Solicitada
Hace pocos días, nos enteramos de la aparición de grupos de jóvenes que atacan con bates de béisbol a cuidacoches y personas en situación de calle, de los dos nuevos casos de agresiones a peones rurales (uno en Bella Unión y otro en Sarandí Grande) y recientemente la cobarde agresión a dos militantes del Frente Amplio en Salto (uno de ellos herido de gravedad derivado a CTI) donde pocos días atrás, otra militante fue apedreada durante una actividad en respaldo a la candidatura de Andrés Lima.
¿A qué se deben tantos inusitados hechos de violencia en nuestro país por estos días, siendo que en los últimos años hemos sido destacados en el mundo por la calidad democrática?
Hay varios informes que han posicionado positivamente a nuestro país en este sentido. Entre los más recientes, se encuentra el Índice de Democracia establecido por The Economist Intelligence Unit, que en 2019 ubicó a Uruguay como el país con la democracia plena más avanzada de América Latina y en el lugar 15 del mundo.
El índice calificó con 10 puntos, el máximo, al proceso electoral y el pluralismo de Uruguay, mientras que le dio 9,71 puntos en el rubro que evalúa el desarrollo de las libertades civiles, 8,57 puntos al funcionamiento del gobierno, 7,50 puntos a la cultura política y 6,11 puntos a la participación política. En dicha oportunidad, los autores del informe señalaron que Uruguay mejoró su calidad democrática sin interrupciones desde el año 2006, cuando fue puntuado por la revista internacional con 8,6 puntos.
Con estos números, cuesta entender realmente el porqué de los aberrantes hechos suscitados en estos últimos meses, pero tengamos en cuenta algunas cuestiones.
En 2015, a poco de iniciarse el tercer período de gobierno nacional frenteamplista, un editorial de un diario capitalino alertaba sobre el nacimiento de una grieta que dividiría a la sociedad uruguaya. Raro, en un país que durante la era progresista consolidó su calidad democrática. Sin embargo, muchos dirigentes políticos que fueron oposición y hoy son gobierno, adoptaron precisamente una estrategia y discurso de grieta como forma de hacer política. En el camino hacia la elección nacional 2019, las propuestas de campaña quedaron reducidas a la mera acción de criticar de forma persistente cada medida del por entonces gobierno frenteamplista.
Que peligroso es cuando se lleva adelante una campaña apostando a denostar al contrincante y carente de propuestas para gobernar. Así se allana el camino para los discursos radicales que pueden conducir (como hoy lamentablemente estamos viendo) a la violentización de la sociedad. Expresiones de odio que día a día se fomentan por las redes sociales y en este aspecto, no es casualidad la creciente aparición de “trolls”, perfiles de personas inventados con el único fin de fomentar el malestar hacia un partido o una ideología.
Como tampoco es casualidad que en Salto se hayan suscitado dos hechos violentos contra militantes del Frente Amplio, la misma ciudad donde un candidato tuvo como consigna de campaña en octubre “Mano dura y plomo”.
No podemos dejar de mencionar que dentro de la coalición de gobierno, hay un partido integrado por militares y nostálgicos de las botas, cuyo líder lleva adelante una campaña sistemática para degradar al Poder Judicial. Es la misma coalición donde tampoco es casualidad que el referente “progresista” (Ernesto Talvi) se retirara a tan solo cuatro meses de ocupar su cargo en el gobierno.
Tampoco es casualidad que en las últimas semanas se repitieran agresiones contra peones rurales por parte de sus patrones, los que lograron conquistar importantes e inéditos beneficios como la ley de ocho horas. No creo que sea una simple casualidad la gran cantidad de denuncias realizadas ante la Institución Nacional de Derechos Humanos por abusos policiales, desde que asumió el nuevo gobierno.
¿Cómo podría explicarse que en el país con la democracia plena más avanzada de Latinoamérica estén surgiendo grupos de personas armados con el objetivo de agredir a personas en situación de vulnerabilidad?
Uruguay sigue siendo un país con esencia democrática y así esperamos que siga siendo. Para ello, sería importante que aquellos que insisten en apelar a la táctica de la grieta, bajen los decibeles y entiendan que ahora les toca gobernar. Más cuando tantos uruguayos están atravesando una situación muy compleja producto de la pandemia. No se puede seguir actuando como oposición y denostando al contrincante cuando toca ser gobierno.
Aunque eso parece difícil, cuando se trata de una coalición organizada con el único objetivo de sacar del poder a otro partido y que para el período propone una Ley (LUC) que en varios aspectos plantea la restricción a las libertades y derechos de la ciudadanía.
El odio conlleva violencia. Que no se pierda el país pacífico que se consolidó en las últimas décadas y que ha sido referencia a nivel mundial por su estabilidad democrática.
En este sentido, sería importante que actores de todo el sistema político condenen los tristes episodios de los cuales hemos sido testigos los uruguayos en los últimos días. Hasta el momento no he leído ni oído a ninguna autoridad ni dirigente de la coalición de gobierno expresarse sobre los graves episodios que han ocurrido. Esto preocupa tanto como los propios hechos violentos, porque como dice el dicho… “el que calla otorga”.
Juan Andrés Pardo



