El regreso de la rabia, un riesgo que podría entrar por la frontera

En mayo pasado, una joven de 33 años falleció en Coronel Suárez, a 800 kilómetros al sur de Paysandú en la provincia de Buenos Aires, víctima de rabia, luego de ser mordida por un gato enfermo. Tras la incidencia con el felino, la mujer sufrió alteración de la sensibilidad, dolor de cabeza, excitación y debilidad en los brazos, síntomas que se agravaron con el correr de los días, hasta que fue demasiado tarde para su diagnóstico. El gato había sido contagiado por la mordida de un murciélago.

La rabia tiene una letalidad de casi el 100% pero es prevenible por la vacunación, y el hecho de ser considerada como una enfermedad del pasado, favorece que no sea percibida como un riesgo.

Al respecto EL TELEGRAFO consultó al veterinario Germán Matosas, quien comentó que en Brasil y Argentina ya hubo registro de casos aunque en Uruguay no se confirman hace décadas. La rabia clásica se puede contagiar entre animales de la zona, pero el vehículo más común al ser humano son los perros y gatos, por lo que en las veterinarias los profesionales exhortan a la vacunación de sus mascotas, pero esa es una decisión de sus dueños y forma parte de la tenencia responsable.

Matosas comentó que “la salvación de un animal contagiado podría darse en la vacunación reciente a haber recibido la mordida que lo infectó, lo que lo hace difícil, pues un gato puede llegar infectado y su dueño asumir que resultó herido en alguna pelea común entre los gatos”.
“En la frontera se hacen controles de vacunación de los animales que entran y salen del país, pero en un caso extremo un animal infectado podría correr hasta 70 kilómetros mordiendo todo lo que está a su paso”, puntualizó.

Como forma de prevención, días pasados en Paysandú fueron recibidas 360 vacunas antirrábicas a través del Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA) que fueron distribuidas y aplicadas entre los refugios de la ciudad.