Para algunos será más fácil correr, para otros, levantar peso. Algunos se sentirán más cómodos con los ejercicios de calistenia, otros con los de resistencia y así toda una diversidad casi infinita.
Pero encontrar ese ejercicio adecuado para cada uno no es tan sencillo, porque el cuerpo es más que sólo tu peso y estatura. Hay diferentes combinaciones de longitudes de torso y piernas o brazos, por tanto, la forma de moverse será distinta. Por eso conviene identificar las ventajas y desventajas que brinda nuestro cuerpo y con esto liberar el potencial y evitar la frustración.
El estudio de estas proporciones corporales se llama antropometría. Ganó popularidad en los 1880, cuando el francés Alphonse Bertillon, quien trabajaba en los archivos de la policía, comenzó a catalogar el largo de brazos y piernas, así como otras características de los criminales, como una forma de identificarlos.
El objetivo de la antropometría es almacenar datos que van más allá de la estatura y el peso. Esta información suele utilizarse en el campo de la ergonomía, para diseñar objetos como sillas y mesas que le acomoden mejor a las personas. Uno de los estudios más grandes de antropometría se realizó en el ejército de Estados Unidos. Analizaron datos de más de 11 mil soldados para mejorar el diseño de sus equipos.
Viva la diferencia
Lo más cerca que los amantes del gym habían estado de la antropometría era la discusión de tipos de cuerpo, conocidos también como somatotipos, los cuales aparecieron en los años 40. Los planteó el Dr. William Sheldon y categorizan a las personas en ectomorfos (altos y delgados), mesomorfos (fuertes y atléticos) y endomorfos (grandes y pesados). Su teoría indicaba que el tipo de cuerpo determina cuán fácil o cuán difícil es perder peso y ganar músculo.
Numerosos expertos han desacreditado las teorías del Dr. Sheldon, sin embargo, seguimos pensando en términos de tipos de cuerpo. Gracias a la cultura popular y las redes sociales, muchos de nosotros crecimos con la idea de que un cuerpo fuerte es aquel que tiene los bíceps de Arnold Schwarzenegger y el abdomen de Chris Evans. Si no lucimos así, pensábamos, nunca lograríamos nada interesante en el gimnasio. Pero la realidad es que cualquiera puede ser fuerte y conseguir grandes hitos físicos. La clave es aprender a entrenar con ejercicios adecuados para nuestro tipo de cuerpo.
Es por eso que el entrenamiento antropométrico puede ser tan útil. Los expertos acreditan al profesor de kinesiología, David A. Winter, Ph.D., como el responsable de atar los cabos entre la longitud de los miembros, el rendimiento deportivo y la ganancia de fuerza.
En su icónico libro de 1979, Biomechanics of Human Movement, analiza datos obtenidos de cadáveres para comprender la forma en que se mueve el cuerpo. Sus aprendizajes revelan claramente por qué un peso muerto de 100 kg, por ejemplo, es muy sencillo para algunas personas y extremadamente complicado para otras.
Para no perder el tiempo
Hay cinco combinaciones de longitudes de brazos, piernas y torso que pueden tener un efecto dramático en la forma en que nos movemos. Los ejercicios de peso muerto se le darán mejor a los que tienen una estatura mayor al metro ochenta, los de peso corporal a los de estatura media, el remo o la natación a los que tienen un torso largo, los de piernas largas están hechos para correr y también importa el tamaño de las manos y los pies en cuanto agarrar una barra o los saltos.
El tema principal es que lo mejor es dedicarse a los ejercicios para los que estemos hechos y no perder tiempo en aquellos para los que nuestro cuerpo no tiene las suficientes capacidades.

