Qué ver: Una especie de familia, en Netflix

Si bien el título remite a una familia, de lo que se trata más bien esta película argentina es de la maternidad. Una doctora (Bárbara Lennie) recibe una llamada que le avisa que “su bebé está a punto de nacer”, por lo que recorre 800 kilómetros por las rutas argentinas.
¿Un embarazo subrogado? Sí, pero también algo bastante más complicado. La relación entre la protagonista y la madre biológica (Yanina Ávila) es tensa desde el comienzo. La doctora ha tenido sus dudas y la madre no confía en ella. Y es ahí, en esa relación entre una madre biológica y una mujer desesperada por un hijo, en donde el director Diego Lerman encuentra lo más rico de su relato.

Rodeando a los personajes femeninos está otro doctor interpretado por Daniel Aráoz, que en su madurez se ha puesto a encarnar personajes “normales” muy alejados de sus comienzos en el humor absurdo, y lo hace muy bien. El otro hombre en cuestión es el marido de la doctora (Claudio Tolcachir) que si bien tiene una buena relación con ella, no puede comprender la totalidad de la situación por su simple condición de hombre.
Pero aquí no hay panfletos, no hay mensajes, no hay sobreexplicaciones. Lerman filma su historia en parte como un drama y en parte como un relato de suspenso, porque la película tiene todo eso. Entonces, sin recargar las tintas ni en lo emocional ni en lo testimonial, lo que vemos es la peripecia agobiante de una mujer que, determinada a conseguir un hijo está dispuesta a lo que sea.
No es una heroína, no está haciendo ninguna cruzada por ninguna causa que vaya más allá de lo que le pasa a sí misma aunque, como ocurre siempre con las películas que realmente valen, al narrar una historia particular, también está contando cómo reacciona la sociedad ante ese drama personal.

Y las reacciones del entorno no son las mejores. Como si ambas “madres” estuvieran solas en el mundo para enfrentar un sistema al que también están utilizando para su provecho, sin darse cuenta que no hay humanidad en él, que si quieren un apoyo solo lo encontrarán una en la otra.
Aunque claro, está también la diferencia de clases. La doctora tiene una vida acomodada y la madre biológica no puede hacer otra cosa que dar a su hijo si quiere que los que ya tiene sobrevivan.
Es un cruce de clases sociales y formas de vivir que no es la primera vez que vemos en el cine argentino. Hay varias películas que han tocado el mismo problema. Aquí Lerman lo retoma de una manera sincera y natural, sabiendo que, si bien no está siendo original, está transitando un terreno que el cine puede mostrar pero no solucionar.
Esa preocupación social del director ya había aparecido en su obra (Refugiado, El suplente) pero también el sello intimista de su cine (Mientras tanto, La mirada invisible) confluyen en Una especie de familia de una forma muy funcional.
¿Es una fórmula que suma? La pregunta vale porque habrá quienes echen en falta una posición política más fuerte o también los que prefieran un estilo todavía más centrado únicamente en los personajes femeninos principales. Lerman elige caminar por el medio de la mano de otra actuación brillante de la española Bárbara Lennie, que no puede ser más diferente en todos los aspectos a lo que hace Yanina Ávila, complementándose así a la perfección. El final, con un guiño cinéfilo que los que recuerden la genial Más corazón que odio no dejarán de apreciar, es el encuentro de dos países que, si bien están en el mismo territorio, también están muy lejos de llegarse a comprender. A no ser que quienes representen a uno y otro sean madres, por supuesto.

Fabio Penas Díaz

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