del Centro Cultural Máximo Gorki de Montevideo, y el grupo de danzas Beryozka, integrado por descendientes de inmigrantes rusos, ucranianos y bielorrusos. El cierre estuvo a cargo del grupo “Sueño de Bailarín”.
En palabras del alcalde Laco, el evento significó una muestra de “una comunidad que se moviliza, que resiste y que celebra su identidad”. San Javier, empapada por el agua, pero también de historia y futuro, demostró que la memoria no se diluye fácilmente.

