¡Qué palabras difíciles! La mayoría de la gente, incluida quien suscribe, nunca las habíamos escuchado. Hoy me atrevo a escribir sobre ellas porque me basaré en lo que dicen médicos e investigadores, que supongo saben lo que dicen.
El cuerpo humano es una máquina maravillosa, que ninguna IA podrá jamás sustituir. Y hasta ahora se sabe poco sobre el funcionamiento del organismo, de cómo logra la homeostasis, o sea, el equilibrio interno entre los diferentes sistemas que lo componen.
En el fondo, es todo química y física cuántica, como se dice ahora, pequeñísimas, microscópicas partículas que forman los átomos, nuestro organismo depende de la mayor o menor energía que esas partículas proporcionan.
El psoas es uno de los principales músculos del cuerpo, profundo y potente, estabilizador, que conecta la zona lumbar con las piernas. Se origina en las vértebras lumbares y se inserta en el fémur. En realidad son dos, derecho e izquierdo. Su función es estabilizar la zona lumbar, permite caminar, correr, levantar la pierna, girar la cadera. Su tensión puede provocar dolor lumbar, de cadera o ciática, por eso es vital estirarlo con ejercicios.
Pero su papel va más allá del movimiento, está relacionado con el diafragma y con nuestra respuesta al estrés. Refleja nuestro estado emotivo y energético. Por eso algunos lo llaman “el músculo del alma”. Para algunos filósofos orientales es el centro de la energía emocional.
Un psoas acortado o en tensión (por la sobrecarga, el exceso de sedentarismo o el entrenamiento intenso) provoca desequilibrios en pelvis y columna, y dolor lumbar o inguinal.
El nervio vago, es el décimo par nervioso craneano y un elemento esencial en el SNA, Sistema Nervioso Autónomo, que produce los movimientos involuntarios del cuerpo, y está conformado por tres sistemas: el sistema nervioso simpático, el SN parasimpático y el SN entérico. El sistema nervioso autónomo (SNA) se encarga de controlar todas las funciones involuntarias: la respiración, la circulación de la sangre, la digestión, la función renal, dado que nuestro cuerpo está diseñado para sobrevivir.
El nervio vago (derecho e izquierdo) desciende desde el cerebro hasta el cuello, el tórax y el abdomen, con sus ramificaciones. Conecta el corazón, los pulmones el diafragma y los órganos digestivos, los riñones, hasta el intestino grueso.
En realidad, el SN simpático y el parasimpático trabajan juntos, con predominancia de uno u otro, para lograr un equilibrio dinámico.
Cuando el vago está activo, promueve el modo “Descanso y Digestión”, ayudando al organismo a recuperarse de las situaciones de estrés, relajarse y mantener el equilibrio interno. El vago no es un “holgazán”. Esa palabra, en latín, significa “ambular”, es como un vagabundo que deambula, errante, por todo el cuerpo.
El psoas se conecta con el diafragma mediante las fascias. ¿Qué es la fascia? Es una especie de malla, una red de tejido conectivo que recorre todo el cuerpo, envuelve y sostiene músculos, órganos, nervios y huesos, los mantiene en su lugar y permite que trabajen en forma coordinada. También participa en la transmisión de fuerzas y en la comunicación de las distintas partes del cuerpo.
El vago atraviesa el diafragma y cuando el diafragma se bloquea, se ve afectado y el cuerpo entra en el modo estrés, de Lucha y Huida (predomina entonces el sistema simpático, que acelera) el cuerpo se prepara para defenderse del peligro, real o imaginario. En situaciones de miedo, ansiedad o alerta, el cuerpo activa el sistema simpático, modo supervivencia. El diafragma se contrae, el psoas también, el cuerpo queda en tensión.
Lo asombroso es que esta respuesta se produce a veces cuando el peligro no es real, por ejemplo, cuando vemos una película o video de terror.
En esas situaciones, el vago se ve afectado, la respiración se vuelve corta y superficial, el corazón acelera sus latidos, sube la presión arterial, la digestión se enlentece, aumenta la sensación de ansiedad, la preocupación. Las glándulas suprarrenales producen adrenalina, y si el estrés se prolonga, el cuerpo libera el cortisol y otras hormonas que son muy perjudiciales para las neuronas y para todo el organismo, (inflamación en distintos sistemas del organismo). Este estrés impacta en los sentimientos, las emociones y los pensamientos.
Liberar el psoas y mejorar la movilidad del diafragma tiene un impacto directo en la actividad del nervio vago y en la sensación de calma profunda. Tenemos que aprender a estirar y relajar el psoas, y a frenar el sistema simpático. Una forma de hacerlo es respirar hondo y lentamente. El vago es como el interruptor de apagado.
La microbita es el conjunto de microorganismos, bacterias, hongos y otros, que viven en nuestro cuerpo, principalmente en el intestino, cuya función es defender al cuerpo de bacterias invasoras y patógenos. Pero también trabajan en la digestión de los alimentos y extraen determinadas sustancias que son básicas para el cerebro. Sintetizan sustancias químicas (neurotransmisores y hormonas), que a su vez estimulan al N vago y activan partes del cerebro. El kefir, el yogur, las fibras vegetales, los granos, sirven para alimentar a la microbiota.
Es importante destacar que el sistema nervioso entérico se refiere a la microbiota y a las neuronas que existen en el intestino. Son tantas y tan importantes que el intestino ha sido llamado “el segundo cerebro”, porque es allí donde se produce gran parte de la serotonina, la dopamina, el GABA y otras hormonas y neurotransmisores. Actualmente se sigue investigando sobre el sistema nervioso y el cerebro, nunca se sabe todo.
El vago conecta el intestino con el cerebro, es como una autopista de información, permite que las emociones y los sentimientos sean modulados por la actividad intestinal y viceversa. Ejemplo, el miedo provoca problemas intestinales.
Una microbiota saludable puede mejorar el estado de ánimo, la cognición y el comportamiento. Un desequilibrio puede estar relacionado con la ansiedad y la depresión.
¿Cómo proteger el psoas, el vago, la microbiota y sentirnos bien? Respirando profundo y lentamente. Caminando. Hablando despacio, sin prisas. Disfrutando del silencio. Meditando. Cuidando la dieta. Controlando la presión arterial y la glicemia. Practicando yoga u otros ejercicios. Y por último, manteniendo los vínculos sociales.
No olvidemos que todos somos humanos, seres sociales que necesitamos a los demás.
Tía Nilda


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