Paysandú, con un 23 por ciento, se encuentra entre los departamentos en los que se destina un mayor porcentaje de los ingresos de los hogares para la alimentación de quienes lo integran, según surge del relevamiento estadístico realizado a nivel nacional por el Observatorio Económico de la Universidad Católica del Uruguay.
El informe de los técnicos se enfoca en determinar el peso de los alimentos en el gasto de los hogares por departamento, y ha surgido que hay notorias diferencias según el departamento del país de que se trate, pues mientras en Montevideo y Maldonado se destina un 18 por ciento, en el caso de Artigas es del 25,3 por ciento, en cumplimiento de la ecuación de que a menores ingresos, mayor porcentaje de éstos se vuelca al rubro alimentos.
Este concepto se recoge en el denominado coeficiente de Engel, que refiere a la proporción del gasto que un hogar destina a los alimentos y resume de manera sencilla lo ajustado de su presupuesto: cuanto mayor es ese peso, menor es el margen para el resto de los consumos. Es una regularidad estable, verificada en casi todos los países, y por ello sirve como un indicador aproximado del nivel de bienestar.
En promedio, el coeficiente de Engel del país se ubica en torno al 21%, pero con diferencias territoriales claras. Montevideo y Maldonado presentan los menores pesos de los alimentos, alrededor de 18%, consistente con sus mayores niveles de gasto. En el otro extremo aparecen los departamentos del norte y de la periferia: Artigas encabeza el listado con 25,5%, seguido por Río Negro, Rocha y Cerro Largo, todos por encima del 24%. Salto se ubica en 22,1%, algo por encima del promedio nacional. El patrón es coherente con otros indicadores sociales: allí donde el presupuesto es más ajustado, los alimentos pesan más.
La comparación entre Montevideo y el Interior agrega un matiz. A igual gasto por persona, en el tramo central de la distribución los hogares del Interior destinan una fracción algo mayor a los alimentos.
La diferencia es moderada y se diluye en los extremos, pero sugiere que la brecha entre Montevideo y el Interior no se explica únicamente por el nivel de gasto, sino también por diferencias en los patrones de consumo y en los precios relativos.
El peso de los alimentos
Según se ha comprobado en la generalidad de los países, a medida que un hogar dispone de más recursos, la parte de su presupuesto que destina a la alimentación se reduce. No es que las familias con mayores ingresos gasten menos en comida, sino que ese gasto ocupa una fracción cada vez menor de su presupuesto, porque el resto se vuelca a otros consumos. Por eso la proporción del gasto de consumo que un hogar dedica a los alimentos y bebidas no alcohólicas, conocida como coeficiente de Engel, se utiliza como un indicador sencillo del nivel de bienestar: cuanto mayor es ese peso, más ajustado es el presupuesto familiar.
Estos datos describen esa relación en Uruguay a partir de la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares. Se trata de un patrón estructural del consumo, no de una fotografía del momento.
Cuando se ordena a los hogares según su nivel de gasto por persona, la regularidad aparece con claridad. Entre los hogares de menor gasto, los alimentos representan cerca de 28% del presupuesto; entre los de mayor gasto, apenas un 7%. En promedio, un hogar uruguayo destina alrededor de una quinta parte de su gasto a la alimentación, según se indica en el informe elaborado por la Universidad Católica.
Clasificación de bienes según el tipo de gasto
La misma lógica permite clasificar cada tipo de gasto. Si un rubro aumenta menos que proporcionalmente cuando crece el presupuesto, se comporta como una necesidad; si aumenta más que proporcionalmente, como un lujo o bien de consumo postergable. Esta clasificación surge de estimar cuánto varía el gasto de cada rubro cuando cambia el presupuesto total del hogar.
Los alimentos, la vivienda y las comunicaciones se comportan como necesidades: están presentes en todos los hogares y su peso relativo baja a medida que el presupuesto crece. En el otro extremo, el transporte, la educación, el equipamiento del hogar, los restaurantes y la recreación se comportan como lujos: ganan participación en los hogares de mayor gasto, que recién allí pueden destinarles una porción mayor de su presupuesto.
A su vez la división Salud constituye un caso particular: aparece como necesidad cuando se incluye el valor imputado de la cobertura Fonasa, pero el gasto de salud efectivamente desembolsado por el hogar se comporta como un lujo desde el punto de vista estadístico.

