Días pasados, a través de un Cortocitcuito Ciudadano, se daba a conocer una donación a disposición de la población de la localidad de Algorta, la que podría pasar a retirar “rabanitos, acelga, y orégano” en el horario de 8 a 11 y “en la dirección Manzana 5, Solar 162”.
Para conocer más al respecto EL TELEGRAFO se comunicó con Mario González, vecino radicado hace varios años en la localidad, procedente del departamento de Maldonado, quien relató las circunstancias en las que ha decidido dejar de trabajar la huerta que explotaba en su propiedad y que comenzó a partir de una capacitación ofrecida por la Intendencia de Río Negro.
“Tengo 91 años cumplidos, voy por los 92, soy lisiado, camino con bastón. Soltero sin hijos, no tengo familia, vengo de Punta del Este. Conocí circunstancialmente esto (Algorta) por el deporte del voleibol. Yo estaba haciendo un curso en Mercedes, con un entrenador internacional, yo daba clases con unos cubanos, y tuve que irme del hotel en que paraba porque venía la carrera ciclista y no tenía donde dormir”, relató.
En ese entonces un equipo juvenil de Algorta había dado la sorpresa al derrotar en un torneo nacional a Carmelo, “que eran famosos por lo buenos”, y surgió la posibilidad de instalarse unos días en el lugar, dijo. “Estuve siete días en la casa de un señor, siete días sin dormir en la cama, dormía a la intemperie, sentado. No podía creer, no podía creer el silencio que había. Tenía 80 años, en el 2015, vendí todo y alquilé una casa, que ya compré, todo esto es mío. Yo era de raza ‘pituca’, es decir bancario, 42 años de banco. Cuando vi esto dije qué equivocado que estaba. Y empecé de abajo”.
Para empezar de cero contrató como asesora a la misma profesional que estuvo al frente del curso, “y puse un letrero bien grande que dice así en la puerta ‘Mini huerta ecológica con apoyo técnico de la Junta Local’, que todavía se mantiene”. Siente que viene perdiendo la batalla contra las plagas. “La lucha que tengo contra la naturaleza, la naturaleza me la ganó. Los bichos moros, por ejemplo, yo no sabía lo que eran los bichos moros, de un día para el otro te comen todo, los caracoles, yo tengo ocho cámaras acá, la gente no sabe los bichos que se trasladan en el aire, es impresionante”, afirmó. “No sé técnicamente, hongos, insectos, aparecen todos los días enfermedades nuevas. Es una lucha desigual que va ganando la oposición al ser humano. Entonces, este es el último año que tengo la huerta”, aseguró.
Pero la huerta sigue produciendo y tiene un excedente, que es lo que está distribuyendo. “Tengo tanto producto que puse ese aviso en el diario, y ya vinieron varios; por ejemplo vienen, me traen huevos y se llevan esto, lo otro. En total hay nueve canteros, en cada cantero hay un cuchillo, la gente viene y me dice ‘Mario, mire, traigo esto’ y se lleva. Yo acá en la heladera junté paquetes con veinte hojas de acelgas, entonces vienen, me dejan lo que quieran y llevan”, explicó.

