La pasada cosecha de verano, afectada por la sequía en distintos puntos del país, generó una fuerte caída en los rendimientos y por ende una baja calidad de la semilla que se destinaría a la próxima siembra. Atendiendo esta realidad, el Instituto Nacional de Semillas (Inase) resolvió autorizar “como excepción para la zafra 2023-24 la comercialización de semilla de soja fuera de estándar en el valor de germinación, estableciéndose un mínimo del 70%”.
Inase informó que la semilla que se vuelque al mercado a comercializarse dentro de esta excepción deberá estar claramente identificada en sus rótulos, indicando “la condición de semilla fuera de estándar y autorizada a comercializarse con un mínimo de 70% de germinación”.
El ingeniero agrónomo Fernando Rincón, gerente del área de control de comercio de Inase, recordó a diario Cambio que en la zafra 2022-2023, los rendimientos de la soja que dio a conocer el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), “fueron de 600 kilos y la calidad fue pobre”. Esta realidad generó una “alta demanda de las empresas hacia el Inase para reducir el parámetro mínimo de calidad exigido para la soja”.
El profesional indicó que “el estándar mínimo de germinación para la soja es del 80%” y que atendiendo a esta demanda, “se ha bajado al 70% con ciertas condiciones. Por ejemplo, si la germinación está entre 70% y 80%, la etiqueta debe reflejarlo”. A pesar de esto, dijo que las empresas semilleras están realizando un importante esfuerzo en mantener la calidad de la semilla.
Rincón señaló que el instituto “realiza controles anuales de calidad en las semillas y se siembran ensayos en campos. Este año, redoblamos los esfuerzos para garantizar que las semillas que cumplen con el estándar del 80% lo cumplan realmente y no estén por debajo”.
Al mismo tiempo recordó que se realizaran controles a nivel de campo, principalmente en aquellos negocios que tradicionalmente se conocen como “bolsa blanca”, ya que estos negocios entre productores no tienen etiquetas y no se cumplen los estándares de calidad, por lo que pueden incluir malezas u otros cultivos no deseados.
En este sentido dijo que ya existen “sistemas de control en las plantas de procesamiento de semillas y en los establecimientos rurales para detectar estos problemas. Además, se realizan controles al hacer preguntas a los productores y verificar las existencias para evitar que se siembren materiales ilegales o no adquiridos legalmente”.
Contrabando de semillas
Respecto al ingreso de semilla de contrabando, Rincón reconoció que el control “es una tarea compleja”. Explicó que el instituto está trabajando en el control “tanto de lo importado como todo lo que se produce a nivel nacional y se vende”, y del ingreso “ilegal tanto de semillas físicas como de material de propagación vegetativa”.
Un claro ejemplo de los riesgos que conlleva el contrabando, tanto de semillas como de material vegetativo, es la problemática del Huanglongbing (HLB) y la detección de los primeros casos en Bella Unión, que están asociados al ingreso de plantas o frutos desde Brasil.
Rincón recordó que “cualquier producción o importación de material, de plantas o plantines de cítricos debe estar certificada. La falta de certificación o el contrabando pueden causar daños irreparables en términos de salud vegetal y, en consecuencia, problemas económicos, especialmente en un sector altamente exportador como el cítrico”.
El trabajo del Instituto Nacional de Semillas en este caso en particular “incluye inspecciones en campos, con productores, en viveros y en comercios, para prevenir que este problema entre a Uruguay y, si lo hace, controlarlo, minimizarlo y gestionarlo”.
Rincón recordó que “todo material, ya sea semilla o plantines destinados a la propagación, debe pasar por Aduanas y por las barreras sanitarias del Ministerio de Ganadería. Además, debe gestionarse en el Instituto Nacional de Semillas donde se debe cumplir ciertos pasos, para que estas semillas no pierdan garantías de calidad, de germinación y que la semilla sea genéticamente la que se anunció”.

