Para el logro de un animal bien terminado se debe prestar atención a los procesos previos

El profesional argentino hizo especial destaque en la alimentación de los terneros.

“Los sistemas de producción de carne que llevan al logro de un animal terminado para el mercado deben prestar atención a procesos que involucran el manejo nutricional de la madre gestante, el período predestete, la recría o período de crecimiento y la finalización o acabado”. Tales apreciaciones fueron manifestadas por el ingeniero agrónomo Darío Colombatto, técnico argentino que presentó en el marco de las 51º Jornadas Uruguayas de Buiatría realizadas en Paysandú, las “estrategias ganaderas con foco en la recría: el caso del corral de inicio”. El citado profesional, que es profesor titular del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Agronomía, de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, señaló que mucha atención se ha prestado a la etapa de terminación, quedando algo relegada la etapa de crecimiento óseo-muscular.

En sistemas pastoriles, las ganancias de peso durante otoño-invierno son generalmente erráticas y bajas, lo cual se atribuye a cuestiones relacionadas con la cantidad y calidad del forraje disponible, el peso inicial de los animales y su condición inmunitaria (generalmente son animales recientemente destetados). El corral de inicio se muestra como una opción tecnológica muy eficaz para generar ganancias de peso en el rango de los 750-900 gramos por día, compatibles con un adecuado crecimiento óseo muscular, alta eficiencia de conversión y la generación de una óptima calidad de res y carne en el producto final.

EN LA PANZA DE LA MAMÁ

“La calidad de la carne del novillo empieza dentro de la panza de la mamá”, enfatizó el técnico.

“En efecto, en buena medida la calidad de la carne comienza bien temprano en vida. Incluso uno podría ir más allá, cuando piensa en el enorme valor agregado que hay en la elección correcta del plan genético a implementar en el campo, y en la planificación de la alimentación del rodeo de cría a lo largo del año”.

Premisas básicas como la obtención de una muy buena (superior al 70%) preñez cabeza (primer mes de entore) y períodos de servicio cortos son claves a la hora de comenzar a asegurar el resultado. Muchos de los procesos de desarrollo, tanto muscular como de grasa, comienzan en la gestación.

Al sexto mes de preñez, ya se encuentra definido el número total de fibras musculares que tendrá el animal. A partir de ahí, lo desarrollado sólo puede crecer, pero no habrá nuevas fibras.
Malnutriciones severas en la hembra gestante durante el segundo tercio de gestación pueden resultar en novillos que no alcancen el peso final buscado.

Datos de encuestas en la región Cuenca del Salado de Argentina hablan de porcentajes superiores al 40% de las vacas que paren flacas, con lo que las probabilidades de encontrar hembras severamente subnutridas aumentan mucho.

Esta situación es parecida en regiones de Uruguay, Paraguay y Brasil. En el último tercio de gestación, el feto crece exponencialmente, y mucha gente tiende a restringir la vaca (y más probablemente a la vaquillona de primer parto) buscando un parto más “fácil”.

Bueno, esta restricción puede bajar el peso del ternero no sólo al nacer, sino que puede bajar el peso al destete de ese animal hasta en 10 kilos, explicó Colombatto. Más aún, esas restricciones pueden tener efecto en subsecuentes generaciones, tal como lo mostró un estudio reciente en Argentina. No hay una correlación definida entre el plano de nutrición de la madre y el peso de ternero al nacer.

En efecto, vacas alimentadas a 140% de los requerimientos de nutrientes digestibles totales, parieron terneros más livianos que vacas alimentadas al 70% de esos requerimientos. Es probable que los reportes de terneros “grandes” sean más reflejo de inadecuadas genéticas o casos de vacas que siempre están subnutridas y que un año se nutren adecuadamente, generando un crecimiento de ternero normal. Si esto se asocia con genéticas paternas no ajustadas, el problema aparece cuando se nutre bien a la madre.

“¿Qué queremos decir con esto? Que el estado corporal de la vaca se debería mantener lo más inalterable que se pueda a lo largo del ciclo de gestación, ya que bajar demasiado, o subir demasiado, pueden afectar no sólo el crecimiento, sino también el desarrollo de la progenie”.

“Bajando a tierra, el ideal debería ser tener un umbral mínimo de estado corporal de 4,5 y un máximo de 6 (escala 1-9).
Este ternero, una vez nacido, debería tener una ganancia al pie de la madre que no baje de los 700 gramos por cabeza/día. Obviamente que la máxima ganancia será función del biotipo, peso adulto de sus progenitores, manejo de la alimentación y producción de leche de sus madres, entre otros factores. Si nació cabeza de parición, tiene muchas más chances de crecer mejor que sus hermanos cola de parición, por algunas razones conocidas y otras no tanto.

Dentro de las primeras, la madre de un ternero nacido a mediados de setiembre alcanzará su pico de producción de leche a mediados-fines de noviembre, cuando probabilísticamente la producción de pasto primaveral en la zona ya está en franco crecimiento”, explicó.

“Simultáneamente, está ocurriendo algo trascendental en la vida del ternero: la transición de pre-rumiante a rumiante, y es muy importante que esto transcurra con pastos tiernos y digestibles, lo que le permitirá maximizar el consumo de materia orgánica fermentable en rumen, haciendo que la transición de dieta puramente láctea a mezcla lacto-sólida sea mucho más suave. Por el contrario, el ternero cola (nacido hacia mediados de noviembre, principios de diciembre), sobrellevará este cambio a fines de enero, cuando la proporción de pasto nuevo y en estado vegetativo ya ha decaído.

Esto configura un fenómeno de doble golpe para el ternero cola: no sólo es más joven y liviano que el otro a la misma fecha, sino que la transición a rumiante la pasa en momentos muy desfavorables, bajando las chances de tener buenas ganancias de peso, expuso.

“Lo expuesto tiene dos implicancias importantes: la primera es que debemos por todos los medios intentar concentrar nuestros tiempos de servicio lo más posible, buscando pariciones más parejas. Por otro lado, darnos cuenta de que, si la calidad del pasto estival empeora (aunque haya buena cantidad), la vaca quizás mantenga su estado, pero el ternero ya no tendrá las ganancias que nosotros esperamos dada la genética que tiene”, sostuvo.

Agregó que en estos casos es cuando se puede analizar la técnica del creep feeding, o alimentación diferencial del ternero al pie de la madre. Esto consiste en darles alimentación suplementaria al ternero, sin acceso a la misma por parte de la madre, lo que permite mejores ganancias de peso del ternero sin que necesariamente haya cambios en el estado corporal de la madre, porque de hecho el ternero no reduce su consumo de leche.

“Tengamos claro a esta altura que creep feeding no es sinónimo de destete precoz. El creep feeding es una herramienta para ayudar al ternero, mientras que el destete precoz persigue el objetivo de asegurar la preñez de la madre en primer lugar”, señaló.