Circo bitcoin, ¿la economía del futuro?

Bitcoin, ¿le suena? Posiblemente en los últimos años se haya encontrado de casualidad con esta palabra que refiere a una moneda virtual. Sí, es una moneda, pero diferente. Hoy el valor de un bitcoin es igual a 2.454.939,62 pesos uruguayos. Su cotización es de más de 55.400 dólares. Una pequeña fortuna por apenas un bitcoin, una moneda que comenzó a operar tímidamente en el año 2009 y que recién en 2011 alcanzó el valor de un dólar de Estados Unidos, es decir 1 bitcoin – 1 dólar.
En 2010 Laszlo Hanyecz concretó la primera transacción con bitcoin en el “mundo real”, compró 2 pizzas grandes por 10.000 bitcoines. Si hubiese resistido el hambre esa noche y guardado esa suma hasta hoy, tendría el equivalente a U$S 552.472.000.
En ese momento era visto como una rareza, hoy ya es más conocido, pero para la mayor parte de la humanidad sigue siendo una rareza y seguramente la mayoría no llegaremos a ser propietarios siquiera de una fracción de bitcoin (a efectos prácticos, las transacciones que se realizan se hacen en base a decimales de esta moneda, y suelen ser muchos decimales).
Pero vayamos por parte: ¿qué es un bitcoin? Lo primero que hay que tener claro es que nadie se va a encontrar por la calle una moneda o un billete con denominación en bitcoins. Es una moneda virtual y solo existe en internet. Y aquí viene la parte más difícil de explicar. El bitcoin se basa en una tecnología llamada blockchain, o cadena de bloques, que por poner un ejemplo sería como si seis personas tuviesen determinado monto de dinero para repartirse y cuando lo hubiesen hecho se les entregara una certificación notarial no solo de lo que le tocó en el reparto, sino además del total del dinero existente y de cuanto tiene cada uno de los demás, y encima esa certificación se modificaría para actualizarse con cada transacción. Pensando en papeles y escribanos moviéndose permanentemente para hacer esas actualizaciones hablamos de una verdadera locura, pero estamos en el mundo de internet y todo eso funciona automáticamente y a la velocidad de la luz, así que en teoría el sistema ofrece garantías para todos los usuarios.
Así, esta moneda virtual no está regulada por nadie más que por los propios usuarios, no depende de un banco central que determine su valor directa o indirectamente con sus decisiones, no hay un ente que “emita” bitcoines, estos se transfieren prácticamente sin comisiones, sin pasar por intermediarios y su valor se regula puramente por el mercado. Pero justamente esta falta de controles ha sido en gran medida la que ha minado la confianza en la moneda, ya que se la suele asociar con pedidos de rescate por parte de hackers que secuestran información a corporaciones o personas, también se sabe que se emplea en transacciones de drogas o armas, e incluso ha aparecido en las noticias relacionado con golpes de estado y otras turbiedades.
Recientemente algunos anuncios realizados por gente como Elon Musk, de que comenzaría a aceptar pagos en bitcoines, como uno de los equipos de la NBA, liga estadounidense de básquetbol súper profesional, que pagará en bitcoines a sus jugadores o empleados que así lo decidan, han ayudado a acercar a esta criptomoneda al mundo “real”, porque tampoco es que el mundo de Musk, que contrata con la NASA por vuelos espaciales, y de la NBA, que paga salarios en millones de dólares, sea sumamente “real”. Pero ahí está el bitcoin aceptado como moneda de cambio.
Si ha escuchado de los bitcoines también habrá oído la expresión “minar bitcoines”. La minería del bitcoin, con estos valores, es de las actividades más rentables del mundo, ya que lo que se precisa es una gran capacidad de procesamiento informático y pagar una abultada cuenta de luz por el consumo de energía de esas computadoras trabajando. Pero si logra que su computadora haciendo cálculos le entregue un bitcoin valdrá la pena. El tema es que cada vez las operaciones necesarias son más complejas, requieren más tiempo, más capacidad de procesamiento y más energía, tanto que hay publicaciones que ya hablan del impacto ambiental de la minería de bitcoin.
El asunto del elevado precio es que, como mandan las leyes del mercado, está regido por oferta y demanda, y una particularidad que tiene la tecnología es que solo admite un máximo posible. Nunca podrá haber más de 21 millones de bitcoines.
Claro, como la cosa (para algunos) anduvo bien, después empezaron a aparecer otras de estas criptomonedas y en muchas de ellas los precios también tendieron a irse a las nubes.
Incluso hasta el gobierno de Venezuela se animó en su momento a lanzar su criptomoneda propia, el Petro, que no cumplía con algunas de las premisas, ya que si bien se operaba en base a blockchain, no era emitido de forma descentralizada. La moneda que el gobierno de un país en crisis decía respaldar en sus reservas energéticas y mineras, no logró ni aceptación ni prestigio alguno, para sorpresa de nadie.
Los bitcoines se almacenan en programas que sirven como alcancías, que también han tenido que ser cada vez más complejos para garantizar la seguridad, y ha habido algunos problemas con casas que se dedicaban a la transacción con estas monedas que han echado nuevas sombras sobre esta moneda.
Hay quienes hablan también de una “burbuja del bitcoin” y que todo terminará como acabaron hace un tiempo las “Puntocom”, empresas que llegaron a ser tan potentes que terminaron comprando y poniendo su nombre delante de verdaderos gigantes de la economía de Estados Unidos y del mundo, cuyo derrumbe fue casi una catástrofe económica.
La tecnología del blockchain ha permitido otras cosas, por ejemplo que ahora se esté hablando de un nuevo tipo de arte, en la venta de casi cualquier cosa digital certificada como “original”. Un montón de píxeles en una pantalla a valores que no han alcanzado piezas de los más reconocidos pintores.
Si el genial Enrique Santos Discépolo, sorprendido por el siglo XX nos dejó el legado de “Cambalache”, ¿qué sería capaz de escribir hoy, sobre estos tiempos que estamos viviendo?

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