El que se da por aludido, sabe que está en falta

“El que se ataja, pierde puntos”, sostiene el dicho popular, y quien se da por aludido sin que lo nombren, se acusa; son reflexiones que vienen como anillo al dedo para la salida de tono y evidente exabrupto de corte “patotero” que tuvo el presiente argentino Alberto Fernández en la reunión “celebratoria” de los 30 años del Mercado Común del Sur (Mercosur).
En esta cumbre, el presidente Luis Lacalle Pou solicitó “formalmente que se discuta en la mesa el tema de la flexibilización”, para que el Mercosur no sea “un corsé” para los intereses uruguayos.
“Lo que no puede ser ni debe ser (el Mercosur) es un lastre. No estamos dispuestos a que sea un corsé en el cual nuestro país no se puede mover, y por eso hemos hablado con todos los presidentes de la flexibilización. Uruguay necesita avanzar, nuestro pueblo nos exige avanzar en el concierto internacional”, aseguró.
Como movido por un resorte, en la misma reunión, su colega argentino Alberto Fernández, sin aludir a Lacalle se refirió a sus dichos: “Si nos hemos convertido en una carga lo lamento, lo más fácil es bajarse del barco”. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el de Paraguay, Miguel Abdo Benítez, también pidieron “flexibilizar” la dinámica del bloque.
A su vez el 22 de abril, en Buenos Aires, se celebrará una cumbre clave de Cancilleres; los países deben resolver la discusión sobre el Arancel Externo Común del Mercosur y los pedidos para flexibilizar otros acuerdos comerciales, que son precisamente los ejes centrales de los temas pendientes en el bloque regional.
El cruce entre presidentes de los países vecinos tiene antecedentes, ya desde antes del Mercosur, pero sin dudas en este caso hay componentes de orden ideológico, económico y de geopolítica, sin obviar elementos históricos y desencuentros puntuales.
La referencia al “lastre” la tomó directamente como una acusación el mandatario argentino, cuando el jefe de Estado uruguayo se había referido al Mercosur en sí, pero Fernández respondió ofuscado y se sintió aludido, mejor dicho su gobierno, por la política económica proteccionista –por decir lo menos– que lleva adelante, a contramano de la globalización de los últimos años, porque no tiene crédito internacional de ningún punto de vista y al igual que Brasil, ha dictado normas que lo favorecen en el Mercosur y practicado bilateralismo en el acuerdo regional desde su creación.
Por supuesto, la postura de Lacalle no es irse del Mercosur, sino promover una flexibilización del bloque para celebrar acuerdos bilaterales que serían fundamentales para una economía pequeña como Uruguay, en tanto Argentina, por las políticas populistas de gobiernos peronistas tiene una economía cerrada, de sustitución de importaciones y subsidios que hacen un paquete imposible de desatar sin generar escenarios traumáticos. Por su parte, también Brasil históricamente ha tenido una postura proteccionista, con los industriales de San Pablo a la cabeza, y su inclinación actual hacia la flexibilización está prendida con alfileres y aparece más como coyuntural que un cambio radical y un aggiornamiento. Pero incluso en los gobiernos del Frente Amplio, con el exministro de Economía y Finanzas Danilo Astori al frente, se planteó en varias oportunidades la necesidad de flexibilización y de ampliar las posibilidades de ingreso a otros mercados, pese a lo cual los planteos obtuvieron solo en el mejor de los casos resultados mínimos y nuestro país sigue vendiendo en el mundo con altos aranceles frente a sus competidores, porque no tenemos acuerdos comerciales con terceros, somo sí los tienen ellos.
El punto álgido en el Mercosur, por lo tanto, desde el punto de vista episódico, en gran medida se originó en que “Alberto se calentó, pero esto no implica una ruptura ni nada por el estilo. Simplemente se mostraron los dientes”, según describieron colaboradores cerca del jefe del Estado argentino. Pero es consecuente con una forma de actuar muy de los gobiernos peronistas y más aún, kirchneristas, cuando se llegó a cortar los puentes internacionales y presionar a Uruguay por diversas vías, haciendo pesar su condición de vecino con economía de mucho mayor tamaño y nuestra dependencia histórica de la nación de la otra orilla del Plata.
Por su lado, el canciller argentino, Felipe Solá, explicó lo que se vendrá el 22 de abril. “Si uno tiene que negociar, tiene que poner algo sobre la mesa. Si antes de hacerlo ya bajó lo que tenía, por ejemplo, el Arancel Externo Común, ya no tenés nada para negociar”. “Algunos países como Uruguay -dijo Solá- tienen la idea de lograr acuerdos por fuera del Mercosur. Es una idea presente en el bloque, de la misma manera que Brasil ve el Arancel Externo Común como una muralla, mientras que para nosotros es una barrera que nos protege de los países que tienen subsidios escondidos a las exportaciones”, consideró
El matutino bonarense Clarín evalúa que “el aislacionismo comercial no es gratuito, desde ya. La Argentina se está haciendo cada año más intrascendente en el comercio internacional, con una participación que se achica y su variación depende, eventualmente, del mayor o menor volumen de la cosecha agrícola”.
Además, considera que “la excusa de la restricción externa sumió a la Argentina también en un sesgo anti importador. A pesar de que sobran dólares en el mundo, y los buenos pagadores los pueden tomar a las tasas más bajas de la historia, la Argentina tiene que sentarse sobre sus pocas reservas en dólares para dosificar día a día a quién le vende dólares para pagar una importación”.
También la economista argentina Daiana Fernández Molero escribió días atrás en la revista digital Seúl que Argentina es una de las economías más cerradas del planeta “y en ese podio nos acompañan nuestros socios del Mercosur. No es casualidad: el bloque comercial terminó siendo el instrumento perfecto para gobiernos proteccionistas que buscaron blindar sus economías. El Mercosur debía ser la plataforma para salir al mundo y lo terminamos convirtiendo en un fuerte para proteger a unos pocos beneficiados. El Mercosur trabó la agenda de integración internacional, sin contribuir demasiado a la integración regional”. En esta orilla, tenemos que la Academia Nacional de Economía (Acadeco) emitió un comunicado de prensa por la cumbre del Mercosur , en el que “comparte plenamente la visión del Sr. Presidente de la República sobre el Mercosur, expresada en ocasión de cumplirse los treinta años de su fundación”.
“En efecto, el Mercosur ha resultado un verdadero lastre para los países socios de menor tamaño relativo y su flexibilización resulta imperiosa”, expresó Acadeco, y en la misma línea se han expresado la Cámara de Industrias del Uruguay y gremiales del agro, es decir sectores clave en la economía real como generadores de riqueza y de fuentes de trabajo, que necesitan mercados.
Pero en una mirada realista, surge claramente que el verdadero lastre de la Argentina es el aislacionismo económico y comercial. La economía argentina, aislada, acentúa su intrascendencia global. Fuera de toda perspectiva de atraer inversiones y un intercambio comercial estancado, pone en riesgo sus posibilidades de retomar el crecimiento, y en el Mercosur, pretende que el bloque se pliegue a sus necesidades, generadas en errores propios, cuando el Uruguay requiere abrir más su economía al mundo y obtener acuerdos preferenciales que el Mercosur no está dando.

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