Tuvo lugar en costas del arroyo Salsipuedes, en el límite entre Paysandú y Tacuarembó, el acto con el que se recordó un nuevo aniversario de la matanza que se considera el inicio del proceso que llevó a la desaparición de los Charrúas, en el año 1831. El acto se lleva a cabo el domingo más cercano al 11 de abril de cada año en el sitio donde se erigió el memorial, obra del doctor Juan Carlos Ualde, dado que el sitio exacto donde tuvieron lugar los hechos no ha sido precisado.
El acto contó con la participación de numerosos colectivos tradicionalistas e indigenistas. Llegaron dos micros desde Montevideo y el Sur del país, asistieron grupos de Paysandú y Guichón, comunidades que integran el Conacha de diferentes puntos del país. En representación del Municipio de Guichón, concurrió Diego Torres. Participó en la parte oratoria, como en los 17 encuentros anteriores, el historiador Gonzalo Abella, quien hizo referencia al porqué de este episodio, relacionándolo con la definición de la propiedad de la tierra durante el nacimiento del estado Oriental.
“Por un lado estaban los títulos de propiedad de la tierra desde la época colonial, del Virrey, y por otro lado estaban los títulos que había entregado Artigas. Cuando el gobierno oriental decide que los de Artigas no son válidos y sólo los títulos que había dado el gobernador español eran los que valían, se genera un problema muy serio en la campaña”, planteó. “Toda la gente que estaba ahora, familias negras, familias indias, familias criollas humildes que ahora tenían tierras, iban a ser desalojados, ahora ya no estaba Artigas, que estaba en Paraguay, y el grupo más organizado para defender el reparto de tierras de 1815 eran los Charrúas”.
Sin embargo, indicó que los Charrúas en 1930 “son gente muy agauchada, que anda en un caballo europeo, gente que usa metal europeo de sus armas y muchas veces hasta pequeños pistolones, obtenidos por trueque con los holandeses, que hablan español, pero además muchos de ellos son bautizados cristianos, son un grupo con memoria artiguista” y fueron quienes organizaron la resistencia “a la contrarrevolución agraria, o sea la restauración del poder colonial que establece el Estado Oriental”.
La consecuencia de los episodios que comenzaron en Salsipuedes y se extendieron los años siguientes no fueron, según Abella, “un genocidio en el sentido de matar los genes, sino un genocidio en el sentido destruir una cultura”. Mencionó por ejemplo el caso de los niños charrúas que fueron repartidos “entre la familias ricas de Montevideo con la obligación de que olvidaran su nombre, su identidad y su lenguaje. En el día fueron los primeros niños desaparecidos del terrorismo de Estado en Uruguay”, afirmó el investigador.
MARCHA
Abella no dejó pasar la oportunidad de hacer notar las dificultades que se plantearon este año para realizar la marcha, que hubiese sido la 16ª, que se estuvo organizando pero los convocantes desistieron, como publicara EL TELEGRAFO.
“Este año pasó en Paysandú una cosa muy dolorosa; todos los años en este acontecimiento de Salsipuedes se organizaba una marcha a caballo informal, de gente humilde, gente de Piñera, de Morató, de Tres Árboles, de Mellizos, que subían a caballo a iban a Salsipuedes a hacer una ofrenda floral a los Charrúas”. Este año, prosiguió Abella, “por primera vez el Ministerio del Interior puso tantas trabas que no se pudo hacer la marcha”.
El historiador afirmó que “era una marcha muy familiera pero claro, a esa gente que es de campo, que no son hacendados, gente humilde de campo, que de repente crió un potrillito en el jardín de su casa, en esos pueblos pequeños cómo les vas a pedir la guía para saber la propiedad del caballo”. En el mismo sentido, cuestionó “cómo le vas a pedir además la guía para saber quién era el dueño de la oveja que carnearon cuando hicieron la parrilla en el campamento, porque eran tres días de marcha. Se les pedía cosas que eran realmente absurdas, irreales”.
También lamentó que no se permitiera a las escuelas realizar beneficios que siempre se hacían. “Para peor Primaria prohibió a las escuelas de todos esos pueblos que vendieran pizza, empanadas, asado con cuero, que era una fuente de ingresos importantes para todas las escuelas que están en el camino hacia Tiatucurá”, indicó. “En las escuelas rurales vivían una fiesta con la cabalgata a Salsipuedes, que además muchas veces acampaba en su predio. Primaria prohibió que las escuelas participaran en las ceremonias, pues entonces estamos en presencia de una nueva arbitrariedad, al mismo tiempo que paradójicamente se le considera un sitio de interés histórico”.

