El bioetanol que Ancap compra a la empresa estatal cuesta muy por encima del precio internacional, y esa diferencia la pagan todos los uruguayos en el surtidor. A ese sobrecosto se suma el de la actividad azucarera de Bella Unión, que la propia conducción de ALUR califica de “ineficiente”. El complejo da resultado contable positivo, pero no porque compita en el mercado, sino porque el Estado le garantiza la compra de sus biocombustibles con sobreprecio.
Cada vez que un uruguayo carga nafta, una porción del precio que paga financia la producción de bioetanol de Alcoholes del Uruguay (ALUR), la empresa del grupo Ancap. La Ley de Agrocombustibles obliga a mezclar etanol nacional en las gasolinas, y ese etanol cuesta sensiblemente más que el del mercado internacional. La diferencia es, en los hechos, un subsidio que se traslada al consumidor final. Y la actividad azucarera del mismo complejo, en Bella Unión, agrega su propio déficit estructural.
Cuánto etanol compra Ancap
Según los datos de producción más recientes, ALUR produce alrededor de 30.000 metros cúbicos anuales de bioetanol en Bella Unión y entre 60.000 y 70.000 metros cúbicos en Paysandú, y prácticamente la totalidad de esa producción se destina a Ancap para su mezcla con gasolinas. El propio, Álvaro Lorenzo, exgerente general de la empresa, lo definió sin rodeos: “Tenemos un cliente cautivo y atendemos prácticamente el 100% del etanol que producimos”.
Ese volumen coincide con la demanda del corte obligatorio. En 2024 Ancap vendió combustibles al mercado interno por 2.364.200 metros cúbicos, de los cuales la nafta representó el 39%, unos 922.000 metros cúbicos. Con una mezcla cercana al 9,8%, las naftas absorben alrededor de 90.000 metros cúbicos de etanol al año, casi exactamente lo que ALUR produce.
Cuatro veces más caro en Bella Unión
La clave del sobrecosto está en el precio. Según información difundida en setiembre de 2025, el bioetanol de ALUR cuesta unos 1.100 dólares por metro cúbico en la planta de Paysandú, que usa maíz y sorgo, y alrededor de 2.900 dólares por metro cúbico en Bella Unión, que usa caña de azúcar. En el mercado regional, en cambio, el bioetanol de caña se fijó a comienzos de 2025 en torno a los 680 dólares por metro cúbico y el de maíz en unos 620 dólares.
Cruzando volúmenes y precios surge la dimensión del sobrecosto. En Paysandú, con una producción de unos 65.000 metros cúbicos y un sobreprecio cercano a los 480 dólares por metro cúbico respecto de la referencia regional, el subsidio implícito ronda los 31 millones de dólares anuales. En Bella Unión, con 30.000 metros cúbicos y un sobreprecio de unos 2.220 dólares por metro cúbico, trepa a unos 66 millones de dólares al año. La suma se aproxima a los 100 millones de dólares anuales. El dato más revelador del cálculo es que Bella Unión, pese a producir menos de la mitad del etanol que Paysandú, “genera” más del doble de subsidio, porque su costo de producción es desproporcionadamente alto. La planta de Artigas es, con amplio margen, el principal foco del sobrecosto. Esta estimación es coherente con la única medición independiente disponible: un Comité de Expertos determinó que en 2019 los biocombustibles de ALUR generaron un sobrecosto de 72 millones de dólares frente a lo que hubiese costado importarlos, y destacó que los precios de venta de la empresa son sustancialmente superiores a los del mercado internacional. Aquella cifra era menor porque correspondía a un año de menor producción e incluía el biodiesel, cuya mezcla obligatoria se eliminó en 2022.
Un complejo que produce azúcar y alcohol
Para entender el caso de Bella Unión hay que aclarar primero qué se produce allí. No es una planta dedicada solo al etanol: es un complejo agroindustrial integrado del que se obtienen varios productos a partir de la misma materia prima. En Bella Unión se elabora azúcar blanco refinado, azúcar rubio, bioetanol y energía eléctrica por cogeneración a partir de biomasa. De la caña se extrae el jugo del que se obtiene el azúcar, y la melaza y los excedentes de ese proceso se derivan a la producción de etanol. Es decir, azúcar y alcohol salen en simultáneo de la misma caña.
Los números de la última zafra con datos completos dan la escala de la operación. En la zafra 2024, el ingenio de ALUR en Bella Unión procesó 475.655 toneladas de caña de azúcar sobre 7.093 hectáreas cosechadas, durante más de 180 días de zafra. Fue la cuarta mejor zafra en productividad desde 1970, con un rendimiento de 67,1 toneladas de caña por hectárea y una productividad de azúcar de 7.141 kilos por hectárea. A partir de la caña procesada, el complejo produjo 14.723 toneladas de azúcar blanco refinado y 26.371 metros cúbicos de etanol. Ese azúcar tiene un peso central en el mercado interno: la producción de Bella Unión abastece entre el 55% y el 60% del mercado nacional. Sin embargo, por cada kilo de azúcar que vende Alur, pierde plata.
Por qué el azúcar es deficitario
El componente azucarero de Bella Unión es estructuralmente deficitario, y eso lo reconoce la propia conducción de la empresa. El exgerente general, Álvaro Lorenzo, calificó la actividad agrícola de la caña, en su conjunto, como “ineficiente”, debido a sobrecostos climáticos: el cultivo requiere riego y la cosecha necesita corte manual porque la lluvia impide la mecanización. Por ello ALUR resolvió limitar el área de caña para evitar subsidiar un “modelo concentrador”.
El cultivo de caña en el extremo norte del país, en el límite climático de la especie, encarece la materia prima muy por encima de la de los grandes productores regionales. A esa desventaja agronómica se suma la estructura de costos de la planta: el Comité de Expertos detectó que la mano de obra representó en Bella Unión el 32,5% del costo directo de producción, frente al 9,3% en Paysandú y el 4,2% en la planta de Capurro, lo que indica que la asignación de empleos probablemente no responde a criterios técnicos.
La trampa del “resultado positivo”
Aquí está la sutileza que conviene entender para no errar la interpretación. Una cosa es el resultado contable de ALUR como empresa, y otra distinta es si la actividad es rentable por sí misma o si vive de transferencias. ALUR puede registrar un “resultado positivo” en su balance —como ocurrió en el ejercicio 2024— porque Ancap le compra el etanol a un precio que cubre sus costos. Es decir, la rentabilidad no proviene del mercado libre, sino de que el Estado, a través de la Ley de Agrocombustibles, obliga a mezclar bioetanol en las naftas y Ancap lo paga al precio que le permita a ALUR cubrir sus costos. Conviene además una advertencia metodológica sobre los balances: ALUR no contabiliza los ingresos por ventas de la zafra de caña hasta que esta finaliza, por lo que los balances semestrales pueden arrojar resultados engañosos según el momento del año en que se los mire. Por eso el “resultado positivo” de un ejercicio no debe leerse como prueba de que la actividad es competitiva.
Ancap distingue entre sus dos plantas
La propia conducción de Ancap ha sido explícita sobre la diferencia de eficiencia entre sus dos complejos. Al explicar por qué se buscaba elevar la mezcla de etanol, el expresidente del ente hasta principios de 2025, Alejandro Stipanicic, afirmó: “Estamos analizando levantar la mezcla hasta un 12% para ayudar a la construcción de objetivos ambientales y económicos asociados con metas ambientales, pero además para capturar el valor del aumento de la producción de Bella Unión, sin perder la producción de Paysandú que es la más eficiente”. La distinción es elocuente: la propia empresa ubica a Paysandú como “la más eficiente”, en contraste implícito con Bella Unión.


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