Calidad de vida

En el tramo final de este año se conocieron los datos que se generaron a partir de haberse realizado durante el 2023 el Censo de población, hogares y viviendas en nuestro país, coordinado por el Instituto Nacional de Estadística. Además de la información central, la relacionada con la cantidad de habitantes de nuestro país, de los diferentes departamentos, ciudades y localidades –que permiten entender algunos fenómenos que siguen ocurriendo en el país relacionados con la población y sus desplazamientos, y ojalá tomar insumos para definir políticas que procuren corregir algunos rumbos– el Censo también nos permite acceder a información relacionada con los cambios en nuestra forma de vida. En esta información también están “escondidas” explicaciones sobre tendencias nuevas de los uruguayos y las familias uruguayas, conceptos nuevos como el de vivir solo por elección, como una opción de vida. “De acuerdo con los datos obtenidos, el tamaño medio de los hogares particulares ha experimentado una reducción constante desde 1985 hasta la actualidad”, publicó el instituto esta semana, marcando que desde 1985 el promedio de personas por hogar cayó desde 3,4 a 2,5. “Estos resultados reflejan cambios significativos en la dinámica familiar del país, confirmándose una tendencia hacia hogares más pequeños, que podrían estar asociados a factores como el envejecimiento poblacional, la disminución de la fecundidad, el aumento de las rupturas conyugales y los cambios en los arreglos de convivencia”, interpreta. Esta evolución, agregan los técnicos, plantea nuevos desafíos y oportunidades para las políticas públicas en áreas como vivienda, salud, educación y servicios sociales.
En ese contexto destaca un aumento de los hogares unipersonales y bipersonales, a la vez que la reducción considerable de los hogares más numerosos se han reducido considerablemente.

El casado casa quiere, pero el soltero también. El censo mostró que los hogares unipersonales pasaron de representar el 15,1% en 1985 al 29,2% en 2023. Mientras, los hogares conformados por dos personas también crecieron, del 23,4% en 1985 al 29,4% en 2023; a la vez que los hogares con cinco integrantes disminuyeron del 11,1% al 5,1% en el mismo período y hogares con ocho o más personas representaban, que en 1985 eran el 2,9% en 2023 solo constituyen el 0,4%.
Esto, que para muchos puede no pasar de lo anecdótico, en realidad tiene implícitos muchos cambios. No es la misma la dinámica de una sociedad de hogares numerosos que la de una de hogares de pocos integrantes. Desde la alimentación hasta los desplazamientos, en el sentido de las soluciones de transporte, son distintos. Pero también un hecho fácilmente comprobable: mientras que la población casi no crece, las políticas de vivienda pública siempre van de atrás y nunca son suficientes. Claro que para evaluar este tipo de cosas no alcanza con solamente mirar las tablas de resultados del Censo, hay que llevar adelante otros estudios partiendo de nuevas hipótesis que se generen a partir de esta información, pero eso es trabajo de los técnicos y los investigadores. Lo nuestro es tomar apuntes de lo que está pasando y advertir que está pasando.
El Censo también reveló, por ejemplo, que han mejorado las condiciones de los hogares uruguayos. Esta no es una interpretación nuestra, así lo titula de hecho el propio Instituto Nacional de Estadística en un artículo que publicó esta semana en su página. “El Censo 2023 ha relevado importantes cambios en el equipamiento y confort de los hogares uruguayos, reflejando un aumento en la calidad de vida y acceso a bienes y servicios tecnológicos en las últimas décadas”. Y entre estos avances destaca que “el porcentaje de hogares con automóviles o camionetas alcanzó el 50,3% en 2023, un incremento significativo respecto al 29,7% registrado en 1996 y al 34,9% en 2011. Este aumento resalta una mejora en la movilidad y acceso al transporte particular”. Contrasta esto con otro dato llamativo como lo fue “una disminución en la tenencia de ciclomotores o motocicletas, que pasó del 34,3% en 2011 al 28,4% en 2023, marcando un cambio en las preferencias de transporte”. En Paysandú los porcentajes son mayores: el 52,2% posee automóvil o camioneta y los hogares en los que hay ciclomotor o motocicleta son el 47,8%.

Y aunque no se relevaba en censos anteriores, el 49,6% de los hogares relevados en 2023 cuenta con equipos de aire acondicionado, lo que “evidencia el impacto del acceso a tecnología para mejorar la calidad ambiental en los hogares”. Aquí aparece una diferencia que puede sorprender a quien lea desde el sur del país que en Paysandú el 60,1% de los hogares dispone de equipo de aire acondicionado. No resulta llamativo, en cambio para quienes conocemos las condiciones climáticas del verano litoraleño y reconocemos que el aire acondicionado se ha convertido en un elemento si no de primera necesidad, cuando menos de segunda.

Podríamos seguir la comparación entre Paysandú y el resto del país, o algunos departamentos claves, de hecho tal vez sea tema como para una nota durante el verano, pero hay una cuestión de fondo que tal vez hemos pasado por alto, o al menos hemos aceptado como una verdad incontrastable, cuando en realidad en todo el mundo hay un profundo debate al respecto, que es la movilidad urbana.
No dejamos de ver, y el INE induce en su artículo a esta interpretación, a la movilidad privada, al automóvil familiar como un símbolo de progreso. Todos los gobiernos sistemáticamente recurren a la estadística de ventas de cero kilómetro como un indicador de prosperidad, pero a la vez se hace más evidente que hay luces de alarma encendidas por todas partes, que se traducen en problemas para estacionar, para llegar a tiempo y sobre todo para llegar seguros a cualquier parte, que es lo mínimo que se puede pedir. Si hay cada vez hogares más chicos, hay cada vez más hogares y si cada vez estos tienen más autos, el incremento es más brutal aun de lo que muestran los números. Cabe preguntarse si es tan directo que más autos sea igual a mayor calidad de vida.
A mejor situación económica, no hay dudas que sí, pero a más calidad de vida, ameritaría al menos una discusión que más adelante dé lugar a nuevas hipótesis que planteen alternativas que no apunten meramente a agrandar las calles y los espacios de estacionamiento.