El Huésped, en Prime Video

Una familia de clase media en un pueblito estadounidense llora la muerte del hijo mayor caído en Afganistán. Pero entonces aparece un desconocido que dice haber sido el mejor amigo de ese hijo fallecido en su período como militar.
El juego que plantea la película El Huésped tiene su perversidad desde el comienzo. Si bien el desconocido le cae bien a todo el mundo, que la familia lo acepte sin preguntar casi nada simplemente porque, de alguna forma, él puede ocupar el lugar del hijo muerto, es moral y hasta espiritualmente una trampa.
Y qué trampa. Porque, como no podía ser de otra manera, ese regalo del cielo que parece ser el “amigo” del hijo mayor, no es tal. Es un veterano de guerra sí, pero bajo esos ojos celestes y cara angelical se esconde…, no, no vamos a decir todo ¿no?
El caso es que el director Adam Wingard consigue la que es hasta ahora la mejor película de su carrera. En parte porque si bien se había desempeñado con mucho oficio en el género del terror, en El Huésped no necesita ir tan lejos para inquietar al espectador. No hay “terror”, sino suspenso, un clima tenso y un grupo de personajes atrapados por querer creer lo que no existe.
También es el descubrimiento de un gran actor: Dan Stevens. Y digo “descubrimiento” porque fue en esta película que quienes lo habíamos visto como simple galancito en la serie Dowtown Abbey nos dimos cuenta que, en realidad, el tipo es un crack. Utilizando su apariencia, Stevens compone como pocos de su generación a un personaje que tiene como antecedentes a los sicópatas más aterradores del cine.
Cuando se dice aterrador no se quiere decir que sea algo así como un Jason o un Michael Myers, sino más bien como esos asesinos de cara angelical que, por ser físicamente perfectos, no son menos tremendos. O tal vez por eso mismo.
Hay que destacar que el pueblo en el que todo se desarrolla conviene mucho a la trama, porque todo parece haberse detenido en el tiempo hace cuarenta y pico de años, con una estética de la década de los ‘80 que remite directamente a películas como Halloween o Martes 13, pero también a Terminator o Alien, en su cruce entre el suspenso y lo inquietante que puede ser la llegada de un ser extraño, por más normal que parezca.
Tal vez a esta altura se pueda llegar a pensar que estoy describiendo (y recomendando) una ensalada en la que la intriga y el suspenso se mezcla y revuelve con el terror y la sangre, pero hay mucho más de suspenso que de terror en El Huésped. El tema es que, como su director se hizo famoso primero en el cine de terror y después en superproducciones como Godzilla vs. Kong, los que saben eso quieren ver también en esta película rastros de un cine más explícitamente sangriento, que en realidad no es lo que hay aquí.
Aunque claro, para saber llevar a buen puerto una historia y unos personajes así se precisaba a un director con su perversidad a cuestas, alguien que sepa como hacer pasar gato por liebre primero a los personajes y después al mismo espectador. Y Wingard es alguien de ese tipo.
Que ni antes ni después haya hecho otro filme así sino que, como decía, se dedicara más al terror o a los espectáculos mastodónticos, no deja de ser una pena para los que nos gustan las películas de este tipo. Pero todavía es joven y tal vez regrese a este territorio. Si no lo hace El Huésped quedará como una solitaria joya del mejor cine de suspenso de la década. No es poco.
Fabio Penas Díaz