Caminas por senderos de olivares / y tu cambias los sables por arados / que surcan hoy la tierra que enriqueces / con espigas, das pan con el trabajo.
Te arrimas a tu puerto, marinera, / y en tu río descansas la mirada / te inspiras somnoliente entre sus aguas / y despiertas, con golpes de algún ancla.
Y cambias por el traje de un obrero / que da vida al trabajo de tus fábricas / construyendo, con su paz y progreso, / Paysandú, eres sol de esperanza.
Si hiciésemos el ejercicio de ampliar y actualizar la letra que la maestra Stella Etchamendi Russi dio al Himno a Paysandú, el texto no podría dejar de referirse a las décadas transcurridas durante el proceso de desindustrialización y a cómo ha costado encontrar un nuevo rumbo, una nueva actividad que sea, además de una fuente de ingresos, un elemento que culturalmente nos identifique. En el imaginario colectivo, seguimos siendo la misma ciudad industrial ferviente que fuimos desde la década de 1940-50, aunque la realidad hoy nos muestre que los tiempos han cambiado. Y no se trata de dejar atrás ese legado, al contrario, es nuestra historia y con orgullo se la ha vivido. Pero los tiempos actuales ofertan otra cosa y el presente se ha construido casi sin habernos dado cuenta. Las nuevas estrofas que se agregarían a esa continuación del himno deberían hablar de un Paysandú residencia estudiantil, por los muchos que llegan, cada año más, a sumarse a las aulas de las diferentes instituciones educativas que han crecido en la ciudad, a las nuevas que han llegado, como UTEC o los nuevos institutos dependientes de UTU, como el ITSP, o el IAE; o las nuevas carreras que han traído otras que llevan mucho tiempo, como la Universidad de la República, con el desarrollo que ha tenido el Polo en la vieja Estación Experimental, o el Instituto de Formación Docente. Paysandú es hoy una ciudad universitaria, no hay quien lo niegue.
Y lo será más aún cuando se concreten las nuevas inversiones en curso. Pero de la mano de ello, Paysandú es también una ciudad innovadora. Tal vez no lo percibimos, pero parte de la esencia de la actividad universitaria es la investigación, el desarrollo de nuevo conocimiento. Y la otra pata de ese trípode es la extensión, es decir, difundir ese conocimiento, hacerlo llegar a la comunidad, que es de la forma en la que se hace visible y hay un retorno directo a la sociedad. Tal vez esto no lo estemos capitalizando todo lo que se podría, forma parte del tema que venimos hoy a plantear. Paysandú es, además, una ciudad de desarrollo tecnológico, hay empresas que están formando sanduceros para trabajar en el exterior, pero desde acá, en nueva tecnologías. Es también una ciudad emprendedora, y en estoy hay un cambio respecto al perfil tradicional de ciudad obrera –que lo sigue siendo, por supuesto– que incorpora la iniciativa empresarial. Es también una ciudad con una actividad cultural por encima de la media –muy por encima de la media– de las capitales departamentales del Interior. También tiene, esto no hay quien lo niegue, el potencial para convertirse en una ciudad en la que el turismo sea una fuente de ingresos para sus ciudadanos, por sus valores propios pero además por proximidad y vínculos con una zona de la República Argentina en la que el turismo ya es esa fuente de ingresos segura y estable para sus ciudadanos.
De alguna forma, la situación es diferente a la de hace algunos años, cuando en 2016 se convocaba a pensar El Paysandú que queremos, invitando a “imaginar, pensar y proponer ideas grandes y pequeñas, las que pisan fuerte y las que tienen alas, con el objetivo de diseñar entre todos el Paysandú del futuro. Desde diferentes visiones, edades, lugares y profesiones nos propondremos definir qué rumbo queremos para el Paysandú que soñamos”.
En momentos en que celebramos estos primeros 161 años como ciudad, estamos presenciando una nueva disputa electoral, cuando se festejen, el año que viene, los 162, estaremos en vísperas de la asunción de un nuevo gobierno departamental, que ya habremos elegido en mayo de 2025, y estaremos transcurriendo los primeros meses del nuevo gobierno nacional; ya habrá terminado el tiempo de la discusión electoral. Lógicamente, por la esencia de esta disputa, los meses venideros serán de confrontación, de discusiones que muchas veces se salen de todo, de reproches y cuestionamientos. Pero es una buena aspiración que, además de todo eso, los meses venideros sean también de pensar en la mejor forma de consolidar procesos, de hacer que los pasos que se han dado se refuercen y que se pueda seguir buscando mejorar: que el puerto sea una opción atractiva para el comercio y la producción, que se completen los proyectos pendientes y vuelvan a correr los trenes por esta zona, que con su transformación el aeropuerto pueda insertarse en un circuito de vuelos regionales o que aporte a las inversiones que tanto se necesitan. Pero por sobre todas las cosas que se quiera venir a Paysandú: a aprender, a comerciar, a pasear, a invertir, a lo que sea; que la ciudad tenga esa relevancia, en el contexto nacional y en la región. Ese es el desafío y aspiramos a que se convierta en el desvelo de todos quienes buscarán asumir el honor de representarnos, como ciudad y departamento, y que en ese desvelo nos encontremos tirando hacia el mismo lado.
¡Felices 161 años, sanduceros!

