El picudo rojo de las palmeras (Rhynchophorus ferrugineus), una de las plagas más destructivas para estas especies en todo el mundo, fue detectado por primera vez en la provincia argentina de Entre Ríos, prácticamente frente a la localidad uruguaya de San Javier. El hallazgo se produjo en las inmediaciones de Colonia Elía, sobre la costa del río Uruguay, en el departamento Uruguay (Entre Ríos).
La confirmación estuvo a cargo del Ministerio de Desarrollo Económico de Entre Ríos, a través de sus Secretarías de Ambiente y de Agricultura, junto al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). La proximidad del foco con el litoral uruguayo eleva la preocupación en la región, ya que la plaga aparece ahora a muy corta distancia de las palmeras de la costa de Río Negro y Paysandú.
Ante la confirmación, las autoridades entrerrianas activaron de forma inmediata el Plan de Contingencia vigente, intensificaron la vigilancia activa y los monitoreos en toda la franja costera del río Uruguay —con especial foco en las áreas protegidas y los palmares nativos— y reforzaron las campañas de difusión para que la ciudadanía pueda identificar tempranamente los síntomas. La respuesta se articuló a través de la Mesa Técnica Local, integrada por el Senasa, el INTA, la Administración de Parques Nacionales, el Parque Nacional El Palmar, los municipios de la costa y actores del sector privado. La preocupación es mayor por la palmera yatay (Butia yatay), declarada Monumento Natural Provincial, de la que El Palmar alberga uno de los mayores palmares del mundo.
Un río que no es una barrera infranqueable
Aunque en línea recta el foco detectado en Colonia Elía se encuentra a más de 10 kilómetros de San Javier, la distancia real que el insecto debería recorrer sobre el agua es mucho menor. En ese tramo del río Uruguay, el extremo norte de los Esteros de Farrapos conforma una sucesión de islas separadas entre sí por apenas unos cientos de metros, mientras que el brazo más ancho del río mide menos de mil metros.
Ese dato es relevante desde el punto de vista fitosanitario. La ciencia ha establecido que la mayoría de los adultos del picudo rojo se dispersa volando distancias cortas —menos de 500 metros—, aunque una parte de la población puede recorrer varios kilómetros, y en condiciones favorables, con ayuda del viento, hasta 50 kilómetros. De esta forma, la cadena de islas con distancias de unos pocos cientos de metros entre sí en la zona de Farrapos podría funcionar como una serie de escalones que el insecto puede ir salvando por etapas, sobre todo porque muchas de esas islas cuentan con palemeras que le sirven de hospedadores en cada tramo.
Aun no detectado en Paysandú
Del lado uruguayo, la Intendencia de Paysandú informó que hasta el momento no se ha detectado la presencia de la plaga en el departamento, y que mantiene tareas de prevención, monitoreo y vigilancia para procurar una detección temprana ante una eventual llegada.
La directora de la Unidad Rural, Natalia Teyza, confirmó que no se han registrado casos en Paysandú, tras una reunión mantenida con el director de la Dirección General de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Agustín Giudice, y representantes de otras intendencias. El encuentro tuvo como objetivo intercambiar información y coordinar acciones de prevención y monitoreo del insecto.
Paysandú integra actualmente la red de vigilancia y cuenta con trampas de monitoreo instaladas, en un trabajo coordinado desde la Dirección de Desarrollo Productivo y la Unidad Rural. Estos dispositivos permiten realizar un seguimiento permanente y contribuir a una eventual detección temprana.
“Estas acciones buscan anticiparse a una posible llegada de la plaga, favorecer su detección temprana y contar con herramientas de respuesta adecuadas”, indicó Teyza, quien destacó el compromiso de la Intendencia con la protección del patrimonio vegetal y paisajístico de Paysandú.
Notificación de casos sospechosos
En Uruguay, la plaga fue detectada oficialmente en 2022 y desde entonces se ha expandido a varios departamentos, lo que motivó la instalación de redes de monitoreo en todo el país. El Ministerio de Ambiente mantiene una herramienta de monitoreo colaborativo que permite registrar la ubicación y el estado de las palmeras, con el fin de facilitar la detección temprana y el control de las infestaciones.

