Las repercusiones invisibles de la pandemia en el esquema sanitario

Aunque ha pasado poco más de un año y medio de pandemia, por lo menos en nuestra región, la vorágine de sucesos determina que ha corrido ya mucha agua bajo los puentes en lo que refiere a la evaluación en las catastróficas consecuencias del Covid 19, desde el punto de vista sanitario, con pérdidas de gran cantidad de vidas, pero también manifestándose como catástrofe en el área económica, donde también ha devastado millones de familias a nivel global.
Mucho se habla asimismo de cifras en vidas humanas, sobre todo en sectores de la población más vulnerables por comorbilidades, pero realmente las cifras que se manejan como consecuencia del Covid deberían ser objeto de salvedades por una serie de factores contrafácticos, es decir imposibles de demostrar en datos fehacientes, porque tienen que ver con aspectos colaterales directa o indirectamente relacionados con la pandemia.
Así, tenemos por un lado, evaluando datos que al ser solo números, tienen subyacente terribles dramas familiares y dolor por las víctimas, pero a la vez hay otros componentes de la ecuación que no han sido incorporados, porque tienen que ver con estadísticas y especulación, aunque con muy buen asidero. Al ser muchas de ellas personas con comorbilidades, por ejemplo, hay un porcentaje significativo, pero imposible de evaluar con precisión, de personas que igualmente hubieran fallecido en este período si no hubiera habido Covid, muchas veces incluso por una gripe, que en una persona común hubiera significado tal vez solo unos días en cama y/o cuadro febril, pero con un posible desenlace fatal de padecerse estas comorbilidades.
Otro punto tiene que ver con el descenso en la movilidad en general, que incluye el tránsito, y un consecuente descenso en las víctimas fatales de accidentes, al igual que en determinados delitos que generalmente se cometen aprovechando la presencia masiva de personas.
En este balance, sin embargo, del otro lado del fiel, tenemos las consecuencias en familias que han perdido su trabajo y/o reducido sus ingresos, lo que se ha traducido en pérdida de calidad de vida y muchas veces también con las consecuencias de efectos traumáticos por enfermedades de carácter síquico, de rencillas familiares por causa de carencias en el sustento diario y asimismo consecuencias del encierro.
Pero además hay un componente omnipresente, que es de aplicación tanto en nuestro país como en todo el mundo, y que tiene que ver con que las prioridades para el Covid 19 han afectado la atención global en el sistema sanitario, y no solo por la postergación de actos médicos en todas las áreas, sino asimismo en la atención, las intervenciones quirúrgicas, controles, análisis, la disponibilidad de recursos humanos y materiales, agregado al factor humano de la retracción de pacientes a las consultas por temor a los contagios.
La gravedad del tema precisamente ha sido determinante para que sea objeto de estudio por el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), el que se encuentra trabajando en documentos que analizan los efectos de la pandemia en la salud general, y un aspecto de primera consideración es la falta de presencialidad en la atención médica.
Uno de los integrantes del GACH, Dr. Hamlet Suárez, señaló al semanario La Mañana que “si vamos a referencias internacionales, el descenso de la asistencia viene generando problemas”, y por ejemplo, en el Reino Unido, el English International Health Service estima que dentro de cinco años habrá un aumento de mortalidad de un 7% debido al cáncer de mama, un 18 por ciento por cáncer de colon, y 6 por ciento de pulmón. Ello significa que aquello que se dejó de tratar o no se trató antes debido a la pandemia tendrá un impacto posterior, y en materia cardiovascular, en Estados Unidos la American Heart Association analizó que por la menor concurrencia de controles, se dio un aumento de muertes por crisis hipertensivas o infarto de miocardio.
Con estos antecedentes, el GACH está elaborando un documento referido al escenario en nuestro país, sobre los efectos de la pandemia, tanto lo que ya se está dando vinculado al Covid 19 en pacientes que atravesaron la enfermedad, como en quienes se vieron afectados en su salud sin haber contraído esta enfermedad.
Suárez, encargado de efectuar este trabajo, incorporó como antecedentes lo ocurrido en el Hemisferio Norte, donde se manifestó antes la pandemia, y se han analizado consecuencias en diversas áreas. Expresó que la base del concepto del informe es que son entendibles las medidas de restricción actuales, pero que es necesario estudiar las consecuencias. “Sabemos que los cirujanos han tenido que atender problemas más complicados que antes o asistido casos de descompensación más frecuentes que cuesta más controlar”, acotó.
Subrayó en este sentido que el rol de la telemedicina “puede que haya sido un tanto victorioso en su efectividad y es importante, pero hay que saber como manejarlo, porque es complementario a la presencialidad, no sustitutivo”. Afirmó que hay cosas que no se pueden ver si no se tiene al paciente delante, y que eso sin dudas trae aparejado un empeoramiento de la calidad del diagnóstico como de los tratamientos.
Apuntó que “estamos con el foco en la contagiosidad de la pandemia y está bien, claramente, pero la idea es que haya un grupo también pensando en cuando se empiece a controlar la situación. Que visualice problemas, y por lo tanto, busque medidas para tomar el control nuevamente. Es necesario entender las secuelas en los dos campos: las propias alteraciones del Covid 19 en los pacientes que lo padecieron y lo que impactó en la asistencia de otros problemas”.
Y más allá de compartirse también la reflexión de que “hay bastante consenso en que el éxito de los programas de vacunación ha tenido relación también con el estado de control del virus que se tenga en el momento”, el punto es que paralelamente “restringir la movilidad como medida es algo que se puede hacer pero en cortos plazos, porque es preciso tomar en cuenta otros elementos de la sociedad y al mismo tiempo es necesario que la curva de vacunados comience a crecer”.
Lamentablemente ya hay aspectos irreversibles en este escenrio, y es que el hecho de que hay estudios, controles y consultas que se han dejado de hacer, lo que implica un arrastre de consecuencias muy negativas en los pacientes, que se dará en un futuro más o menos inmediato, y por otro lado es necesario señalar que en este esquema se han juntado el hambre y las ganas de comer: una atención sanitaria que se ha retraído sustancialmente, en perjuicio de los pacientes, pero también el temor natural de las personas a acercarse a los centros de atención por considerar –acertadamente– que son un foco potencial de transmisión del virus.
Lo que quiere decir que más allá de que los sistemas de salud estén crujiendo por esta sobredemanda coyuntural en recursos humanos y materiales, es fundamental tener en cuenta la necesidad de mejorar sustancialmente la calidad de atención en el área no Covid 19, más allá de que esté omnipresente el síndrome de la sábana corta, y que situaciones extremas requieren aguzar el ingenio y los esfuerzos para dar otra impronta en un panorama en el que no se están dando las respuestas que el desafío requiere.

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