Con la Basílica colmada de público, pasó por Paysandú Orgues de Grandeur, espectáculo que llegó a la ciudad en el marco del 39º Festival Internacional de Órgano del Uruguay, como parte de una gira por el país que continuará en Argentina y Suiza. El trío integrado por la soprano Sofía Rauss, el organista Antonio García y el percusionista Pascal Viglino desplegó una propuesta que se aparta del formato tradicional de concierto para transformarse en una experiencia sonora, espacial y escénica de carácter inmersivo.
Antes de que comenzara la música, una integrante de la Comisión del Órgano de la Basílica de Paysandú dio la bienvenida al público y contextualizó el espectáculo, solicitando silenciar los teléfonos celulares y reservar los aplausos hasta el final, ya que la obra está concebida como un recorrido continuo. Se recordó que la gira había comenzado el jueves anterior en Montevideo, continuó el domingo en la Catedral de Salto y culminaba esa noche en Paysandú. En las tres ciudades, los músicos además ofrecieron clases magistrales y talleres.
Diálogo entre épocas y estéticas
Desde el inicio quedó claro que Orgues de Grandeur no proponía una simple sucesión de obras, sino una verdadera dramaturgia acústica, en la que el espacio de la iglesia fue concebido como un instrumento más. Percusiones dispuestas en distintos puntos del templo, fuentes sonoras en movimiento, y un diálogo permanente entre teclados, percusiones y voz construyeron un paisaje sonoro envolvente, en el que el público se vio inmerso y, en cierto modo, sorprendido, ya que no siempre era posible identificar con precisión de dónde provenía el sonido o quién lo producía.
El programa propuso un diálogo fluido entre músicas de distintas épocas y estéticas. Obras de Rameau, Lully, Hesse, Händel, Liszt, Granados, Ginastera, Vierne y Arvo Pärt se encadenaron sin interrupciones con una creación del compositor suizo Valentín Villard, escrita especialmente para esta gira. En esta obra, como en otros momentos del concierto, los instrumentos y la voz se respondían, se influían y se entrelazaban hasta borrar sus límites habituales: sonidos vocales de carácter percusivo, gestos instrumentales que adquirían cualidades casi vocales, momentos en los que los tres músicos unían sus voces y texturas que parecían surgir del propio edificio.

La música y el espacio
Tal como explicó Sofía Rauss –suiza y uruguaya, hija de la reconocida organista Cristina García Banegas y de padre helvético–, la propuesta se apoya en un trabajo consciente con la espacialidad que apunta a involucrar otros sentidos, más allá de la escucha convencional. El concierto, señaló, funciona como un viaje que se desarrolla desde el comienzo hasta el final, y por eso no admite cortes ni aplausos intermedios. En ese recorrido, cada instrumento despliega todas sus posibilidades: el órgano, con su enorme rango dinámico y su potencia orquestal, alternándose por momentos con teclados más pequeños; la percusión, que por momentos se aleja de su rol rítmico habitual para explorar timbres, colores y climas ambientales; y la voz, que amplía su registro expresivo incorporando recursos no tradicionales del canto lírico, especialmente en la obra contemporánea. Desde el punto de vista instrumental, el organista Antonio García –de padre peruano y madre suiza– sumó al órgano principal otros teclados y dispositivos sonoros como el clave, el acordeón y el pequeño órgano portátil OrgelKids. Este instrumento, explicó, forma parte de un proyecto pedagógico creado para comprender cómo se construye y cómo funciona un órgano –experiencia que desarrolló en un taller realizado el lunes en la Basílica– y para llevarlo fuera de iglesias, escuelas y otros ámbitos. Con él se interpretaron obras de Enrique Granados y Alberto Ginastera.
El trabajo del percusionista, por su parte, abarcó un amplio abanico tímbrico que incluyó desde un bombo legüero, un gong y un vibráfono, hasta platillos, campanas y una variedad de accesorios y objetos sonoros de pequeño formato, utilizados tanto con fines rítmicos como ambientales. En ese marco, García definió el enfoque del trío dentro del concepto de teatro musical, entendido no como musical escénico, u ópera, sino como una manera de concebir la música como acción: transiciones cuidadosamente pensadas, uso del cuerpo, desplazamiento en el espacio y articulación continua entre piezas, en oposición al esquema tradicional de “tocar y esperar el aplauso”. Esa lógica permitió integrar repertorios diversos –desde la música antigua hasta la contemporánea, pasando por lo clásico, lo romántico y lo folclórico– en un recorrido coherente, atendiendo a tonalidades, energías y posibilidades acústicas del lugar.
Un final cargado de emoción
Tras el cierre del programa, y antes del bis, Sofía Rauss tomó la palabra para agradecer al público y subrayar la carga emocional de la noche, al tratarse del último concierto de la gira en Uruguay. Agradeció especialmente el apoyo de la Embajada de Suiza, de Mario D’Amico y de la Comisión del Órgano de la Basílica de Paysandú, que asumió el principal esfuerzo económico local para hacer posible el espectáculo, complementado por el respaldo de instituciones suizas y uruguayas, empresas locales, socios, la Intendencia de Paysandú, EL TELEGRAFO, y una colaboración anónima destacada. También se destacó el trabajo de Guillermo Genolet, técnico de la Dirección de Cultura, responsable de la gestión de las luces que acompañaron y realzaron la propuesta escénica.
El concierto concluyó con una canción tradicional suiza-alemana del siglo XVIII, que funcionó como un gesto de cercanía y agradecimiento, y como cierre natural de un recorrido que, durante más de una hora, invitó a escuchar, ver y sentir la música desde otra perspectiva.
