Escribe Ernesto Kreimerman: El odio divide, pero el respeto potencia lo mejor de todos

Un columnista del diario El País de Madrid, Manuel Vicent, escribía lo siguiente: algunos podrían “pensar que las dos Españas siguen enfrentadas a cara de perro bajo el signo de Caín… No es cierto. El odio que exudan algunos políticos no está en la calle”.

Y agregaba: “Este es un pueblo solidario, con la inmensa mayoría de gente que lucha por ser feliz contra toda adversidad”.

Acaso, ¿esto no vale para nosotros, los uruguayos? ¡Claro que sí, que vale también!

Manuel Vicent, escritor y periodista, ganador de los premios de novela Alfaguara (1996 y 1999) y Nadal (1986), entre otros, reflexiona desde las páginas de opinión del diario El País de Madrid, con mucha profundidad y sensatez. Y estas pocas líneas nos introducen en un asunto que también está extendido en varias geografías. A saber, por ejemplo, Argentina, España, Estados Unidos y por aquí se nos quiere colar por la ventana.

La libertad guiando….

La Liberté guidant le peuple (“la libertad guiando al pueblo”) es el cuadro de Eugène Delacroix, pintado en 1830, que simboliza una escena en la que el pueblo de París se alza contra el rey Carlos X de Francia. La imagen de aquella mujer, que en la mano derecha sostenía la bandera tricolor y en la izquierda el arma, rodeada de hombres de las clases medias y bajas, era el símbolo de una revuelta de ciudadanos franceses, sin liderazgo, contra la burguesía que estaba siendo beneficiada por un decreto real.

Eugène Delacroix, al explicar su obra, expresó que “he emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella”. Pero cuando de confrontación de interés se trata, la vida suele dar sorpresas. Prontamente, esta bellísima obra fue adquirida por el propio estado francés en el año 1831. Sin embargo, las presiones y las críticas fueron tan duras e insistentes, que en 1839 el cuadro fue devuelto al autor. “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”, enseñaba Don Quijote. Y así sucedió: unos años después, en 1848, el director de los museos nacionales reclamó la obra. El autor, no sabemos si con buen tono o sin él, la entregó al año siguiente. Pero no fue hasta después de la muerte del artista que la pintura se integró al Museo del Louvre. Su exhibición comenzó en 1863. Esta maravillosa obra enriqueció su significado y se transformó en un ícono mundial de la lucha por la libertad.

La transformación sin plan

Nada fue igual a partir de ella. La Revolución Francesa significó un cambio profundo que transformó radicalmente a Francia y al mundo. En 1789 cuando el rey Luis XVI convocó a los Estados Generales, una asamblea política compuesta por representantes de cada estado en Francia, que derivó en la formación de la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo objetivo era redactar una constitución para Francia. La Convención Nacional se convirtió en la Tercera República francesa después de la caída de la monarquía en 1792.

La Convención Nacional fue el gobierno revolucionario de Francia en el período que va de la abolición de la monarquía en setiembre 1792 y la creación del Directorio en noviembre 1795.

Precisamente, aquel 21 de setiembre de 1792 se proclamó la Primera República Francesa y en ese período acontecieron diferentes formas de gobierno. El primer tramo, el de la Convención Nacional, que llegó hasta 1795. Con decisiones trascendentes: se abolió la monarquía y se proclamó la república.

También, se condenó a muerte a Luis XVI. Lo más difícil de este período, la irrupción de la denominada época del Terror. A este tramo inicial, le sigue el Directorio, entre los años 1795 y 1799. Época de victorias militares. Y luego del Golpe de Estado de Brumario, en 1799, liderado por Napoleón, se inicia el Consulado. Que llegará hasta 1804 cuando Napoleón se transforma en Emperador y proclama el Primer Imperio Francés.

La división

Los hechos se fueron precipitando, correlación de fuerzas, y caprichos del destino: a la Convención Nacional le siguió la insurrección del 10 de agosto, el ataque a las Tullerías y la suspensión de la monarquía.

La consecuencia de aprobar la suspensión del rey fue que la Asamblea Legislativa se encontró sin un jefe de estado. En los sucesivos días de agosto, buena parte de los parisinos se abocaron de lleno a la guerra revolucionaria, una vez que prusianos y austríacos cruzaron la frontera, rumbo a París.

En aquellas divisiones, y buscando sobreponerse en los debates, la Asamblea Legislativa trató de revitalizar su existencia y se adjudicó la consigna para el derrocamiento del rey como si se tratase de una iniciativa propia, excluyente. La Asamblea se abocó a atraer el favor del público. El 25 de agosto, la Asamblea abolió todas las cuotas feudales, sin excepción y sin compensación.

Pero la Asamblea Legislativa tenía los días contados. Las divisiones fueron muy profundas. Así, en agosto, la Asamblea era consciente de su extinción. El 12 de agosto, la Asamblea propuso que “se aboliera la división del pueblo francés en ciudadanos activos y pasivos”.

¡Oídos sordos o desatentos, vaya a saber! Los diputados no estuvieron dispuestos a ceder: para ser elegible, se debía ser “un francés, de 21 años, residente en [Francia] durante un año, que viva de un ingreso o del producto del empleo, y no en servidumbre”. En síntesis, se negó el derecho al voto a las mujeres, los sirvientes y los dependientes de la caridad.

En la primera semana de setiembre, se eligieron 749 diputados para la Convención. Casi la mitad eran abogados, 55 clérigos, 8 nobles, uno de ellos, menor de edad.

Pero hay otra sistematización de la información: la mayoría pertenecían al Marais, la “masa holgazana”. Unos 200 eran jacobinos, y otros 160 se abroquelaban en torno a Jacques Brissot.

Lo mejor de nosotros…

Seguramente una de las mejores características que tuvieron los primeros años de la democracia posdictadura fue precisamente la revalorización de las virtudes del sistema y la preocupación por cuidar y preservar la calidad institucional del sistema democrático.

Con el paso del tiempo, se nos ha ido desgastando algunas de aquellas virtudes que tantas satisfacciones nos fueron dando y que tanta curiosidad y admiración motivaron en quienes se sorprendían con ellas. Por ejemplo, sólo mencionar dos: una, la inauguración del aeropuerto de Carrasco donde el presidente en ejercicio promovió la presencia activa del expresidente, de quien había sido su generador; dos, cuando el cambio presidencial en Argentina, nuestro país tenía un presidente recién electo, pero no en ejercicio; nuestro presidente saliente, con mandato casi concluido, cedió protagonismo a su sucesor.

El odio que esconden algunas expresiones lesionan severamente la convivencia democrática, erosionan la calidad institucional y crispan los ánimos. Apelar al debate respetuoso, potenciará lo mejor de todos, de propios y ajenos. Para construir desde un disenso, en el debate constructivo y reflexivo, de fundamentos e inclusivos, como en toda democracia, con mayorías y minorías, que aprueban y que rechazan.