Durante varios años en la década del ‘90, en Paysandú funcionó Proceres, emprendimiento productivo que nucleaba a pequeños productores de cerdos y que durante un año y medio faenaron en la explanta de Conaprole en Parada Esperanza. Hoy, ante la formalidad de poder faenar a nivel predial de manera legal –una de las reivindicaciones por las que luchaba la cooperativa en su momento–, consultamos a uno de sus integrantes sobre la visión de la situación.
Para Omar Macagno, “es algo muy importante para los pequeños productores de la zona suburbana de la ciudad de Paysandú”. Recordó que “la comercialización de lo que producíamos era a través de la industria local en el rubro cerdos. Como ésta hoy se presenta con serios problemas, nos quedamos sin lugar donde vender lo poco que producimos los pequeños productores”.
Esta nueva propuesta de faenar legalmente en los predios “es una solución, porque los que tenemos dos o tres cerdas madres y una determinada cantidad de lechones durante el año, no podíamos venderlo, y teníamos que andar escondiéndonos porque estábamos haciendo las cosas de mala forma”, sostuvo el productor.
“Ahora con esto tenemos una pequeña ilusión de poder salir con lo que tenemos para vender; por supuesto con determinadas normas, con lo que estoy de acuerdo, ya que hay que tener mucho cuidado con esto, porque después se prenden aquellos que no están de acuerdo con esa norma y la voltean”.
QUEDó ATRáS
Sobre la posibilidad de retomar Proceres sostiene que “quedó para atrás porque cambiaron todas las reglas. Ya no tenemos la planta, que se vendió, e incluso en ese lugar en donde durante un año y medio faenamos lechones, la empresa que se quedó con la planta rompió lo que teníamos ahí para esa faena”.
Volver a formar Proceres entiende que es “inviable”, porque “han pasado muchas cosas, porque algunos productores se han ido físicamente, otros que ya no tienen más cerdos en su predios”.
Además, sostuvo que la industria local que estaba muy vinculada a la producción de cerdos, mermó considerablemente su producción y prácticamente tiene muy pocos animales “afectando muchísimo a la producción de cerdos de los productores en Paysandú”. Precisó que esto es porque la industria “mantenía sus animales con suero –de la planta de Pili, que ya no funciona–, había en donde comercializar los animales en pie y todo eso se terminó, afectando la parte productiva, por lo que muchos productores dejaron de producir cerdos”.
Incluso, subrayó que “los que producíamos mayor cantidad de cerdos tuvimos que disminuir la producción porque no hay donde vender, por lo que esto ahora puede ser una pequeña ventana para aumentar la producción, ya que se podrá vender un poco más de forma legal”.
Macagno entiende que próximamente se conocerán las normas de cómo se podrá faenar y la documentación de los animales. “Porque no es matar un chancho y llevarlo al destino, sino que hay normas que se deberán cumplir, para el bien de nosotros y del consumidor, y sabiendo que habrá un control para que esto no se escape de las manos. Habrá que tener mucho cuidado para no romper las reglas que dictaminen”, dijo el productor.
EL FINAL DE PROCERES
En el año 2009, especialistas advirtieron que la gripe A H1N1 no se contagia por la ingesta de carne de cerdo, pero la aparición de la enfermedad determinó el cese de la actividad de la planta de faena de Proceres, ubicada en Parada Esperanza, Paysandú.
Los pequeños productores familiares vieron gravemente afectada la comercialización del producto debido a la drástica reducción de la demanda, ya que entre 15 y 25 lechones eran faenados cada semana.
Macagno indicó que “teníamos una salida semanal que nos permitía mantener el esquema productivo hasta que surgió este tema. Los carniceros a los que les comercializábamos nuestra producción dejaron de comprar porque no se vende” por “la difusión equivocada que se ha hecho del tema a través de la prensa y a lo mal que ha entendido la gente”, explicó.

