Escribe Danilo Arbilla: No son lo mismo y pasan cosas

Mañana debate. Será algo aburrido y no cambiará nada, pienso. Jugarán al cero y a no meter la pata. Lo del 24 sí es bravo; si ese día le erramos, pasarán cosas y hasta puede que nos vayamos al carajo.
Hoy el mundo es diferente: mucho bicho raro. Democracias muy machucadas y populismos y fanatismos rampantes. Gobernantes y dirigentes categoría sub14, para ser generosos. Y todo eso juega.
Los uruguayos además manejamos dos supuestos errados, creo: que aquí no pasa nada y que todos son lo mismo.
Se repite y se repite eso de que en Uruguay es distinto. Algo muy naif o una compadrada. Que nuestra izquierda no es violenta y no piensan en guerrillas y esas cosas caribeñas, que nuestros militares son civilistas, que en verano no ocurre nada (tuvimos más de un verano caliente y febreros amargos). Pasan y van a pasar cosas, según elijamos.
Venezuela no está lejos y menos Argentina. ¿Por qué no podría darse aquí lo de esos países? Tenemos unos cuantos pichones de Maduro y muchos más seguidores de los Kirchner (nacionalizar o apoderarse del ahorro privado para las jubilaciones). También hay unos cuantos que estudian para Milei y hasta para Buquele. Todos dentro de la misma bolsa.
El peligro es bastante cierto, y si se da en Uruguay es mucho más grave: no tiene el petróleo de los venezolanos ni la infinidad de riquezas de los argentinos. Nos puede ir mal; nadie está libre. Habría que pensarlo y tomarlo muy en cuenta.
Tampoco es cierto eso de que todos son lo mismo; ni los dirigentes ni los partidos. No son lo mismo ni en sus ideologías, sus objetivos y sus prácticas; nunca se ha estado tan dividido. Hasta las tribunas están separadas. Antes, eso era impensable.
El Frente Amplio de hoy no es el de Seregni, (progresista y batllista), Michelini (batllista), Terra (social-cristiano), Cardoso (socialista), Jaime Pérez (comunista) ni el de Héctor Rodríguez y José D’Elía. Se dice que las comparaciones son odiosas: en ese caso serían súper odiosas.
Aquel FA, que nació como una esperanza ante el desorden en el plano político, se fue corriendo, de a poco pero sin pausa. La decapitación de Seregni fue todo un “avance”. Hoy es marxista, con una clara mayoría del MPP ligado a los tupamaros y un Partido Comunista con menos votos que los esperados, pero con el dominio del Pit Cnt y dos senadores sin los cuales no hay mayorías y algunos otros grupos más radicales, aún. No tiene propuesta, solo lo que dice la doctrina, cuya dialéctica comienza por destruir. Lo han hecho: oponerse, pedir cuarentena para la pandemia (no han tenido ni la hidalguía de reconocer lo que hizo el gobierno), sin propuestas y mentiras y populismo a rolete: menos trabajo y más salario o jubilación, salario básico, y “deslizan” agua y salud gratuitas y otras maravillas; faltan las canillas que dan leche y las calles en bajada.
No tienen nada y si lo tienen lo esconden y eso asusta más.
Enfrente tampoco es que haya mucho. Convénganos que ni Orsi ni Delgado mueven mucho a la gente; y que éste le erro feo en alguna decisión. Tampoco hay un “legado”, como quedó confirmado en las votaciones, pero sin embargo éstas le armaron a los republicanos una estructura con buen cimiento y pesos y contrapesos, que haría que esta coalición, de seguir en el gobierno, engranará mejor que la anterior liderada por Lacalle Pou. Y eso asegura que no habrá cambios peligrosos.
Al votar cada uno sabe mejor que nadie qué es lo que más le conviene.