Hoy y mañana, en la vecina ciudad de Colón, Entre Ríos, se llevará a cabo la segunda edición de la Feria del Libro, denominada en esta oportunidad “Literal”, que reunirá a destacados autores de distintos géneros. Durante las jornadas, los escritores compartirán su experiencia y sus creaciones, en un ambiente propicio para el intercambio cultural.
En este marco, la Red de Biblioheladeras de Paysandú –declarada de interés ministerial el año pasado– dirá presente con la participación de algunos de sus colaboradores. La coordinadora, Mabel de Agostini, indicó a EL TELEGRAFO la satisfacción de haber sido invitados “para sembrar un proyecto que aspiran se convierta en una red de carácter binacional, que apueste a fomentar la lectura como forma de vida”.
De Agostini destacó que la invitación a formar parte de la Feria en Colón “llega en un momento en que sienten que la masa está fermentada”, gracias al destaque que lograron tener en la última Feria del Libro de Paysandú, donde fueron convocados por la entonces directora de Cultura, maestra Laura Juan, “una defensora de la lectura”.
“Después de cinco años que no participábamos de la Feria del Libro de Paysandú fuimos invitados por la directora de Cultura en ejercicio, cuando se hizo la Feria, que era Laura Juan, a participar de esta última edición.
Fuimos con mucha alegría y expectativa de poder repetir o parecernos a lo que había sido nuestra experiencia en la edición de 2019, donde la Red de Biblioheladeras había tenido un éxito total. Y eso se volvió a dar. Estuvimos los tres días de feria en Paysandú desde las 9 hasta las 20, siendo visitados por cantidad de público infantil, escuelas públicas, colegios privados, clubes juveniles, personas adultas y grupos de la tercera edad donde se leyó mucho y nos conectamos con gente de Colón que estaban exponiendo sus libros y hablando un poco de su cultura de lectura”, relató.
La coordinadora recordó que “generamos un excelente vínculo con los expositores argentinos que participaron de la Feria en Paysandú, porque nosotros tuvimos un lugar de privilegio ya que estábamos al frente, pero ellos estaban pegaditos a nosotros y así empezó la conversación y ellos se interesaron mucho en ver qué eran esas heladeras con libros. Les llamó la atención y eso que llevamos solo tres, pero fueron de puertas abiertas, repletas de colores y libros de todo género, con cantidad de material para incentivar a los gurises como marcadores, stickers, el logo de la Red, y quedaron muy entusiasmados porque no conocían el proyecto. Se lo contamos por arriba, más o menos de cómo lo trabajábamos, cómo había nacido y cómo funcionaba, y ahora nos llegó la grata sorpresa de que frente al no conocimiento del proyecto nos pidieron que vayamos a contar a su Feria del Libro Literal y exponer acerca del proyecto”.
En cuanto a la experiencia, De Agostini subrayó que “las experiencias son intransferibles, pero tenemos la suerte de que ellos ya conocieron parte de este proyecto porque lo vieron y notaron el aglomeramiento de gurises durante todo el día, en un clima de alegría y con lectura permanente, no solo mediada por la gente de la Red sino de padres que se sentaban a leerle a sus hijos, abuelas a sus nietos, maestras a sus alumnos, el club de vida Pasionaria que está formado por adultos y leyeron. Quedaron prendidos con eso y nos convocaron para formar parte de su evento en Colón”.
La invitación, aseguró, fue recibida “con una tremenda alegría porque nos encuentra a la Red de Biblioheladeras en momento donde es como que nos agregaron levadura, estamos creciendo de manera impresionante. Tenemos biblioheladeras inauguradas recientemente, otras cuatro a inaugurarse durante este mes y otras para más adelante”, dijo De Agostini a la vez que aseguró que anhelan que esta sea la puerta para que la Red se torne de carácter binacional. La primera experiencia de esta propuesta surgió en 2017 en el Cecap (Centro Educativo de Capacitación, Artes y Producción), donde De Agostini se desempeñaba como tallerista de lectura y, por entonces, como referente del Plan Nacional de Lectura. La idea consiste en utilizar heladeras en desuso, que suelen ser chatarra, para acondicionarlas y usarlas como bibliotecas comunitarias, abiertas a todo público.


