Los candidatos a la presidencia proponen medidas para combatir la inseguridad ciudadana. El gobierno muestra su estadística, desarrollada en un Observatorio que no ha cambiado la modalidad de medir la evolución del delito. La academia y algunos medios de comunicación van un poco más allá, al tratar de comprender la percepción ciudadana y su vinculación con la pura realidad.
Es decir, todos quieren participar en una conversación que interesa por la fuerza que tienen estos tiempos electorales ante un asunto que aún encabeza las respuestas de las encuestadoras.
Los propios hechos se muestran visibles, tanto por la intensidad de su tratamiento en las noticias así como por los intereses institucionales o políticos de un lado u otro. Incluso, en Uruguay es sabido que un gobierno gana o pierde con este tema.
La inseguridad continúa siendo un punto estratégico que abre o cierra debates y que aleja u obtiene adhesiones. Pero se compone de diversos factores, algunos de los cuales comienza con el sentido del relato de las experiencias, la influencia de la comunicación de masas y la prioridad al momento de elegir los relatos para contar.
Por ejemplo, desde hace más de diez años que los homicidios presentan una curva ascendente y la violencia se incrementa en cada acto delictivo, sobre todo si tiene lugar en medio de zonas con alta vulnerabildiad. Tampoco cambia el perfil: son varones jóvenes, pobres y en zonas de alta complejidad en la convivencia. Entonces, ante un escenario que se ha cristalizado, las estrategias presentadas en contexto de tiempos electorales presentan grandes desafíos. Particularmente, no resulta fácil detenerse a pensar que una mayor punitividad ha logrado aumentar el índice de presos en las cárceles del país, porque el delito continúa en las calles.
Aquí la mirada sobre la violencia adquiere otras dimensiones y es difícil saber si están contenidas en los planes de gobierno. El ministro del Interior, Nicolás Martinelli, dijo a los diputados que integran la Comisión de Seguridad y Convivencia que es necesario abordar esta problemática de la violencia en la sociedad antes de que la denuncia llegue a la Policía. De lo contrario, será tarde.
Es así que enumeró los casos de homicidios ocurridos por fuera de los ajustes de cuenta o en las cercanías de las bocas de venta de droga. Martinelli se refería a la muerte violenta de un vecino a manos de otro que reclamaba por la música alta. O a una pelea entre jóvenes a la salida de un boliche. Incluso la situación ocurrida en torno a un paseo de mascotas, donde una atacó a la otra y se generó una pelea con herido de muerte.
En cualquier caso, hay un amplio mundo de violencias que están por fuera de las estadísticas oficiales. Y deberían incluirse los casos de suicidio, intentos de autoeliminación o el incremento en la siniestralidad en el tránsito. Cada una de estas situaciones con causas y consecuencias tan diferentes una de otra, pero que involucran otros aspectos como la educación, trabajo o un necesario llamado de atención sobre la salud mental.
Las estadísticas que han difundido los sucesivos gobiernos, se basan en líneas generales, en las denuncias presentadas antes las seccionales policiales y los delitos contra la propiedad continúan midiéndose en hurtos y rapiñas.
Los índices de victimización se mantienen estables, pero no parece traspasar la pantalla la situación de victimización con respecto a otros delitos, como la violencia doméstica o los delitos de acoso y agresión de índole sexual. No obstante, en las últimas semanas hubo ejemplos claros de casos ocurridos en distintos ámbitos, que suelen aparecer desagregados.
El crimen organizado es visto como un componente de la inseguridad y sus ramificaciones se extienden a lo largo del territorio, con conexiones mundiales. A menudo, es utilizado como una “causa” para explicar todo este fenómeno de criminalidad y violencia en Uruguay.
Es común que el espectro político exponga severidad y control, con la aplicación de inteligencia policial y nueva gestión. El candidato del Partido Colorado, Andrés Ojeda, aseguró que la seguridad es “80% pienso, 20% músculo”, con el foco puesto en los homicidios.
“Hay homicidios en Uruguay que son de pura regulación emocional. Son de pura intolerancia a la frustración y al malestar, cómo la gente maneja ese momento de angustia que le lleva a un acto de violencia trágico”, dijo Ojeda.
Entonces, el tiempo no pasó en vano para darse cuenta que el problema va bastante más allá de la contabilización del delito, su explicación y comparación con el gobierno anterior. Sino la comprensión de que una medida de contención puede atravesar varios gobiernos –es decir, años– hasta lograr el objetivo de bajar los índices de violencia.
El candidato del Partido Nacional, Álvaro Delgado, aseguró que no existe la “seguridad pública sin represión” y rechazó la tendencia a la “romantización” que siempre trata de explicar “la causa que la genera”.
Es así que propone la creación de “un grupo ‘multifuerza’ para ir detrás de los líderes de las mafias y a colocar inteligencia artificial en las cámaras de seguridad policiales”, además de programas de rehabilitación carcelaria.
El candidato a la presidencia por el Frente Amplio, Yamandú Orsi, planteó “acuerdos mínimos” con todos los partidos sobre la seguridad. Orsi admitió que tiene que “cambiar algo” de lo que hicieron los gobierrnos anteriores del Frente Amplio y que no tuvieron resultados.
Los próximos gobiernos tienen en sus manos el desafío planteado de instalar una política de Estado al respecto y evitar que la inseguridad ciudadana siga marcada en la agenda como un botín electoral.