El Servicio de Ayuda Rural del Uruguay (SARU) acompaña a niños y jóvenes del Interior para que puedan continuar sus estudios, con la recaudación que obtiene durante la Expo Prado. Durante diez días, detrás de una parrilla y un quiosco hay un grupo de voluntarios que trabaja con el objetivo de reunir los recursos con los que el Servicio de Ayuda Rural del Uruguay sostiene buena parte de su tarea durante todo el año.
Son diez días de trabajo para financiar doce meses de ayuda. SARU tiene más de 70 años de historia y actualmente alcanza a entre 260 y 270 niños y jóvenes, principalmente vinculados al medio rural, para que puedan continuar estudiando.
La Asociación Rural del Uruguay (ARU) cede sin costo los dos locales que SARU explota durante la Expo Prado: la tradicional parrilla y el quiosco de comida al paso. Lo que allí se recauda determina, en buena medida, el presupuesto con el que la organización trabajará durante el año siguiente.
Actualmente trabaja con hogares de Carlos Reyles y Guichón, cada uno con unos 26 estudiantes. Y la demanda supera ampliamente la capacidad disponible. SARU aporta materiales solicitados por los liceos y alimentos no perecederos para complementar lo que reciben las residencias. Pero con el tiempo su red de ayuda se fue extendiendo. Colabora con clubes de niños en Vergara y Rincón, con la Fazenda de la Esperanza, en Melo y con un residencial de adultos mayores en Fraile Muerto.
También acompaña al centro juvenil ATR de Carlos Reyles, donde adolescentes de la localidad encuentran actividades después del liceo. Allí participan en talleres de percusión, baile criollo, maquillaje artístico y electricidad, entre otras propuestas.
El acompañamiento no necesariamente termina cuando los jóvenes completan el liceo. SARU tiene actualmente cuatro estudiantes en la residencia universitaria de Tacuarembó, a quienes brinda becas económicas para colaborar, entre otros gastos, con sus traslados.
También apoya a un joven de Carpintería, Durazno, que viaja a Montevideo para realizar un curso en Don Bosco y necesita solventar los pasajes para regresar los fines de semana. En José Enrique Rodó la ayuda tiene otro objetivo, donde SARU entrega canastas a seis familias para contribuir a que sus hijos permanezcan estudiando y no tengan que abandonar el liceo para salir a trabajar.
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