Con la participación del urbanista estadounidense Gerald Autler, la Universidad Tecnológica desarrolla este lunes y martes en Paysandú el taller “Ciudades Futuras”, una propuesta orientada a reflexionar sobre sostenibilidad, resiliencia urbana y planificación participativa frente a los desafíos del cambio climático.
Las jornadas reúnen a actores institucionales, técnicos, estudiantes y público interesado para debatir sobre planificación urbana, sostenibilidad e infraestructura resiliente.
Autler, especialista en planificación participativa e infraestructura verde, con más de dos décadas de experiencia en la ciudad de Boston y antecedentes de trabajo junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Departamento de Estado de Estados Unidos, explicó en rueda de prensa, que el proyecto busca no solo abordar temas vinculados al urbanismo y el cambio climático, sino también fortalecer vínculos entre las sedes de UTEC y las comunidades donde están insertas.
“Queremos entrar en algunos de los temas que he abordado a lo largo de mi carrera, resiliencia urbana y sostenibilidad, que tienen relevancia en todo el mundo”, señaló. En ese sentido, indicó que uno de los objetivos es intercambiar experiencias sobre la forma en que las universidades se relacionan con sus territorios y cómo los estudiantes pueden involucrarse en la búsqueda de soluciones para problemas urbanos y ambientales.
Precisamente, según explicó, la propuesta apunta además a “ver cómo podemos concientizar a los estudiantes en programas técnicos sobre los temas de urbanismo que nos afectan a todos con la idea de que (…) pueden aprovechar sus destrezas y aprendizaje de la universidad para contribuir a resolver y afrontar algunos de esos retos en cuanto a cambio climático”.
EL DESAFÍO DE IMAGINAR CIUDADES MÁS EQUITATIVAS
Consultado sobre cómo podemos imaginar ciudades futuras capaces de combinar innovación tecnológica, inclusión social y acceso equitativo a los servicios, el experto reconoció que no tiene respuestas simples. Autler sostuvo que se trata de una preocupación presente también en ciudades altamente desarrolladas como Boston, donde existe un fuerte crecimiento vinculado a la tecnología, las universidades y las ciencias de la vida, “pero seguimos en esa lucha de ver cómo podemos asegurar que todos los ciudadanos se beneficien de ese desarrollo económico”.
“No tenemos todas las soluciones, pero sí es algo que nos preocupa mucho”, afirmó.
Como ejemplo, mencionó el plan de bosque urbano, que se impulsa actualmente en Boston, orientado a priorizar inversiones en las zonas históricamente más vulnerables y con menor acceso a espacios verdes.
“Una de las metas claves es ver las zonas que no se han beneficiado tradicionalmente de inversiones en espacios verdes y priorizar las inversiones en esas áreas para garantizar o intentar que todo el mundo tenga ese mismo nivel de servicios o de beneficios”, explicó.
El urbanista destacó que la infraestructura verde no solo contribuye a mejorar la calidad ambiental de las ciudades, sino también a enfrentar fenómenos cada vez más frecuentes asociados al cambio climático, como las olas de calor o las inundaciones urbanas.
INUNDACIONES Y CAMBIO CLIMÁTICO
Preguntado sobre cuáles son las prioridades más urgentes en materia de resiliencia urbana para la región, Autler aclaró que lleva pocas horas en Paysandú, pero “lo que tengo entendido es que las inundaciones fluviales son quizás el tema más importante. Y las inundaciones, tanto crecidas de río, como el río Uruguay que tienen aquí, como inundaciones pluviales en el interior van a ser desafíos muy importantes”, apuntó.
Aunque aclaró que la realidad de Boston es distinta, sostuvo que existen puntos de contacto entre ambos territorios en cuanto a la necesidad de planificar intervenciones físicas y sociales capaces de reducir vulnerabilidades.
Además, remarcó que conceptos como la infraestructura verde pueden adaptarse a distintos contextos. Según detalló, este tipo de estrategias permiten absorber agua de lluvia, reducir la presión sobre los sistemas de alcantarillado y mitigar las llamadas “islas de calor”, generadas por el aumento sostenido de las temperaturas a raíz del cambio climático.
“Es una forma de evitar inundaciones, absorber más agua pluvial y asegurar que se infiltre antes de llegar al alcantarillado”, señaló.
LA IMPORTANCIA DE ESCUCHAR A QUIENES VIVEN EN EL TERRITORIO
Respecto a la participación ciudadana en los procesos de planificación urbana, Autler entendió que uno de los errores históricos más frecuentes en las ciudades ha sido diseñar proyectos sin incorporar la mirada de las personas directamente afectadas.
El tema de la participación ciudadana “es algo que he hecho mucho a lo largo de mi carrera y, al final, las personas que viven en un lugar son las que mejor conocen ese lugar. Las decisiones que tomamos los funcionarios públicos, los planificadores, afectan a esas personas y tenemos que tomar en cuenta su opinión”, sostuvo.
Como ejemplo, relató una experiencia comentada recientemente con referentes de UTEC vinculada a un asentamiento donde técnicos planteaban canalizar un curso de agua para evitar inundaciones, mientras que los vecinos defendían la permanencia del arroyo por su valor ambiental y social.
“Lo que desde el punto de vista técnico tiene mucho sentido, que es canalizar el agua para evitar problemas, a lo mejor no es la mejor solución tomando en cuenta todos los factores técnicos, sociales, etcétera”, reflexionó.
En ese sentido, destacó que actualmente existen proyectos capaces de combinar control hídrico, recuperación de ecosistemas y generación de espacios públicos de calidad, integrando beneficios ambientales, sanitarios y comunitarios.
Autler también refirió que durante buena parte del siglo XX, en Estados Unidos, las decisiones en materia de planificación urbana eran tomadas exclusivamente por técnicos y autoridades, sin consultar a las comunidades afectadas. “Pasamos por una época en que los funcionarios y técnicos tomaban decisiones sin hablar con las personas afectadas”, afirmó.
Según explicó, ello derivó en proyectos que transformaron barrios enteros sin considerar el impacto social sobre sus habitantes. Entre ellos mencionó un caso “que el plan era construir una carretera y al final hubo tanta oposición de parte de los ciudadanos que se canceló el proyecto”.
Señaló que actualmente el escenario es diferente y existe una búsqueda mucho mayor de participación pública, aunque reconoció que en ocasiones los procesos pueden volverse demasiado lentos por la cantidad de instancias de consulta. “A veces nos paralizamos un poco, no tomamos decisiones porque queremos (…) escuchar tantas opiniones”, no obstante, “prefiero ese problema al que teníamos antes”, aseguró.


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