En Uruguay las campañas de prevención suelen ser tardías, pero también ocurre lo mismo en todo el mundo. Al cierre del mes de noviembre, los ministerios de Salud Pública y de Ambiente exhortaron a la población a que tomen los recaudos necesarios ante la exposición al sol.
“El cáncer de piel es uno de los más comunes en Uruguay y a nivel mundial”, reconoce el Ministerio de Salud Pública en su página web. Y las cifras siguen en aumento.
El punto en cuestión es que en un país con una arraigada cultura de ríos y arroyos, con una temporada enfocada principalmente al turismo de sol y playa, no se han encarado campañas fuertes que enfoquen al cuidado de uno de los órganos más visibles de cuerpo. Tampoco se han instrumentado campañas de educación a los usuarios de los prestadores para el uso de protectores solares con destino al cuidado de la piel. Ni a la protocolización para las recetas de estos productos que son vistos como algo innecesario o accesorio.
Cambiar esa forma de ver, costará nuevas cifras en una estadística que crece. Entonces, para tener una idea, habrá que apelar nuevamente a los números. Porque en Uruguay se diagnostican nueve casos por día de cáncer de piel o 3.207 casos al año. De ese total, 269 son casos de melanoma, el más mortal de los tipos de cáncer de piel. Es así que un total de 145 personas fallecen al año por cáncer de piel, 89 son por melanoma y en el año 2020 la tasa de mortalidad era del 1%. En nuestro país se diagnostican tres casos de melanoma por día y muere una persona cada cuatro días. Aún así, hay dermatólogos que opinan que existe un subrregistro. Es decir, no todos los casos han sido diagnosticados o tratados. Los casos se dan con mayor frecuencia en los hombres mayores de 60 años.
Cada año debido al cambio climático, las temperaturas elevadas comienzan a registrarse más tempranamente y con por ello la población tiende salir al aire libre, exponiéndose más tiempo a los rayos ultravioleta. Para protegerse, los protectores solares están disponibles a precios variados y su costo depende en gran medida de las marcas comerciales, así como también del comercio que lo expende. Ninguno requiere receta médica, pero no hay que olvidar que, en general, el usuario tiene una muy baja percepción sobre los riesgos del sol en la piel. Así que no está entre sus prioridades la compra de un protector solar.
Por otra parte, el precio de los bloqueadores solares es cuestionado desde hace bastante tiempo porque resulta inaccesible para buena parte de la población. Hace un año que el diputado del Frente Amplio, Enzo Malán, redactó y presentó en el Parlamento un proyecto de ley para quitarle el IVA a algunos de ellos, regular el uso de las camas solares en menores de 18 años –igualmente nocivas para la piel– y brindar los implementos de protección a los trabajadores públicos y privados que trabajan expuestos al sol. Y la Sociedad de Dermatología del Uruguay pide que el Parlamento acelere el estudio de la iniciativa, en tanto espera concurrir en los próximos días a la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados.
Sin embargo, siempre habrá un importante sector de la población que no tendrá acceso por sus propios medios, y que justamente son los más expuestos; gente en situación de calle, hurgadores, quienes están por debajo de la línea de pobreza. Ellos, por más barato que estén los protectores solares –que por cierto jamás serán “baratos”—no podrán adquirirlos.
A nivel de las instituciones de atención a la salud, los usuarios necesitan indicación médica para levantarlo en la farmacia de su prestador (público o privado) y si bien en el caso de ASSE lo obtienen en forma gratuita, la receta debe ser indicada por un dermatólogo. En el caso de la mutualista lo obtendrá acorde al costo de los tiques.
“La sombra te cuida” es la campaña de prevención lanzada por el Ministerio de Salud Pública en un país con las tasas más altas de incidencia y mortalidad en América Latina, tal como lo señaló la ministra Karina Rando. Pero si bien se apunta al cuidado todo el año, este enfoque preventivo llega en momentos de mayor movilidad hacia los espacios abiertos. Las recomendaciones pasan por evitar la exposición directa al sol entre las 10 y las 16 horas, utilizar ropa oscura y el protector. En realidad también existe ropa y gorros que cuentan con muy buena protección UV, pero en general es cara y difícil de conseguir en el mercado.
Esa tasa que crece desde hace 30 años es un indicador de la baja percepción del riesgo existente. Y al dividirlo entre hombres y mujeres, es más alto en la población masculina con 57 casos frente a 37, de mujeres. Es probable que, también, incida aquí otros factores culturales que pesan sobre un menor uso de los protectores solares.
Las formas de autocuidado son útiles para distinguir una posible afectación, ante la aparición de lesiones cutáneas. Y la necesidad de derribar mitos, tales como la idea generalizada de que las nubes en un cielo cubierto protegen de la radiación. Ni las pieles oscuras escapan. Porque si bien las pieles más blancas son más sensibles a la incidencia solar, todas son susceptibles de padecer cáncer de piel. Y la exposición indirecta también provoca los mismos perjuicios porque el agua o los árboles pueden reducir en cierto grado la radiación, pero sigue siendo alta.
La llegada a la población con jornadas de prevención y detección podrían ser más efectivas. No obstante, el autoanálisis es la forma más directa de llegada para evitar la morbilidad del cáncer de piel. Es decir, las consecuencias de tener una buena calidad de vida.
