Qué hacer y cuándo preocuparnos cuando comienzan a aparecer problemas de memoria

“Como sabemos la memoria es una función humana que se encuentra íntimamente ligada a nuestra historia, a nuestra identidad, por lo que la posibilidad de perderla tiene un valor muy importante para nosotros”, reflexiona la licenciada en Gerontopsicomotricidad Soledad Vázquez en el trabajo preparado especialmente para Pasividades sobre este tema que preocupa a todos, aunque aclara que en la mayoría de los casos no se debe a una enfermedad neurodegenerativa.
La profesional –profesora adjunta especializada en Gerontopsicomotricidad de la Escuela de Graduados, Facultad de Medicina de la Universidad de la República e integrante del Proyecto Soluciones Mayores– señala en tal sentido que “todos conocemos, además, sea por familiares o conocidos, casos de personas con pérdida de memoria donde esto ocurre a causa de enfermedades neurodegenerativas (especialmente la enfermedad de Alzheimer) y es algo que nos preocupa”, desde que “todos anhelamos un envejecimiento activo, autónomo, con la posibilidad de autodeterminarnos en nuestras acciones”.
“La buena noticia es que la inmensa mayoría de los problemas cotidianos de memoria no responden a una enfermedad neurodegenerativa, sino que hay una inmensa variedad de causas posibles para estas fallas del día a día que tenemos en la memoria”, puntualiza.

CAUSAS

Al respecto, señala que “una de ellas es el estrés emocional y como sabemos este está a la orden del día en estos momentos en que muchas de nuestras rutinas se ven alteradas”.
“Tenemos ansiedad por tratar de comprender la información que se nos transmite, y que es cambiante día a día; tenemos también alteradas las posibilidades de vincularnos con nuestro seres queridos, con nuestra familia, de seguir integrando ciertos grupos de pertenencia, por lo cual es lógico que estemos atravesando por una situación de estrés emocional que incide directamente en nuestra capacidad de prestar atención a los estímulos, que, como sabemos, es un componente fundamental en la memoria”, aclara.
Para entender mejor el tema, la profesional explica que “la memoria tiene tres fases fundamentales que se llevan a cabo a través de mecanismos complejos de integración entre las distintas partes de nuestro cerebro. Una primera fase en la que yo capto los estímulos del ambiente que me rodea a través de los sentidos. Luego viene una segunda fase, la de almacenamiento, la información se irá ordenando bajo distintos criterios. Podemos comparar esto con el funcionamiento de una biblioteca. La tercera etapa a la que nos referimos comúnmente como memoria es la de la recuperación de esa información que yo deseo evocar en un momento determinado”.
“Si alguna de estas etapas falla por algún motivo, claramente mi capacidad de memoria se va a ver disminuida o va a presentar problemas”, precisa.
“La primera etapa entonces –continúa explicando– es la que se encuentra más susceptible a los problemas de atención y esto es a lo que llamamos las fallas atencionales, que no son fallas de memoria propiamente dichas sino de la atención que yo pongo a los estímulos que me rodean para obtener información”.
Para comprenderlo mejor, se vale de un ejemplo, citando que “si yo estoy muy preocupado por una determinada situación que estoy atravesando, es probable que no preste la atención suficiente a dónde dejé un cierto objeto, y si no presté atención a dónde lo dejé, difícilmente voy a poder almacenar (segunda etapa) y poder evocar esa información después (tercera etapa)”.
“Si bien la vejez es una etapa de la vida donde es innegable que existe una pérdida de eficacia en ciertas funciones cognitivas, hay un gran caudal de sabiduría, del saber propio de la experiencia, y debemos valernos de esto, utilizarlo, ser flexibles, creativos y construir estrategias de compensación ante estas dificultades que vamos teniendo. Y de este modo, mantener las posibilidades de hacer nuestras cosas, quizás a otro ritmo, quizás de otra manera, pero que podamos llegar a esos objetivos que queremos alcanzar”, recomienda.
CONSEJOS
Teniendo en cuenta esta información, Vázquez brinda algunos consejos a tener en cuenta:
– Hacer una cosa por vez, poniendo toda la atención en esa actividad.
– Tomar notas, ayudando al cerebro a tener mayor control sobre la información.
– Ordenar; el orden es un gran aliado de la atención, dejemos los objetos siempre en el mismo lugar. La llave es un claro ejemplo.
De todas maneras, “si notamos, o notan nuestros familiares que tenemos problemas que nos invalidan, que nos generan dificultades mayores a lo esperable, no debe dudarse en consultar con su médico, de ser posible un médico geriatra, que dentro de lo que es un grupo interdisciplinario va a buscar todas las alternativas para dar respuesta a la situación de forma oportuna y eficaz”, concluye.