Un artículo publicado en el Huffington Post (huffingtonpost.es) describe: “El nuevo tren eléctrico que viaja por vías olvidadas”, es capaz de transportar hasta 80 pasajeros y su batería se carga en dos minutos, fue presentado en 2022 y se espera que inicie las pruebas en vías a principios de 2027 en Moselle, con la intención de entrar en funcionamiento en 2028. Dice el artículo que el grupo francés Lohr desarrolló este nuevo concepto de “tren miniatura”, llamado “Draisy”, con un peso de 20 toneladas y capacidad para 80 pasajeros, con el objetivo principal de “revitalizar las pequeñas líneas de tren que han sido abandonadas o que corren el riesgo de desaparecer, ofreciendo una alternativa al uso del coche en áreas con menor densidad de población”.
Se lo propone como una “solución adaptada” para que las comunidades mantengan un servicio ferroviario económico. Este tren eléctrico, se afirma, “tiene el potencial de conectar pequeñas localidades con rutas ferroviarias principales a través de estaciones multimodales, promoviendo así formas de transporte más sostenibles. Combina características de un tranvía y un tren regional, funciona con baterías, puede alcanzar una velocidad de 100 km/h y tiene una autonomía de hasta 100 kilómetros”. Además, al contar con un espacio para bicicletas y una zona accesible para personas con movilidad reducida, es ideal para recorridos con fines turísticos. Están trabajando en el desarrollo de un sistema de carga rápida que permitirá recargar las baterías en menos de dos minutos.
Es nada más que un sueño, pero qué interesante sería disponer de un servicio de este tipo para, desde Paysandú transportar visitantes a los centros termales y, ya que estamos, aprovechar para ofrecer transporte a vecinos de las poblaciones intermedias. Hay otras alternativas que también podrían pensarse, como la del Tren Solar de la Quebrada, en la provincia argentina de Jujuy, que también ofrece un servicio turístico combinado con transporte local (con tarifas diferenciales).
Este tipo de cosas son las que alguien esperaría enterarse, ya prácticamente consumido el primer cuarto del siglo XXI de una empresa ferroviaria, noticias que hablen de cómo se busca aplicar nuevas tecnologías y soluciones para ofrecer un mejor servicio, aprovechando la infraestructura existente y la larga tradición, el amor inexplicable que tienen los uruguayos por el ferrocarril, o como dijo el presidente Luis Lacalle Pou, cuando cortó la cinta del ferrocarril central, tienen “devoción desde el ADN por el tren”.
Sin embargo, lejos de ello, las novedades que vamos conociendo de AFE refieren a todo lo contrario, a una empresa vacía, que prácticamente no funciona salvo por algún servicio aislado, como el que presta entre Tacuarembó y Rivera, y que es poseedora de un patrimonio que hace rato que no es capaz de atender debidamente. Claro, los orígenes del problema habría que buscarlos en el mal negocio que se hizo en la compra de las compañías inglesas, ya necesitadas en ese entonces de una renovación tecnológica que Uruguay no pudo procesar y de cuya dimensión —en términos de inversión— recién tomamos idea cuando se renovaron —parcialmente— las vías entre Piedra Sola y Salto Grande y con el proyecto del Ferrocarril Central, ya mencionado.
A contrapelo del concepto actual del patrimonio, y venimos de la celebración del día del patrimonio, en vez de abrir sus puertas para que los uruguayos visiten, conozcan, disfruten y aprendan sobre la rica historia del ferrocarril, que particularmente en Paysandú fue muy importante, la conducción de la empresa en los últimos meses determinó la aplicación de un protocolo de visitas (resolución 366/24, del 30 de agosto de 2024) que dificulta enormemente realizar visitas coordinadas y directamente hace imposible pensar en que alguien que de pronto llega por el día pueda conocer las instalaciones.
El protocolo dispone que hay que cursar una solicitud de visita dirigida al área de Prensa de AFE, por escrito, por correo electrónico o Mesa de Entrada, luego presentar documentación para anexar al expediente (nombre completo, documento de identidad, teléfonos, dirección, cargo que ocupa, motivo y finalidad que busca con la visita), deberá indicar el lugar que se desea visitar y fecha tentativa, así como el listado de las personas que participarían de la visita, con nombre completo y documento de identidad y luego dispone de plazos para la consideración y la respuesta del trámite que en el Interior del país son el triple de extensos que en Montevideo, inexplicablemente.
Se entiende que hay razones de seguridad y tal vez haya alguna intención de cubrirse jurídicamente frente a eventuales accidentes que pudiesen ocurrir, pero la respuesta no puede ser la de cerrar todo y no dejar que se haga nada, va incluso en contra de una tradición de la misma empresa de hacer convenios con otras instituciones para que hagan uso de inmuebles que no están prestando actividad. Esas cesiones siempre vienen bien, porque solucionan problemas locativos a esas instituciones sociales y a su vez los locales reciben un mantenimiento.
Tal vez no sería mala idea que AFE hiciese un llamado general a interesados en emplear esas instalaciones ociosas, en determinadas condiciones. Pero lo que no podemos permitir es que simplemente se decida pasar llave y que no circule nadie más. Pero más allá de todo ello, es llamativo que el mentado protocolo no considere circunstancias especiales, como la existencia en Paysandú —al igual que en Peñarol y en Sudriers, en el sur del país— de una muestra museística referida a la historia del ferrocarril en la ciudad.
Ya hemos contado la historia de ese que los trabajadores que la crearon denominan como Museo Midland, en homenaje a la empresa inglesa que tuvo su base operativa en la ciudad, que no solamente suele ser muy visitada durante estos días del patrimonio, sino que además ha recibido el reconocimiento en 2022 de parte del Gobierno Departamental como Bien de Interés Patrimonial, una distinción que a la empresa parece no haberle llegado, o que sencillamente no le ha causado el menor interés, paradójicamente.
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