El caso del intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, es un ejemplo claro. Puede tener gestión local, puede tener presencia departamental, pero la política nacional exige otra estatura, otra capacidad de síntesis, otra densidad política. Y eso, hoy, no se ve.
A su lado, figuras como Carmelo Vidalín, con una postura crítica del rumbo actual, marcan algo que es real: hay incomodidad interna. Pero la crítica, si no se transforma en alternativa, queda en gesto.
Y después están las contradicciones que erosionan la credibilidad.
El caso de él es paradigmático. Se lo convoca a asumir una suplencia en el Senado, se posiciona, pero al mismo tiempo no termina de dar el paso ni de correrse del todo. Entonces la pregunta es inevitable: si no está de acuerdo con el rumbo, ¿por qué no renunciar y generar un gesto político claro? En política, los gestos importan. Y mucho.
Porque lo que hoy transmite el Partido Nacional no es debate interno saludable, sino confusión. No es diversidad de liderazgos, sino dispersión. No es renovación, sino falta de conducción.
Y eso tiene consecuencias.
Un partido sin liderazgo claro no solo pierde rumbo: pierde futuro.
Lo más duro de todo esto es que quienes dimos un paso al costado –como en mi caso después de haber sido diputado, intendente y representante en la Comisión Administradora del Río Uruguay– lo hicimos, en parte, porque dejamos de reconocernos en ese espacio. Y cuando alguien con trayectoria dice “ya no tengo partido”, no es una frase más: es un síntoma grave.
Porque los partidos políticos no son sellos electorales. Son comunidades de valores, de historia, de identidad.
Si eso se pierde, todo lo demás es secundario.
El Partido Nacional todavía está a tiempo. Pero el tiempo no es infinito. O aparece un liderazgo que ordene, que convoque, que recupere el espíritu wilsonista en serio –no como consigna vacía–, o el partido seguirá desdibujándose lentamente, atrapado entre el poder coyuntural y la falta de alma.
Y en política, cuando se pierde el alma… lo demás tarde o temprano también se pierde.
Ing. Agrim. David Doti

