Ladrillo hueco

Hay que ver la foto grande, ir más allá de los hechos puntuales para entender la realidad, la actualidad de nuestro país y no quedarse con la mera anécdota, aunque claro, tal vez suene a atrevimiento mencionar como “mera anécdota” a episodios recientes en los que miles de compatriotas vieron desaparecer de un plumazo sus ahorros o capitales en los que tenían depositadas sus esperanzas de prosperidad. Sin embargo es preciso que entendamos que el problema va más allá de estas inversiones que fracasaron, de las ulteriores responsabilidades que habrá de determinar la justicia y las posibilidades reales que tienen estos uruguayos (y extranjeros, también) de recuperar al menos una parte de lo que habían invertido de buena fe en estos negocios.
Qué es lo que hay que entender. Que nuestro país tiene dificultades para ofrecer negocios financieros seguros y rentables para que el capital de los uruguayos sea una palanca de desarrollo. Ojo, es bien sabido que hay riesgos siempre en el negocio especulativo y que cuanto mayor es el premio, mayor también es ese riesgo.
Recientemente el senador Sebastián da Silva habló de este tema en un programa radial y explicó algunas cosas básicas, como por ejemplo que este negocio de los fondos ganaderos no eran “cosa de paisanos” y que los capitales que allí se perdieron eran de personas muy urbanas.
“Tenemos 20 años para regular eso (la inversión en fondos ganaderos), porque antes, si hay sentido común, nadie va a poner un solo centavo. Acá en Montevideo no conocen un carajo sobre lo que está pasando en los campos, y van a querer regular algo que ya está regulado”, dijo en una entrevista con el programa Así nos va, de Radio Carve. “La vaca, el ganado, somos el país más ganadero del planeta tierra, no tiene nada que ver con esto. No hay hacendados acá, hay gente como Patricia (Madrid, dirigiéndose a la periodista que lo entrevistaba) que de repente heredó 40.000 dólares de una casita en Las Toscas, y que colocó la plata de buena fe ahí”.
¿Pero por qué Madrid, o cualquier otra persona en realidad, invertiría en un negocio que desconocía? Pues, por el atractivo de las rentas que ofrecía y por tratarse de un negocio que se vendía como seguro —tenían incluso un eslogan en el que se promocionaban como el negocio más seguro de la historia—, amparándose de cierta forma en el prestigio y la confianza del campo. Hubo señales y hubo advertencias, recientes como la que había hecho el Banco Central, y de hace más tiempo, como una publicación en la que el experto Rodrigo Álvarez daba algunas pautas para cubrirse a la hora de entrar en una inversión de este tipo. Ese artículo se publicó en su web en 2018 bajo el título “Riesgos en el negocio ganadero”, cuando se conoció la estafa de Estancias del Uruguay, un episodio que encendió luces amarillas en el tablero, pero que no alcanzaron para desactivar un negocio sobre el que con el diario del lunes muchos expertos nos vienen a advertir.
Pero esta falta de instrumentos en los que invertir queda demostrada una y otra vez cuando salen al mercado opciones de participar en negocios como los parques eólicos, obligaciones negociables de empresas grandes, y mismo las emisiones que ha hecho Crowder, la primera plataforma de captación de inversiones. En todos esos casos los objetivos se suelen conseguir en un plazo muy corto. En fin, seguridad y buena rentabilidad garantizan éxito, porque hay avidez por invertir. Y seguramente ha de haber un montón de capital uruguayo colocado en criptomonedas. Es imposible estimar cuánto y dónde, pero recordemos que hubo incluso una suerte de cajero automático de inversiones “cripto” en Punta del Este de una empresa que dejó de dar señales de vida después de algunas acusaciones públicas recibidas allá por el 2022.
Otro negocio que ha captado inversiones, incluso desde el exterior, es el inmobiliario, que tiene en este caso el beneficio de una serie de condiciones favorables que el Estado ofreció mediante el plan de Vivienda Promovida. Un plan que demostró ser eficaz en la captación de inversiones y que ha permitido generar miles de puestos de trabajo en la construcción, pero que puede discutirse seriamente si ha sido la solución que el país necesita en materia de acceso a la vivienda. Decía un informe de abril del año pasado de Moebius Consultora Inmobiliaria, encargado por el gobierno, respecto a este plan de Vivienda Promovida en Uruguay que el 22% del total de las inversiones llegaron desde Argentina (Ámbito, 6 de abril de 2024). Solo los argentinos compraron más de 7.760 inmuebles y 3.682 cocheras, con un capital invertido de cerca de 800 millones de dólares, en 12 años de vigencia del programa. “Las cifras equivalen a decir que los habitantes del país vecino compraron 647 viviendas y 306 cocheras por año”. De hecho el título del informe de Moebius fue “Tsunami de inversión y construcciones de la Vivienda Promovida en Uruguay”. Gonzalo Martínez Vargas, CEO de Moebius Consultora Inmobiliaria, explicaba en la nota que los argentinos “encontraron una solución a las inversiones que no logran concretar en su país, producto de la inflación, la ley de alquileres y el cepo”.
Ahora bien, el reciente Censo 2023, cuyos datos conocimos en diciembre de 2024, mostró que en nuestro país “de 1.659.048 viviendas registradas en todo el país, el 19,5% se encuentran desocupadas”, indicó el INE, que agrega que este porcentaje “representa un desafío significativo para la planificación y uso eficiente de los recursos habitacionales en Uruguay”. Hay algunos matices a considerar, por ejemplo que los departamentos donde más hay viviendas desocupadas son Rocha y Maldonado (más del 40% en ambos casos) que en temporada reciben mucha población flotante y en el otro extremo está Montevideo, por debajo del 10%, aunque muy cerca, cuya área metropolitana (que no la ciudad en sí misma) fue la población que más creció en el país.
Cuesta un poco asimilar que exista tal interés por invertir en vivienda en un país con tal porcentaje de vivienda desocupada y con el reducido crecimiento de población que una vez más mostró el censo. Más parece que en realidad este tipo de inversiones está oficiando como un “refugio” para capitales que atendiendo una demanda real. Entonces cabe preguntarse en qué medida las políticas que se anuncian como de vivienda no están en realidad subsidiando un negocio, a la postre, financiero, y no atendiendo los problemas de vivienda que en Uruguay siguen existiendo.