Trece años herrando caballos

Cristian Ayende vive en Paysandú y es herrador profesional de caballos criollos, entre otras razas. “Cuando comencé, trabajaba en cabañas haciendo de vareador o cualquier labor. Ahí empecé a herrar y desde hace 13 años, únicamente herro caballos”.

La vinculación con los equinos es de toda su vida, a través de su abuelo y a los 16 años realizó, como civil, el primer curso de herrador en el Servicio Veterinario y Remonta del Ejército. “Tengo trabajo todo el año porque me dedico a distintas razas y herro para diversos deportes, tanto para caballos de carrera como salto. Y dentro de los criollos, para enduro, marchas freno de oro y paleteadas. Hay competencias de cada cosa durante el año”. La pandemia detuvo las pruebas, “pero los caballos nunca dejan de entrenar ni las herraduras dejan de hacerse”, asegura.

Vivir de la herradura

Reconoce que vivir del oficio, en Paysandú, “es un poco más difícil por la cantidad de caballos y para dedicarse profesionalmente se necesita tener una cierta cantidad todos los meses. En el sur del país hay más cantidad en este oficio, como en el caso de Maroñas o Las Piedras”.

Señala que en esa zona “hay unos tres mil caballos y para lograr un buen sueldo, hay que herrar entre 70 u 80. Pero siempre es relativo. Por lo general, el eje del herrado se maneja en los 30 días. Según el deporte y el entrenamiento, es la herradura que se pone”.

De acuerdo a Ayende, “en los últimos años ha mejorado muchísimo el oficio. Principalmente en el aspecto económico que permite hacerlo de manera profesional. Además, en cuanto a las herramientas, las principales están en Uruguay. A veces tardan en llegar, pero se encuentran. Son caras, pero se precisan buenas marcas porque se usan para trabajar todos los días”.

Las inversiones son necesarias a medida que la tarea se extiende en el territorio. “Cuesta arrancar, pero a medida que crece el trabajo, hace falta moverse. Es necesaria la inversión en un vehículo, por eso muchos jóvenes que empiezan, después no pueden continuar”. Al relatar su experiencia, destaca que “yo no tuve la suerte de salir apadrinado y me costó más. Y mucho más, para herrar los caballos de élite”.

Se define como “vocacional, a pesar de que es cansador. Es un trabajo de fuerza, que cansa mucho la cintura. Para hacerlo como una rutina, si a alguien no le gusta y empieza a ver solo la parte económica, tampoco adelantará”. Finalmente, reconoce que “es probable que si viviera en el sur y me equivoco, puedo seguir. Pero acá, no puedo cometer errores”.

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