Solicitada: La familia agredida

La institución familiar es el primer ámbito educativo, natural, cercano, de afecto, íntimo, adecuado a la dignidad de la persona (ser único, irrepetible, social, consciente y racional) para educar en valores humanos.

El artículo 40 de nuestra Constitución reza: “La familia es la base de la sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad”.

El núcleo familiar ha sido consciente y deliberadamente transformado por planificadores y políticos intentando su desgarramiento, fragmentación y descrédito.

Las funciones educativas, económicas, religiosas, protectoras y recreativas siempre se consideraron inherentes al grupo familiar; hoy muchas de esas funciones se han delegado y pasado a manos del Estado cada vez más interventor y dirigista.

Actualmente la familia es asediada no sólo por el Estado, sino también por instituciones globalistas que imponen la agenda y promueven la ideología del feminismo radical, la ideología de género y políticas abortistas.

El feminismo radicalizado introduce el conflicto de sexos mediante la dialéctica opresor/oprimido (“patriarcado”) en un intento de desestructurar (“deconstruir”) la familia.

Por medio de la ideología de género se promueven uniones e “identidades” que no tienen ninguna posibilidad de reproducir vida, asimismo los miembros más jóvenes de la familia son expuestos a una cultura diseñada para pervertirlos conflictuando su identidad, trayendo aparejado sufrimientos para ellos y sus familias mediante la autoagresión o auto esterilización (“cambio de sexo”).

Por medio del aborto, se normaliza y alienta la acción de quitarle la vida a un miembro que ya existe y que ni el “deseo” ni la “percepción” de su madre tienen la capacidad de modificar lo que es: su hijo.

La decisión del aborto es la opción femenina de escoger entre ser madre de un hijo vivo o de uno muerto.

Las más importantes instituciones globalistas públicas (Naciones Unidas, OEA) y privadas (Foro de Davos y oenegés) usan su poder político, económico y simbólico para introducir en los Estados y en la sociedad todas estas ideologías.

Producto de esas presiones globalistas se ha uniformizado el lenguaje, los símbolos, los proyectos de leyes, discursos y demandas, banderas e insignias preparando el camino para el adoctrinamiento propuesto por estas agendas.

Los engranajes del poder político entendieron que la educación es un importante dispositivo de ingeniería social, la oportunidad para moldear a los individuos a imagen y semejanza de su idea.

En ese sentido la familia que puede tener ideas distintas y diversas se convirtió en una institución a neutralizar y someter.

La destrucción de la función educativa de la familia es la destrucción de la familia en cuanto tal, ya que no hay unidad real de valores y principios que le den consistencia.

Se trata de abrir los ojos y poner manos a la obra, los miembros adultos de la familia deben apostar a su formación y dar el ejemplo, nadie puede educar a sus hijos si antes no se ha educado a sí mismo.

Somos seres racionales que deben educar su inteligencia y voluntad: que nadie nos robe nuestra identidad cultural; los políticos, las pantallas, la farándula, Gran Hermano, Hollywood, Netflix, Disney o Tiktok, por favor, que no eduquen a nuestros hijos.

La educación es un proceso continuo y existen infinitas posibilidades para autogestionar la adquisición de conocimientos y habilidades intelectuales para elaborar argumentos convincentes, refutar con criterio y reivindicar la propia forma de ver y estar en el mundo.

No cabe hoy el vacío cultural, nadie podrá defender su cultura, si no cultiva antes su inteligencia.

Cuando un padre, madre o ambos se involucran en la educación de sus hijos, son proactivos, hacen lo que deben hacer, se sientan a hablar con los hijos, marcan a la persona de cada hijo para el resto de sus vidas, evitan la manipulación y estimulan la creciente autonomía de los mismos.

En los hogares se debe enseñar a identificar las raíces, la historia, la política, aspectos inherentes a la vida de los hombres: que sepan que el poder político puede ser muy peligroso si no se lo controla, y que es responsabilidad de los ciudadanos hacerlo; el que no estudia ni piensa, pierde.

Hablar en familia temas de actualidad (éticos, culturales, políticos, religiosos) es un modo de transmitirles valores esenciales para la vida, empujarlos a la acción y participación en el espacio público, levantando la voz exigiendo respeto y libertad, apremiados por la verdad y con un rumbo ciertos comprometidos con la edificación de una sociedad más fuerte y sólida.

Tanto en lo espiritual como en lo humano, el futuro de la humanidad se fragua en la familia.
Ing. Agr. José Francisco Ramos Peralta