Cuando el dolor no puede expresarse en palabras; cuidados de una persona con alzhéimer avanzado

Cuando una persona con la enfermedad de Alzheimer o similares llega a una etapa avanzada, las necesidades de cuidado cambian profundamente porque puede perder la capacidad de caminar, cambiar de posición, alimentarse o hacer actividades que antes solía realizar por sí misma.

En algunos casos puede permanecer gran parte del tiempo en una cama o silla y necesita asistencia prácticamente para todo. “En esta etapa no consiste solamente en atender sus aspectos cognitivos, sino también el cuidado corporal, la prevención de lesiones y el confort que requiere. La inmovilidad prolongada favorece la pérdida de la fuerza muscular, la rigidez de las articulaciones, contracturas y dolor. Una persona que no puede cambiar de posición por sí misma permanece durante mucho tiempo apoyada sobre sus articulaciones”, señaló el psicólogo Gonzalo Gamboa, integrante del equipo técnico de Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP).

La piel

Explicó que los cuidadores deben observar permanentemente la postura y colaborar con los cambios de posición de manera segura para su paciente. “Uno de los principales riesgos de una persona con movilidad reducida son las lesiones por presión o conocidas como éscaras, que se producen cuando una zona del cuerpo permanece en la misma posición durante mucho tiempo. Las zonas más vulnerables son la parte alta de la espalda, omóplato, el sacro o parte baja, caderas, talones, codos y otras prominencias óseas”, agregó.

Gamboa destacó la importancia de “observar diariamente el estado de la piel, prestar atención a posibles enrojecimientos persistentes, cambios de color, calor, ampollas o heridas. Mantener la piel siempre limpia y seca, controlar especialmente la humedad, realizar cambios posturales de acuerdo a las necesidades y el plan indicado por el médico”.

Recomendó el uso de almohadas o superficies de apoyo, adecuadas para descargar la presión. “También es importante evitar arrastrar a la persona sobre la cama ya que la fricción puede lesionar la piel. Si surge una herida o ampolla, secreción, mal olor, tejidos oscuros o una lesión que no mejora, inmediatamente se debe solicitar una valoración médica”.

La movilización de una persona con alzhéimer avanzado requiere de paciencia y delicadeza. “Antes de moverla, es conveniente explicar lo que vamos a hacer aunque muchas veces tenga dificultades para comprender nuestras palabras. Podemos anticipar cada acción antes de tocarla y los movimientos deben ser lentos, coordinados y sin tirones. No debemos tirar desde los brazos, ni utilizar una extremidad como palanca. Cuando sea necesaria la movilización debe realizarse con técnicas apropiadasy, si corresponde, con la ayuda de otra persona”, precisó.

Huesos y articulaciones

Los hombros son especialmente vulnerables. Es una persona frágil y con poca movilidad. “Por lo tanto, tirar del brazo para levantar, girar o acomodar a la persona puede provocar dolor, dislocación o una lesión severa. El brazo debe movilizarse desde una posición segura sin movimientos bruscos y respetando el rango que la persona tolera”, indicó Gamboa.
En cuanto a los miembros inferiores, “las piernas, tobillos y pies también sufren las consecuencias de la inmovildiad. Pueden padecer rigidez, pérdida de movilidad, dolor y contracturas. Los talones, puntualmente, requieren de una atención especial porque están sometidos a la presión cuando la persona permanece acostada. En los pies pueden aparecer molestias relacionadas a la falta de movimiento, rigidez y la misma postura mantenida durante mucho tiempo”.

La fascitis plantar y otras estructuras del pie pueden generar dolor. “Ante una persona con alzhéimer avanzado será necesario reconocer el dolor por sus manifestaciones y no por lo que la persona nos pueda explicar. Por lo tanto, nunca se debe esforzar a una articulación rígida, ni intentar destrabarla bruscamente”.
Cuando una articulación permanece durante mucho tiempo en una posición, puede perder progresivamente su amplitud de movimietno. “Afecta la cadera, rodilla, tobillos, hombros, codos y manos. El objetivo del cuidador no es exigirle a la persoan movimientos que ya no pueda realizar, sino conservar en la medida de lo posible la movilidad que aún posee y evitar el dolor, la rigidez y las pociciones que generen estas lesiones”, sugirió.

Cuando ya no pueda

Cuando la persona ya no pueda expresar el dolor, “es un punto muy imporante porque para el cuidador es vital conocer gestos de dolor o cambios en la expresión facial, quejidos o vocalizacioens diferentes a las habituales, la resistencia o temor al movimiento. Contemplar si hay una mayor inquietud, irritabilidad o agitación, cambios repentinos en el sueño o en el comportamiento”.
Un cambio de conducta “puede ser una señal de dolor, incomodidad, hambre o sed u otro tipo de necesidad. Por lo tanto, antes de interpretar una conducta como un problema sicológico, debemos pregunatrnos si existe una causa física. El objetivo de acompañar es mantener el mayor confort posible, prevenir lesiones, conservar la movilidad que todavía tenga y, por supuesto, respetar su dignidad”.

Gamboa concluyó que “cada movimiento y cuidado de la piel, es también una forma de comunicación. La manera en que tocamos, levantamos o acompañamos y hablamos con la persona, puede transmitir seguridad o, por el contrario, generar miedo y malestar”.

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