José Ramos pertenece a una familia de colonos instalada desde 1970, en una fracción de 433 hectáreas que fuera adjudicada a su padre en la colonia José Batlle y Ordóñez, a 10 kilómetros de Guichón, perteneciente al Instituto Nacional de Colonización.
En el suelo de basalto con índice Coneat 60, la familia se dedicó al tambo y posteriormente al rubro lanar. El productor sufrió graves pérdidas en su majada a causa de una jauría que destrozó a cerca de un centenar de ovejas. Ramos, junto a otros productores de la zona, gremialistas rurales, autoridades municipales y policiales, se reunieron en la sede de la Liga del Trabajo con representantes del Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA), donde plantearon una problemática extendida en el territorio.
Desde hace unos 15 años, la familia Ramos se ocupa principalmente a la cría de Merino Dohne, con un rodeo de aproximadamente 600 lanares. “Es la segunda o tercera vez que nos atacan las jaurías pero nunca como ahora. Siempre se encontraban en el campo unas 4 o 5 pero ahora fueron cerca de 90 ovejas, con lanas certificadas por el SUL en 17,8 micras. Incluso en estos días siguen muriendo otras que quedaron destrozadas por el ataque”, dijo Ramos a EL TELEGRAFO.
Luego de presentar la denuncia ante la Policía de Guichón, “llegaron desde la comisaría, a los dos días vinieron de la Bepra –Brigada Especial para la Prevención y Represión del Abigeato—y creo que hice lo correcto porque me destrozaron moralmente por todo el trabajo realizado con mi familia. Pero más me duele que se trate de perros de un predio vecino”. Consultados por las acciones que tomará, el productor señaló que confía en la palabra de quienes reconocieron el ataque y la necesidad de una reparación.
Bienestar animal
Explicó que la reunión “sirvió para aprender mucho sobre la Ley de Bienestar Animal porque hay criterios que nosotros, como productores, no entendemos. Porque la tenencia responsable y el bienestar animal no es solamente para los perros, sino para todos los animales. Creemos que habrá que cambiar el criterio para los animales de compañía, a diferencia de los animales de trabajo”.
Ramos agregó que durante el encuentro planteó la necesidad de que estos ataques no vuelvan a ocurrir. “Sin embargo, hace más de una semana a otro productor cerca de Guichón le atacaron a unas 30 ovejas. Y eso pasa porque los perros quedan sueltos”.
Aclaró que en su predio también utiliza a los canes de la raza Kelpie para el rodeo, pero una vez finalizada la labor, “mis perros quedan atados porque son de una raza enérgica y eso lo aprendí en los cursos de adiestramiento del SUL”, precisó. Ramos concluyó que esta situación, sumada a un quebranto de salud, lo llevarán a cambiar su producción para dedicarse al rubro ganadero y sólo mantener algunos lanares para consumo.
