Una charla para poner en números y leyes lo que pasa arriba del escenario

En Casa de Cultura de Paysandú, una charla titulada “El camino del artista hacia nuestros derechos” reunió a especialistas y creadores para debatir la estructura jurídica y las dificultades económicas que enfrentan los artistas en Uruguay. La actividad, organizada por el Centro de Estudios Paysandú (CEP) y la Dirección de Cultura de la Intendencia, contó con la participación de la abogada especialista en propiedad intelectual Martha Caviglia, la compositora y rapera Clipper (Josefina Tomás Araya) y José Luis Azaretto, presidente de la Federación Uruguaya de Músicos.

Hablar de dinero, una barrera cultural

Clipper –nombre artístico de Josefina Tomás Araya– abrió la charla desde la experiencia personal. Recordó que subió por primera vez a un escenario a los 15 años y que la formación artística la llevó desde La Paloma a Buenos Aires, donde estudió teatro musical. Pero su intervención no se centró en la biografía, sino en un punto crítico, en la resistencia que muchos artistas tienen a hablar de números.

“Los artistas, de a poco, tenemos que irnos amigando con el dinero”, dijo, en una frase que sintetizó buena parte del encuentro. No se refería a la ambición personal, sino a conocer qué se cobra, quién lo paga, qué porcentaje corresponde a cada parte y cómo funciona la cadena de derechos que genera una obra cuando se comercializa, se interpreta o se reproduce.

Clipper explicó que en Uruguay –como en el resto del mundo– una canción genera simultáneamente distintos derechos: los del autor, los del intérprete y los de los productores fonográficos. En la teoría, el reparto está reglamentado: 60% para autores, 40% para intérpretes y productores. Pero la realidad está lejos de esa claridad.

La rapera dio un ejemplo concreto. Las plataformas como Spotify pagan a Uruguay alrededor del 70% de lo que genera una reproducción. Ese dinero debería distribuirse entre las distintas partes, y una porción debería llegar a los intérpretes a través de Sudei, la entidad que gestiona esos derechos. “No está llegando”, señaló. “Hoy, en Uruguay, los intérpretes no cobramos por plataformas digitales”.
La consecuencia, explicó, no es solo económica. Es un problema de desconocimiento: muchos artistas no saben qué se paga, por qué se paga, ni cómo reclamar. “El talento no alcanza sin conocimientos ni derechos”, sintetizó.

Un patrimonio que nace en el momento de crear

Martha Caviglia tomó la palabra para ordenar el marco jurídico de manera contundente. A diferencia de lo que muchos creen, una obra se encuentra protegida desde el momento de su creación. No es necesario registrarla para que adquiera valor legal, aunque el registro facilita la prueba en caso de conflicto.