El núcleo Paysandú de “Un niño, un instrumento”celebró su trayectoria en el Teatro Florencio Sánchez

Con la actuación de las orquestas Infantil y Juvenil, el Coro del Liceo 8 y músicos invitados, el Teatro Florencio Sánchez fue escenario de la celebración de los 10 años del núcleo Paysandú del programa “Un niño, un instrumento”, una iniciativa que a lo largo de una década ha permitido que decenas de niños y jóvenes se acerquen al aprendizaje musical y a la experiencia de formar parte de una orquesta. El intendente Nicolás Olivera acompañó la celebración y compartió una jornada en la que los protagonistas fueron los niños y jóvenes que han construido su trayectoria dentro del proyecto.

Actualmente, la orquesta juvenil cuenta con 24 integrantes, mientras que la orquesta infantil reúne a niños desde los seis años, alcanzando en total unos 60 participantes.

La propuesta no se limita al aprendizaje de un instrumento. Uno de sus principales objetivos es promover la socialización, la integración y el vínculo con las familias, generando un espacio donde los niños puedan compartir experiencias, asumir responsabilidades y descubrir nuevas herramientas a través de la música.

UNA DÉCADA DE TRABAJO

En tal sentido, la directora de Promoción Social, Guadalupe Caballero, destacó a EL TELEGRAFO el trabajo conjunto desarrollado durante estos años entre su dirección y Cultura. El proyecto funciona en espacios como el Farol Chaplin y el Faro Suroeste, y “desde hace seis años cuenta con el acompañamiento de ambas direcciones”.

Uno de los desafíos asumidos fue avanzar en la descentralización y permitir que niños de diferentes barrios pudieran acceder a la propuesta”, dijo. Para ello, Promoción Social incorporó la logística necesaria “para trasladar a los niños desde zonas periféricas de la ciudad hacia los espacios donde se desarrollan las actividades”, una decisión que, según se destacó, permitió “ampliar la participación y obtener buenos resultados”.

Caballero resaltó especialmente el compromiso de los docentes que llegan desde Montevideo para desarrollar las actividades en Paysandú, recorriendo cientos de kilómetros y dedicándose a la formación musical de los niños y jóvenes.

Uno de los aspectos que se destacó durante la celebración fue el impacto social del programa. A través de la música, los niños encuentran un espacio de participación, aprendizaje y convivencia, alejándose de situaciones de aislamiento y de otras prácticas asociadas al uso excesivo de pantallas.

“Recordemos que a través de un instrumento, de algo tan lindo como es la música, nosotros estamos sacando a los gurises de las calles. Estamos sacando a los gurises de las malas prácticas de las pantallas, de los juegos de los celulares”, dijo.

La experiencia también ha generado vínculos que trascienden generaciones. Algunos de los niños que comenzaron en el proyecto hace una década hoy son adultos, han formado sus propias familias y sus hijos integran actualmente la orquesta infantil. Para quienes acompañan el proceso, ese es uno de los ejemplos más claros de cómo los participantes se han apropiado de la propuesta y la han convertido en parte de sus propias historias.

DE PAYSANDÚ A DISTINTOS ESCENARIOS

A lo largo de estos diez años, los integrantes de las orquestas han participado en encuentros en diferentes puntos del país, talleres y campamentos junto a niños y jóvenes de Montevideo y otros departamentos. También han tenido numerosas actuaciones en la Sala Zitarrosa, en Montevideo, y otros escenarios.

Uno de los logros más recientes fue la participación de jóvenes integrantes de la orquesta sanducera en la selección juvenil de la Orquesta Sinfónica del Sodre, experiencia que permitió a los músicos locales formar parte de los espectáculos de la Patria Gaucha.

La gala de los diez años también permitió mostrar que el proyecto trasciende la propia orquesta. Para la celebración se sumaron diferentes actores y talleres vinculados a la Intendencia. El profesor de ballet Hernán San Juan presentó su trabajo, mientras que desde los talleres de costura se confeccionaron las corbatas utilizadas por los jóvenes músicos. También participaron los talleres de peluquería y maquillaje, encargados de preparar a las integrantes para la presentación.

De esta manera, el aniversario se convirtió en una verdadera celebración colectiva, donde la música fue el punto de encuentro de distintas áreas y personas que durante estos años han contribuido a sostener el proyecto.