Ante la instalación del fenómeno El Niño en Uruguay, desde el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) ponen a disposición del sector agropecuario un completo informe con recomendaciones de manejo para los principales sistemas productivos del país. El objetivo es aportar información que facilite la planificación y la toma de decisiones frente a un escenario que combina oportunidades y desafíos.
El fenómeno El Niño ya se encuentra instalado y, según los principales organismos de monitoreo climático, continuará fortaleciéndose durante los próximos meses. Para Uruguay, esto incrementa la probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal durante la primavera y comienzos del verano, especialmente en la región norte.
El impacto no será uniforme entre regiones, ni sistemas de producción, por lo que las decisiones de manejo deberán adaptarse a cada realidad. Si bien un año Niño suele asociarse a un aumento en las condiciones de disponibilidad hídrica y, por tanto, a oportunidades para aumentar la productividad en algunos sistemas agropecuarios, también implica riesgos derivados del exceso de agua, el aumento de la humedad ambiental y las dificultades sanitarias y operativas que estas condiciones pueden generar.
En ese sentido, los equipos de investigación de INIA trabajaron en el presente informe, identificando oportunidades y riesgos, y aportando recomendaciones de manejo específicas para los sistemas agrícola-ganaderos, lecheros, ganadero extensivos, hortícolas, frutícolas, arroceros y forestales.
Dado que las condiciones climáticas continuarán evolucionando en los próximos meses, este documento debe considerarse una guía de apoyo para la toma de decisiones, a complementarse con el seguimiento permanente de las actualizaciones climáticas y de las herramientas de monitoreo disponibles. La anticipación, el monitoreo y la planificación serán elementos clave para que los sistemas productivos puedan responder de la mejor manera a este escenario.
Sistemas agrícolas ganaderos
Para los cultivos de maíz, en años Niño las evidencias indican que los maíces tempranos son los que más aprovechan el aumento de la disponibilidad hídrica durante el período crítico. Por lo tanto, puede ser conveniente aumentar la proporción de área sembrada tempranamente cuando la logística, las rotaciones y el sistema productivo lo permitan.
Ante un escenario de mayor potencial de rendimiento, la densidad óptima y la dosis económica de nitrógeno podrían ubicarse por encima de las utilizadas en años promedio. Esto requiere ajustar las recomendaciones según ambiente esperado.
Seleccionar adecuadamente ventanas y calidad de siembra, y condiciones de piso para evitar pérdidas por desuniformidad espacial y temporal.
Para cultivos de soja, dado a que la prevención es fundamental, resulta clave utilizar materiales adecuados y considerar el historial sanitario de las chacras.
Se remienda el seguimiento de los pronósticos climáticos y el monitoreo frecuente de los cultivos. Aplicaciones de fungicidas: se deben realizar únicamente cuando el riesgo y el monitoreo lo justifiquen.
En cuanto al trigo y cebada, es esencial realizar un seguimiento temprano, constante y ajustar las estrategias de manejo según las condiciones específicas de cada chacra. El monitoreo temprano y frecuente es la base del manejo integrado de enfermedades. En lotes de mayor riesgo (cultivares susceptibles a intermedios, rastrojos infectados y/o focos tempranos de enfermedad), las decisiones sobre fungicidas deben apoyarse en un diagnóstico correcto, el comportamiento sanitario del cultivar y el pronóstico climático.
En las enfermedades fúngicas foliares, con excepción de la ramulariosis, la aplicación de fungicidas debe realizarse en las etapas iniciales de la epidemia, preferentemente con niveles de severidad bajos (1–5%) o cercanos a la detección en cultivares susceptibles o moderadamente susceptibles, para maximizar su eficacia. No recomendamos realizar aplicaciones antes del macollaje. En esta etapa es preferible optimizar la nutrición y promover bienestar del cultivo.
Sistemas productivos lecheros
Para el sector lecheros, se brindan recomendaciones en los cuidados en la suplementación. Cuando las condiciones del piso limiten el pastoreo y sea necesario aumentar el suministro de reservas forrajeras (ensilaje, henolaje o heno) y/o concentrados fuera de la sala de ordeñe, es importante minimizar la competencia entre animales, asignando suficiente frente de comedero para asegurar un acceso uniforme al alimento y reducir el riesgo de acidosis.
También en manejo del pastoreo cuando hay falta de piso. Tener en cuenta que la vaca necesita echarse por al menos ocho horas, de no poder hacerlo allí, restringirá su tiempo de consumo de pastura o suplemento para hacerlo. Evitar caminatas innecesarias.
Atención a la caminería y cuidados en el preparto y parto, la rutina de ordeñe, cuidados podales y condición corporal.
Pasturas y forrajes
El principal desafío es cómo no desaprovechar la abundancia de pasto barato. Para esto, la solución es combinar pastoreo ajustado y confección de reservas. Es decir, lo que siempre se hace en primavera, pero en este caso con mayor excedente. En años Niño aumenta el potencial de rinde de cultivos para reservas, tanto de verano (maíz, sorgo) como de invierno (cebada), porque se atenúa la principal limitante: disponibilidad hídrica. En praderas y verdeos de base gramínea, en años Niño hay buenas respuestas a nitrógeno incluso en octubre-noviembre, además de la respuesta clásica alta de agosto-setiembre. En cebada, maíz y sorgo el mayor potencial de rinde requiere ajustar hacia arriba la fertilización nitrogenada para poder expresarlo.
Con lluvias más intensas, pueden darse situaciones de anegamiento en áreas bajas. En términos forrajeros esto podría traer pérdida de plantas por hipoxia y por pisoteo, particularmente en alfalfa, y especialmente si el anegamiento coincide con días muy calurosos.
Ganadería extensiva
En un contexto Niño el objetivo central debe orientarse a capitalizar el mayor crecimiento forrajero y transformarlo en resultados sostenibles, maximizando la eficiencia del sistema. El manejo del recurso forrajero adquiere un rol estratégico.
En estos años es habitual la acumulación de pasto maduro y fibroso, lo que puede reducir su valor nutritivo. Por lo tanto, la clave no radica únicamente en la cantidad de forraje disponible, sino en su calidad y utilización eficiente.
Ajustar la carga animal e implementar estrategias de pastoreo que promuevan el recambio de forraje permiten optimizar este recurso. Asimismo, la asignación diferencial de potreros, priorizando los de mayor calidad para las vacas en gestación, lactación y entore, es una práctica de alto impacto.
En el caso de optar por la suplementación o uso de encierros, hay que tener especial cuidado con el tipo de alimentos a utilizar. En particular, tratar de utilizar reservas (henos o silos) combinadas con granos o subproductos, para evitar episodios de acidosis por alto consumo de granos y baja fibra. A su vez, en el caso de subproductos con alto contenido de grasa (afrechillo de arroz entero, extrusados de soja) evitar consumos superiores al 5% del consumo de materia seca estimada.
En los sistemas de cría, hay que focalizarse en la parición que ocurre habitualmente hacia fines de invierno y principio de primavera, coincidiendo en los años Niño con un período en el que aumenta la probabilidad de precipitaciones, acompañando un momento de alto crecimiento del pasto. En situaciones donde existan dudas respecto al estado reproductivo de las vacas, destacamos la importancia de utilizar herramientas como el diagnóstico de actividad ovárica (DAO), que permitan evaluar el grado de ciclicidad del rodeo y orientar la toma de decisiones.
Aun en un contexto favorable desde el punto de vista nutricional, no debe descuidarse la sanidad, dado que las condiciones de mayor humedad pueden adelantar o incrementar los riesgos asociados a enfermedades y parasitosis.
Ovinos
En el sector ovino, en los años Niño los sistemas ovinos se enfrentan a un escenario particular: hay abundancia de pasto, pero de menor calidad, junto con un aumento significativo de los problemas sanitarios. Es decir que el fenómeno no limita por falta de recursos, sino por exceso y desbalance.
En este contexto, el manejo debe centrarse en mantener la eficiencia del sistema y evitar pérdidas, más que en aprovechar la cantidad de forraje disponible. Para lograrlo es fundamental hacer un manejo adecuado del pasto, la sanidad, la nutrición y la infraestructura para sostener la productividad.
En cuanto a recomendaciones de manejo, se hace mención en el informe al control de parásitos, especialmente del gusano del cuajo, que se ve favorecido por la humedad, a los cuidados podales, la calidad del pasto y el manejo nutricional y reproductivo.
Salud animal
El invierno y la primavera algo más templados que lo habitual, sumados al exceso de humedad y lluvias recurrentes, tienden a modular el freno biológico que el frío invernal ejerce habitualmente sobre el ciclo de los parásitos. Ante este escenario, recomendamos la prevención y el monitoreo más riguroso para evitar pérdidas productivas severas y mortandad de animales.
Anticipación del control de garrapata. Estas condiciones pueden acelerar el ciclo biológico de la garrapata, anticipando y superponiendo sus generaciones de manera más agresiva que en otros años. Recomendamos iniciar los tratamientos tácticos de forma temprana y no esperar a ver garrapatas en los rodeos, y utilizar diagnósticos previos (test de sensibilidad) para aplicar principios activos que realmente demuestren eficacia en los predios.
El incremento de la actividad de las garrapatas, aumentará el riesgo de brotes de hemoparásitos (Babesiosis y Anaplasmosis). Se sugiere realizar la vacunación (hemovacuna) en las categorías jóvenes para protegerlas de forma apropiada.
Mayor prevención contra la mosca de la bichera, ya que se espera una emergencia y proliferación más temprana y de mayor magnitud de estos insectos, tanto de la mosca de la bichera como de la mosca de los cuernos. Frente a esto, se recomienda revisar los rodeos con mayor frecuencia, aplicar medidas de prevención en los ombligos al nacimiento, las heridas de manejo (castraciones, señaladas descornado) y las lesiones podales, utilizando curabicheras con poder residual o lactonas macrocíclicas sistémicas, o control de enfermedades podales según corresponda.
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