Actualmente más de 50 millones de personas padecen demencia en todo el mundo, y este número aumentará a más de 150 millones en 2050. Hay un nuevo caso de demencia cada 3 segundos y las personas mayores de 55 años temen la demencia más que cualquier otra enfermedad.
El doctor Marcelo Luaces, integrante del equipo técnico de Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP) que dirige el doctor Gustavo Curbelo, recordó que “casi el 60% de las personas con demencia viven en países de medianos y bajos ingresos. En 2050, esta proporción aumentará a un 68% estimado, ya que los aumentos en el número de personas que viven con demencia serán mucho más pronunciados en esos países que en las naciones de ingresos altos”.
Costo y estigma
El costo global anual de la demencia se calcula en U$S 1 trillón y aumentará a U$S 2 trillones en 2030. Sin embargo, el estigma y la falta de conciencia son un problema importante a nivel global. “En el mundo, hasta el 75% de las personas con demencia no han sido diagnosticadas y se estiman 12 estudios sobre el cáncer por cada uno de trastornos cognitivos”, señaló a Pasividades.
La aprobación unánime del plan de acción mundial de la OMS sobre la respuesta de salud pública a la demencia comprometió a todos los gobiernos a tomar medidas hasta el año 2025. Alzheimer’s Disease International (ADI) –que integra a más de un centenar de asociaciones de Alzheimer en todo el mundo– respalda las siete áreas del plan. “Los objetivos son la adopción de planes nacionales, la reducción de riesgos, el diagnóstico, los cuidados, el conocimiento, la información y la investigación”, resumió.
Situación de Uruguay
En Uruguay, unas 50.000 personas padecen Alzheimer y las autoridades estiman que esa cifra podría ascender a más de 100.000 casos en los próximos 30 años. Cada año se diagnostican unos 10 millones de pacientes en el mundo y en Paysandú, se estiman que hay unas 2.000 personas afectadas, pero no están diagnosticadas en su totalidad. Es decir que en el 2050, afectará al 22% de la población mundial mayor de 60 años.
“La esperanza de vida, que cada vez se extiende más, y el desafío que conlleva en una sociedad cuyo crecimiento demográfico está en declive porque hay baja natalidad y baja mortalidad, son algunos de los desafíos que se plantean”, precisó Luaces.
Esperanza para el futuro
La demencia es una enfermedad progresiva, crónica y existen desafíos diarios que experimentan 50 millones de personas y sus acompañantes en el cuidado. “Hay esperanza para el futuro”, aseguró.
ADI sostiene que toda persona con demencia tiene derecho a recibir un diagnóstico oportuno, el derecho a recibir cuidados, tratamiento y apoyo que responda a sus necesidades, además de la mejor calidad de vida posible.
“Las percepciones negativas de la enfermedad deben revertirse, de modo que todos acepten a las personas con demencia por sus capacidades en lugar de centrarse en sus déficits, y apoyen sus discapacidades. Los acompañantes deben ser mejor apoyados para tratar la demencia y los profesionales de atención primaria, enfermeros y cuidadores son claves para difundir el conocimiento”.
Luaces aseguró que “es posible reducir el riesgo de desarrollar demencia a nivel de la población a través de la educación, dejar de fumar, controlar la diabetes e hipertensión, evitar lesiones en la cabeza, moderar el consumo de alcohol, hacer ejercicio con regularidad, tener una buena dieta, una interacción social y actividad mental”.
La promoción de la salud cerebral debe integrarse en las campañas de salud pública, con el mensaje que nunca es demasiado temprano o demasiado tarde para hacer cambios. “En última instancia, habrá tratamientos que retardarán o detendrán la progresión de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, y es esencial que los gobiernos y los sistemas de salud estén preparados. Si los gobiernos, las instituciones globales, las fundaciones, las empresas y los individuos se unen para tomar medidas, podemos mejorar los resultados para las personas con demencia y sus cuidadores”.
Reducir el estigma
Las asociaciones llevan adelante una tarea de concientización sobre la enfermedad en fechas específicas, como ocurre durante el Mes Mundial del Alzheimer –en setiembre y su día particular, el 21–, con conferencias internacionales y reuniones regionales. Las instituciones publican información actualizada sobre la demencia, y la necesidad de aplicar políticas públicas, orientadas al respeto de los derechos humanos de estos pacientes. Apoyan y animan a la inclusión de personas con demencia y sus acompañantes. Desarrollan pautas lingüísticas, a fin de evitar un lenguaje estigmatizador, promueven el desarrollo de conceptos de amigabilidad con la demencia y alientan a las instituciones a abogar por su implementación.
Las asociaciones promueven, además, la atención centrada en la persona para reducir el estigma. Apoyan el desarrollo de herramientas y programas intergeneracionales. Trabajan con el fin de aumentar el uso de las oportunidades de comunicación, incluyendo el uso de redes sociales.


