Escribe: Lic. Ps. Yasmín Buono: Cuando el problema es lo que toleramos

Durante años se ha repetido una explicación casi automática donde no existe demasiado análisis y parece hasta del lenguaje popular: frente a ciertas situaciones relacionales, si alguien permanece en un vínculo donde no es respetado el problema es la baja autoestima. La idea parece bastante intuitiva. Si una persona se valorara más se iría. Si se quisiera más, no permitiría el maltrato.

Sin embargo, la experiencia clínica y la investigación psicológica muestran que el fenómeno no es tan simple, es mucho más complejo. No siempre se trata de cuánto se quiere una persona, sino de cuánto aprendió a tolerar.

El aprendizaje de seguir “aguantando”

En consulta es frecuente escuchar a personas que expresan tener baja autoestima pero cuando se analiza la situación aparece otro patrón: permanecen en contextos donde no se las valora, justifican conductas que les hacen daño o sostienen vínculos que, si los observaran de afuera, no tolerarían por mucho tiempo. Es importante decir que ese patrón muchas veces no se manifiesta de forma espontánea. En muchos casos, es el resultado de aprendizajes tempranos donde tolerar pudo haber tenido sentido en algún momento de la vida con el objetivo de evitar conflictos, reducir el daño o mantener un vínculo significativo por ejemplo, de los cuidadores.

El problema surge cuando esa estrategia se vuelve automática y se generaliza a diferentes ámbitos de la vida.

La psicóloga Susan David, investigadora galardonada en la Universidad de Harvard, sostiene que muchas personas terminan atrapadas en patrones de conducta que alguna vez fueron funcionales, es decir tuvieron un sentido pero con el tiempo se vuelven rígidos, alejándolas de una vida más alineada con sus valores.

El miedo que sostiene los vínculos dañinos

Una de las razones por las que estos patrones persisten tiene que ver con la dificultad humana para convivir y poder sostener cierta dificultad emocional.

El miedo al conflicto, al rechazo o a la soledad puede llevar a justificar situaciones que generan sufrimiento y la persona no aprendió y no cuenta con las herramientas internas suficientes para lidiar con ese malestar.

El psicólogo Steven Hayes ha investigado ampliamente este fenómeno. Según sus estudios, las personas podrían quedar atrapadas en un intento constante por evitar el malestar emocional. Paradójicamente, ese esfuerzo por no sentir la incomodidad termina sosteniendo dinámicas que profundizan el problema. Es importante agregar además que podría acompañarse de adicciones, trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad elevada, depresión, insomnio, etcétera.

Las frases motivacionales no alcanzan

En este contexto, repetir frases positivas sobre el propio valor rara vez produce cambios profundos. Las transformaciones que se producen a nivel psicológico y llegan a ser duraderas no dependen únicamente de lo que una persona piensa sobre sí misma, sino de las conductas que está dispuesta a poner en práctica.

La evidencia clínica muestra que el cambio suele comenzar cuando las personas comprenden la raíz de sus conflictos y comienzan a actuar de manera diferente, incluso cuando aparecen estados emocionales que generan incomodidad.

La pregunta central entonces no es cómo evitar el malestar, sino qué tipo de vida se quiere construir y cuáles herramientas internas son necesarias. (097352937).