La otra fiebre mundialista

Nos gusta el Mundial, o la Copa Mundial de la FIFA, como les gusta decir a los que se apegan a las formalidades de la denominación oficial del torneo. Nos gusta más que lo esté jugando Uruguay, por supuesto. Y este Mundial en particular, en edición XL, ha traído novedades y confirmaciones, como la locura por las figuritas y su intercambio, que hace tiempo que vienen acaparando espacios y sumando instancias de intercambio que han mutado en verdaderos eventos que convocan especialmente a niños y adolescentes a interactuar. Y eso, en tiempos en los que la denominada “presencialidad”, el encuentro mano a mano, cara a cara, ha dejado de ser la primera opción de interacción entre los seres humanos, no es poca cosa.

Pero en este Mundial están pasando otras cosas. Se ha terminado de desatar una locura por las “pencas”, con varios espacios virtuales que ofrecen la posibilidad de predecir los resultados de los partidos y de competir en grupos de amigos, compañeros de trabajo, familias, clubes, etcétera. Hay varias aplicaciones de celulares que lo permiten. Y lo otro que ha proliferado son las publicidades de las casas de apuestas en línea. Aclaremos esto: estas publicidades están prohibidas en Uruguay porque está prohibida la actividad de estas plataformas extranjeras. Hay una sola plataforma de apuestas deportivas legales en nuestro país y, por supuesto, sus publicidades forman parte de la cartelera de avisos de las transmisiones oficiales, digamos, como la que corre por el Canal 5, el canal oficial público, que es quien detenta los derechos de televisión del máximo evento futbolístico. Podría abrirse un interesante debate sobre si corresponde este tipo de publicidad en este canal, lo mismo que las piezas que promueven el consumo de cerveza, que también las hay.

Pero claro, el Mundial no nos llega solamente por el Canal 5 y la cobertura que, aun sin los derechos para transmitir los partidos, realizan otros medios desde el lugar de los encuentros. Hay toda una oferta de contenidos relacionados con el campeonato del mundo que ingresa a las casas y a los dispositivos de los uruguayos y que “perfora” la prohibición de publicitar plataformas de apuestas. Sin ir más lejos, en la República Argentina esta prohibición no existe y los anuncios de este tipo de negocios tienen menos regulaciones. Sumado a ello, las repercusiones en las redes sociales de lo que ocurre minuto a minuto en la tierra de los campeones mundiales se consumen como pan caliente, y mucho de este contenido nos llega con el adjunto de la publicidad de bet-algo (bet es el inglés de “apuesta”).

Estos coletazos incluyen todo el novelón de los anuncios protagonizados por Diego Armando Maradona y el papa Francisco, o mejor dicho, por sus avatares digitales creados por inteligencia artificial, autorizados, con todos los papeles, pero a la vez con mucho, pero mucho, por discutir en torno a lo oportuno, a lo procedente y al buen gusto con que se desarrollan estas piezas.

Un informe publicado a comienzos de este año, cuando todavía todo estaba bastante frío con respecto al Mundial, indicaba que el 19% de los consumidores a nivel global interesados en seguir el Mundial 2026 planeaba realizar su primera apuesta en línea durante el torneo.

En los estados de EE.UU. donde las apuestas deportivas son legales, el 62% dijo tener intención de apostar, y el 29% indicó que lo haría por primera vez; mayores son los datos de México, donde el 68% planeaba apostar y un 26% serían nuevos apostadores. También el interés internacional se mostraba “sólido” con respecto a la intención de apostar durante la competencia, “especialmente en mercados en los que se establecieron regulaciones recientemente, como Brasil (el 66% planea apostar) y, sobre todo, Perú (85%). La expectativa también es alta en mercados europeos ya consolidados como Italia (64%) y el Reino Unido (60%)”.

Las apuestas además han ganado lugar entre las noticias; basta ver la repercusión que tuvo el caso de quien perdió cerca de un millón de dólares al apostar por un triunfo de España frente a Cabo Verde —un resultado que parecía “cantado” por la diferencia de potencial entre uno y otro equipo—, opción que tenía un favoritismo superior al 90% de probabilidades de ganar, de acuerdo con los análisis de las mismas plataformas, y que terminó en empate.

Hay quienes discuten en redes sociales que las aplicaciones de pencas son como una versión soft o una puerta de entrada al mundo de las apuestas deportivas, en especial para los jóvenes. A primera vista, no es descabellado pensarlo así, aunque habría que pulir un poco la idea.

Pero qué ocurre: hay una diferencia significativa entre lo que pasa en Uruguay y en países como Argentina. En esta orilla, donde las apuestas no son legales, el tema no se aborda de forma preventiva en el trabajo con niños y jóvenes. En Argentina se han preparado materiales de apoyo a los docentes para que el tema pueda plantearse en el aula. ¿Es lo ideal? ¿Mitiga este abordaje el efecto potencialmente nocivo que podría tener el desarrollo de una ludopatía? Probablemente la respuesta en ambos casos sea que no. Sin embargo, es mejor que nada, que parece ser lo que ocurre en Uruguay, donde, como no están habilitadas las apuestas y las plataformas —excepto la que sí lo está, y las pencas, por supuesto— se hace de cuenta como que no existen, mientras por la ventana el mundo se nos cuela, como con tantas otras cosas.

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