Hace unos días, el músico sanducero Regi Hernández compartía en sus redes una reflexión que bien podría funcionar como manifiesto. Decía más o menos algo como esto: “El que cree que la música instrumental es para músicos, debería creer que la poesía es para poetas, la pintura es para pintores, el dibujo para dibujantes, el deporte para deportistas, la política para políticos…” Con esas palabras Hernández anunciaba el lanzamiento en plataformas digitales de Viajantes, su nuevo álbum de guitarra solista, en el que versiona canciones de autores sanduceros.
Regi Hernández –nombre artístico de Matías Hernández Coria– es arreglador, compositor y productor musical. Talentoso y creativo, se destaca por su soltura para abordar los géneros más diversos. Se destacó durante muchos años, integrando bandas como La Rikardo, Cosas que decir o Trashumante, o como acompañante de artistas como Laura González Cabezudo, Omar Romano, Sergio Franco, Ernesto Amir, Tito Mendaro o la armonicista argentina Carla Rossi, entre muchos otros de una larguísima lista. Desde 2023 integra el trío de guitarras La Crisis Uruguaya, junto a Martín Arbelo y Juan Ramírez Olivera, grupo que recientemente publicó su primer álbum, Cosa e’ milico. Además, Hernández desarrolla una intensa actividad como productor y técnico de grabación desde su estudio Cámara Escéptica, por donde han pasado numerosos artistas y proyectos locales.
Canciones con identidad sanducera
Pero vayamos a lo que hoy nos ocupa: el trabajo de Regi como guitarrista solista, área en la que venido construyendo una obra instrumental sólida y exquisita, que difunde con dedicación y sin estridencias. Entre sus trabajos anteriores se destacan los tres volúmenes de Milongas Escépticas, que él mismo describía en una entrevista: “El primero es totalmente acústico, grabado con tres guitarras con cuerdas de nailon y un guitarrón. El volumen 2 está grabado íntegramente con guitarras acústicas e incluye algunas percusiones, otros instrumentos y algunos samplers. El tercero, más experimental, se grabó todo con guitarras eléctricas, pero manteniendo siempre la esencia folclórica. Con la milonga como inspiración, explora diferentes géneros como el trap y el rap”. Posteriormente lanzó un single, Sociedad Tilinga, en la misma línea.
Con toda esa historia musical, no sorprende que Hernández conozca como pocos el relato artístico que rescata en su nuevo trabajo, donde reúne una serie de músicas que tienen más que ver con el espíritu de un lugar –Paysandú– que con el marketing o la cantidad de visualizaciones que puedan llegar a obtener. Viajantes se abre con “Caricaturas del paso del tiempo”, de José “Chino” Machín. Originalmente, esta canción formó parte del disco Devuelvan el futuro a los soñadores, publicado en 1982 por Desolángeles, el grupo que integraba Machín junto a los montevideanos José Pieri y María Rodríguez. Le sigue “Cenicienta piromántica”, de Eduardo “Chito” Lemes, tema perteneciente al álbum homónimo de la banda Aprenda Electrónica en 15 Días, lanzado en 1997. En tercer lugar aparece “Espíritu negro”, de César “Pato” Viola, otro compositor sanducero muy admirado por sus pares, que desde hace algunos años permanece alejado de los escenarios.
El cuarto tema es “Los creadores”, de Sergio Franco, conocido también como Eduardo Franco Junior. Fallecido en 2012, Sergio fue un músico y compositor de extraordinario talento. Compuso esta obra en 1989 como homenaje a su padre, Eduardo Franco, el siempre recordado cantante de Los Iracundos. Luego llega “Mi fortuna”, un estilo de Aníbal Sampayo, menos conocido que sus clásicos pero de una singular belleza. Y el álbum se cierra con “Paulina”, de Gustavo Volpe, otro músico sanducero de gran talento, con quien Hernández compartió el proyecto Trashumante, banda que en 2009 publicó el disco Buscando la medida. Viajantes es una producción despojada, sin artificios técnicos, en la que el músico se vale únicamente de su instrumento, su técnica y su sensibilidad. Y no parece necesitar más. Respetando las melodías originales, Hernández las recrea con arreglos muy personales y creativos, que las proyectan hacia nuevas lecturas. Al fin y al cabo, se trata de música enmarcada en una historia que el propio guitarrista conoce desde adentro, y de la que es parte. Como en sus trabajos anteriores, el arte de tapa fue realizado por Maximiliano Salvatore, de Rosario (Santa Fe, Argentina), quien –según cuenta Regi– “recortó varias enciclopedias e hizo este collage impresionante”.

